¿Qué gana el Gobierno con el Decreto 349?

En cuanto a la literatura

Por Javier Moreno Díaz

HAVANA TIMES – El Estado cubano, harto se sabe, es un estado centralizador en todas sus facetas, por tanto, le molesta el arte independiente, la autogestión de los artistas, la libertad.

La política cultural cubana es exclusiva, no se incluyen quienes no entren por el aro o se mantengan dentro de las convenciones socialistas, están fuera todos aquellos que no detenten el permiso estadual para ejercer una profesión que es de carácter individual en la mayoría de los casos.

En el caso de los escritores, su obra será validada por jurados en certámenes públicos o a través de los llamados talleres literarios, (los únicos talleres que recuerdo funcionan bien, son los mecánicos y los de fábricas); un escritor autodidacta (todos lo son) es mal visto por el poder, que no permite el hecho de que el libro en sí sea analizado por un consejo editorial que lo tome como obra y valide, sin presiones, la posibilidad de su publicación.

Sería tan sencillo el proceso como la cola del pan en las mañanas (antes de la escases de harina, claro), o el montarse en un atestado ómnibus para dirigirse al trabajo.

Claro, los burócratas todo lo ponen difícil, hay demasiados buenos escritores en el plan estadual y ellos necesitan prioridades, facilidades, ningún escritorzuelo en ciernes vendrá con el mejor libro de Cuba.

La política editorial cubana se une a su regencia, el Estado es quien decide, o mejor dicho, los funcionarios que viven a costa del Estado, deciden quién y por qué será el literato novel, el Arlequín de los sueños robados.

Es de conocimiento a puerta cerrada, que los premios literarios y sus beneficios están manipulados, de hecho, libros de mayor calidad solo llegan a conocimiento de un reducido grupo de personas con el fin de terminar como raras aves en las gavetas más ocultas.

Pero ¿qué gana el Gobierno?

Algo muy sencillo, el poder de determinar, el poder de avasallar, el poder de… “infinidad de infinitivos” posibles y nunca acabaría.

Un régimen totalitario teme, y por su temor no deja desarrollar el pensamiento con libertad, es más fácil ahogarlo en el miedo y el ostracismo.

Eso gana el Gobierno, un auténtico dominio de la expresión. Es como el regente de la boca.

No queda de otra, la expresión contenida les explotará en la cara, de eso no hay duda, y seremos nosotros la agujita rebelde, quienes haremos el cómo y el cuándo.

 

2 thoughts on “¿Qué gana el Gobierno con el Decreto 349?

  • El arte es uno de los mayores enemigos para cualquier regimen centralizador, pues en su simple pero libre expresión, puede revolver toda la sugestión que caracteriza a una dictadura.

  • El 349 ha sido un exceso de soberbia y hasta cierto punto de ingenuidad, de desconocimiento de los nuevos tiempos, del pulso de Cuba, y de la naturaleza humana. El poder corrompe e hipnotiza, y el poder absoluto corrompe e hipnotiza absolutamente. Obnubilados en el ejercicio del control, no tienen conciencia del límite del tiempo, de la acumulación del cansancio y del escepticismo del pueblo ante la larga cadena de promesas incumplidas. Prefieren ignorar la historia.

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