Vanito Brown y su Habana a todo color

El puente musical desde Cuba*

Osmel Almaguer

Vanito Brown, Jose Luis Medina, Luis Barbería, Alejandro Gutiérrez, 2009. Foto: wikipedia.org

HAVANA TIMES, 14 dic. — La carrera de Vanito ha estado marcada e irremediablemente relacionada con su trabajo en la agrupación “Habana Abierta,” al ser de los músicos cubanos que en 1996 integraron aquel primer proyecto denominado “Habana Oculta,” que luego deviniera en la famosa banda.

Sin embargo, su aporte para Habana Abierta no constituye la totalidad de su obra, que se ha estirado en el tiempo y el espacio, primero a través del grupo “Lucha Almada,” a finales de los ochenta y principios de los noventa, y luego con una labor en solitario que, según el propio músico, es una extensión “de lo que hago con HA.”

Nacido en la santiaguera ciudad de Palma Soriano, a los dos o tres años emigró con sus padres hacia la capital del país. Allí creció y se hizo “bastante habanero,” en el contexto de una familia oriental en la Habana de los 70.

Es residente actual de otra capital, la española, desde aquellos difíciles noventa, porque como él mismo confiesa en la letra de la canción Divino Guión: “desde más lejos se oye más bonito.”

Y es que ese “oír,” a pesar de todo, debe haber representado en aquellos momentos su principal apoyo, y digo esto en un doble sentido.

Primero, por la propia música que escuchaba, componía y llenaba una gran parte de su vida, y luego por los rumores que le llegaba desde su país y su Habana querida, que casi habían quedado atrás, o al menos estaban bastante lejos.

Fue entonces que salió “La Habana a todo color,” pieza que por el sentimiento evidente en su letra, y por el desgarramiento de su melodía, expresado tanto en sus interpretaciones acústicas como acompañadas, deja poco que decir a los simples exégetas.

La Habana a todo color  (Pertenece a una maqueta de disco del 2001 que por alguna razón no se llegó a grabar).

Bendita sea La Habana, ciudad de mis sentimientos. / Bendita sea La Habana, ciudad de mis sentimientos. / Su litoral, su barriada, su gente y sus monumentos. / Su litoral, su barriada, su gente y sus monumentos. / Allí se funden el agua, la tierra, la luz y el viento. / Allí se funden el agua, la tierra, la luz y el viento, / el corazón, la guitarra, la clave, la voz y el tiempo. / El corazón, la guitarra, la clave, la voz y el tiempo.

Sobre La Habana, el sol radiante, se ha dado cuenta, no es la misma de antes. / Lava su cara, tibia y serena, y baila al compás del sueño y la marea.

Allí dejé bien clavada, la punta de mi memoria. / Allí dejé bien clavada, la punta de mi memoria.  Quien no la vive no la ama, quien no la ama no la goza. / Quien no la sufre no la ama, quien no la ama no la goza.

La Habana a todo color. / Pá que se sienta bonita, pá que se vea mejor. / La Habana a todo color. / La Habana a todo color, Kodak con Benetton. / La Habana a todo color, saludos pá la gente de Luyanó. / La Habana a todo color, / ay si me preguntan, qué quiero, qué quiero yo. / La Habana a todo color, / pá que se sienta bonita, pá que se escuche mejor. / La Habana a todo color. / La Habana a todo color. / La Habana a todo color. / La Habana a todo color. / Ay si me preguntan, qué quiero, qué quiero yo. / La Habana a todo color.

Comenzando la canción Vanito deja bien claro su sentir por esa ciudad a la que tantos y tantos le han cantado. Bendita seas, ciudad de mis sentimientos. Bienaventurada seas, tú en general, y todos tus elementos. Esas pequeñas piezas que te integran como un todo, y que usualmente no se tienen en cuenta al escribir la Historia.

Tu litoral, testigo de tantos amores, de tantos encuentros y desencuentros, de tantas despedidas y nacimientos; tus barriadas, que son tu esencia cultural, y tu gente, que son tu alma, los que te hacen latir y respirar, y luego, ¿por qué no? tus monumentos.

Todos esos elementos se funden para dar cabida a la propia imagen de la ciudad, agua, tierra, luz, viento: desde la naturaleza, y corazón, guitarra, clave, voz y tiempo: en una especie de homología musical que marca un ritmo, un movimiento interno y vital en su interior.

El sol, que lo domina todo, que preside los días y las horas en esa hermosa ciudad desde tiempo inmemoriales, la observa desde arriba y percibe su transformación. O más exactamente, su deterioro, su éxodo, su convulsión, ¡y baila…!

¿Qué mejor acción ante ese espíritu eternamente musical que brinda la cubanidad?, pero lo hace al compás del sueño, o sea, de lo que queremos vivir, o de lo que creemos vivir, y de la marea. Pensemos en esa excelente novela de Virginia Woolf, (Las Olas), en la que sus personajes son gobernados por algo (sobre)natural que ellos mismos definen como “oleadas.”

Luego Vanito asesta la frase más bella y emblemática de toda la canción: Allí dejé bien clavada, la punta de mi memoria; acto viril con resonancias tanto sexuales como patrióticas, imaginémoslo llegando a La Habana y plantando su bandera.

Y resulta entonces muy interesante la concepción de la memoria como bandera. Sobre todo en un país en el que a lo largo de cincuenta años, y sobre todo en los últimos veinte, la degradación de la patria, sus mártires y hazañas como plusvalía simbólica, ha contrastado con los esfuerzos gubernamentales por apropiarse y aprovechar en su favor dichos elementos.

De ahí que nos encontremos en una probable orfandad patriótica, situación que posiblemente esté intentando reparar Vanito cuando bendice los monumentos de la ciudad.

A continuación, esos eternos sentimientos encontrados; resentimiento y amor, que sentimos la mayoría de los cubanos y en específico los habaneros.

La Habana a todo color. Eso es lo que quiere él y lo que pedimos todos nosotros. Que ese gris que se ha ido apoderando de casi toda nuestra ciudad desaparezca permanentemente, para que el día no parezca de lluvia, aunque el sol, radiante, esté lavando su cara tibia y serena.

Bendita seas, Habana. Bendita seas, poesía. Benditos todos, qué caray.

(*) El Puente Musical desde Cuba: Este material es parte de una serie con el fin de promover la comunicación entre la gente de las diversas regiones del planeta.  Estaré utilizando una narración sencilla para hacer llegar al público interesado el mensaje que trasmiten esas canciones cubanas que por su escaso potencial comercial y las dificultades que supone su traducción, a veces permanecen en un estancamiento comunicacional, a pesar de ser verdaderas joyas de la cultura cubana.

One thought on “Vanito Brown y su Habana a todo color

  • Una de las cosas que habrá que transformar en la Cuba del mañana será el vínculo que se ha establecido durante años entre los símbolos patrios y la Revolución. La bandera, el escudo, la Palma Real y tantas otras representaciones de la cubanía se han ido identificando con el régimen social que gobierna y esto, como cualquiera sabe, es un absurdo. En la casa en que vivo en España tengo una bandera cubana, varios amigos al llegar han hecho bromas relacionándola con el Gobierno de la Isla. Antes que los que se adueñaron de todo en Cuba la hicieran suya, ya esa bandera estaba llena de gloria y era motivo de orgullo para los Cubanos en La Habana, Santiago o en Tampa. Yo seguiré amándola como símbolo de mi Patria, que es mucho más que un gobierno o un régimen social.

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