Un documental necesario

Yusimí Rodríguez

Hilda Oates.  Foto: granma.cu
Hilda Oates. Foto: granma.cu

HAVANA TIMES — Tras ver actuar a la reconocida actriz cubana Raquel Revuelta, una niña decidió que esa sería su profesión. Pero le tomó años iniciarse en ella. Era pobre y negra. Luego del Triunfo de la Revolución, cuando ya no era una niña sino una mujer de más de treinta años, pudo entrar a un curso de actuación, para convertirse, con mucho trabajo y sacrificio, en una de las grandes de la escena cubana.

Esa es la historia de la actriz Hilda Oates (1925-2014), que nos muestra en 30 minutos el documental “María Antonia soy yo”, realizado en el 2014, por Regino Oliver. El director se vale de entrevistas realizadas a la propia Hilda y a dramaturgos, directores y actrices que tuvieron la oportunidad de trabajar con ella, como Eugenio Hernández, José Ramón Viga y Paula Alí. Todos la describen como una actriz excepcional, de gran proyección escénica y dicción perfecta, capaz de asumir con la misma entrega y profesionalidad un rol protagónico que uno menor. “No estaba en función de sí misma, sino en función de la obra”, afirman.

A pesar de su talento, Oates fue víctima durante mucho tiempo del racismo sobreviviente en la sociedad revolucionaria que había decretado su erradicación. En la mayoría de las imágenes de archivo que muestran sus actuaciones, Hilda aparece en papeles de esclava, sirvienta, cimarrona. Lo corrobora el testimonio de los entrevistados, al contar que fue relegada a esos personajes. Hasta que le llegó la oportunidad de representar María Antonia, bajo la dirección de Roberto Blanco.

Si quedaba alguna duda de su estatura como actriz, las disipó con ese personaje, de quien decía “María Antonia soy yo”. María Antonia la hizo triunfar en Cuba y eclipsar al público en el extranjero.

Hilda Oates también interpretó personajes de Federico García Lorca. Encarnó a la Poncia en La Casa de Bernarda Alba, y a la madre, en Bodas de Sangre. Este último personaje lo obtuvo gracias al atrevimiento de la directora Berta Martínez, quien se atrevió a desafiar prejuicios raciales y llevar la obra, con Oates en el papel de la madre, a Portugal. Allí, la crítica no habló del color de la piel de la actriz, sino de su fuerza en el escenario.

Hilda en Maria Antonia soy yo.  Foto: cubasi.cu
Hilda en Maria Antonia soy yo. Foto: cubasi.cu

A pesar de haber recibido el Premio Nacional de Teatro en el 2004 y de ser artista Emérito de la UNEAC, Hilda Oates es casi una desconocida para mi generación y las más jóvenes (incluso para muchos de nuestros mayores). Lo sería también para mí, si no hubiese sido actriz aficionada de teatro (pésima) en mi adolescencia, y no hubiese estado Hilda Oates como actriz homenajeada en uno de los Festivales Municipales de Monólogo que se realizaba en mi Municipio Arroyo Naranjo.

Era el año 1991, yo tenía solo quince años y apenas empezaba a ir al teatro. Aquel rostro me era desconocido. Dentro del público, quienes eran mayores que yo y sí asistían al teatro con frecuencia, empezaron a aplaudir antes de que la presentaran. Para ellos ella era, en efecto, María Antonia.

La televisión influye mucho en que un actor sea conocido. Desgraciadamente, Hilda Oates no fue una actriz de televisión. Tras ver el documental, intenté encontrar más información sobre ella, pero su nombre no aparece en la Wikipedia.

Muchos no habríamos visto este filme, sino hubiese acompañado la proyección de la película polaca “Ida”, ganadora del Oscar 2015 a la mejor película en lengua no inglesa, en el cine La Rampa.

“María Antonia soy yo” es un documental bastante convencional. Resulta evidente que el director no pudo conseguir imágenes de archivo de algunas obras en las que intervino Hilda Oates, por lo que recurrió a imágenes de puestas más recientes. Ella aparece entonces en su sillón, ya mayor y retirada, diciendo de memoria los parlamentos de sus personajes. Quienes no tuvimos la oportunidad de verla actuar, podemos percibir la clase de actriz que fue. Quizás “María Antonia…” no de mucho de que hablar ni alcance premios, (ni pienso que fuera la pretensión del director). Su principal mérito, y debemos agradecerlo a Regino Oliver, es recordar, y hacer conocer a muchos, la obra de una figura colosal de las tablas cubanas.


4 thoughts on “Un documental necesario

  • el 14 marzo, 2015 a las 6:48 pm
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    julio:

    Pues se perdió una inmensa actriz del teatro cubano.

  • el 14 marzo, 2015 a las 1:35 pm
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    Yusi lamento decir que no conozco su trabajo. Cuando estube en la Habana estudiando disponía de muy poco dinero y lo poco que tenía lo dedicaba a comprar libros.

  • el 13 marzo, 2015 a las 1:54 pm
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    La vi en la madre de Bodas de Sangre, sencillamente impresionante esta señora.

  • el 13 marzo, 2015 a las 9:25 am
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    Hilda Oates, excelente actriz y excelentísima persona, gracias por este artículo, verdaderamente es de las figuras olvidadas de nuestra cultura.

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