Los “intransigentes” no quieren a película incomoda

Pedro Campos

De la película Santa Ines
De la película Santa y Andrés

HAVANA TIMES — Los no tan nuevos inquisidores de la anti-cultura cubana decidieron burocráticamente no permitir la exhibición de la película cubana Santa y Andrés, en la edición 38 del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano (Dec. 8-18), del realizador cubano Carlos Lechuga. Se trata del continuado predominio de la absurda y esquemática “intransigencia revolucionaria” en el mundo oficialista que pretende regir la cultura cubana.

Más tarde o más temprano, la película va a llegar a los cubanos con toda su carga humanista, no “contrarrevolucionaria”, como intentan presentarla los inquisidores de la reacción instalados en el poder.  Entonces convertirá en polvo toda esa oposición de la burocracia a la liberadora energía de los valores humanos que subyacen en todo cubano, sistemáticamente aplastada por “la revolución” para mantener al pueblo dividido y poder imponer la hegemonía de la casta auto-designada, todo poseedora y todo-decisora. Tal es la verdadera causa de la prohibición.

Simplemente, en su filme, de contenido libertario y humanista. Lechuga presenta cómo los sentimientos y valores humanos de dos personas aparentemente tan distintas y hasta opuestas, llegan a reconocerse y a romper con los esquemas prediseñados por la política oficial, determinada por los guardianes ideológico-culturales, quienes pretenden barreras infranqueables entre los “revolucionarios” y los “otros”.

Ahora que acaba de fallecer el paladín de la intransigencia revolucionaria, los custodios de la anti-cultura reaccionaria instalada en la superestructura “revolucionaria”, con un “claro sentido del momento histórico”, argumentan que la película no sería presentada “para defender a un pueblo y una gran causa”.

De manera que estos nuevos inquisidores entienden que el pueblo y esa gran causa, que no se define, se contraponen a los valores humanos universales que la cinta defiende como la libertad, la amistad, el amor y las relaciones humanas por encima de las políticas e ideología.

De ahí que concepción burocrática sobre ese pueblo y esa causa, se distancia de la que tienen los revolucionarios, demócratas y socialistas a través de la historia y, en todo caso, se relaciona con la idea maniquea, extremista, antidemocrática y maquiavélica que subestima al pueblo, a los seres humanos y demoniza todos sus valores tradicionales alcanzados en las luchas revolucionarias y progresistas, por “subversivos” y no funcionales al sistema totalitario.

No es nada nuevo. Tal ha sido el enfoque sectario sobre las relaciones humanas presente en el discurso “revolucionario” sobre las relaciones humanas e interpersonales, para mantener la pueblo cubano fragmentado entre “revolucionarios/contrarrevolucionarios”, “los de dentro/los de afuera”, “religiosos/ateos”, “homosexuales/heterosexuales”, “habaneros/orientales”, “cultos/incultos”, “blancos/negros”, “viejos/jóvenes” y otros con vistas a mantener a la gente enfrentada, por encima de los valores humanos.

Es la forma de hacer realidad aquella antiquísima estrategia del imperio romano: divide y vencerás.

Es también la muestra de la indisposición oficial al diálogo de la nación que tanto necesitamos.

Difícilmente Cuba pueda salir de la actual encrucijada si los enemigos del diálogo, del encuentro humano, de la reconciliación entre los cubanos, como estos inquisidores, perseguidores de revolucionarios, adversarios o simples pensadores, sigan teniendo algún poder, siempre adquirido a dedo.

Confío en que más temprano que tarde, Cuba se abrirá a un proceso de democratización donde las ideas humanistas y libertarias que defiende “Santa y Andrés” llegarán a predominar.

7 thoughts on “Los “intransigentes” no quieren a película incomoda

  • Pero en éste caso, el film no distorcionaba nada, todo es la viva realidad. Entonces porqué lo prohibieron?, pues porque No se puede negar que en Cuba está prohibido decir la verdad.

  • No he visto el filme. Sin embargo, no dejo de tener opinión acorde con los antecedentes que de una u otra forma he leido. Afirmo categóricamente quenuestro país no está acéfalo y dispones de instituciones para llevar a cabo su política. Por consiguiente, la decisión del ICAIC tiene respaldo jurídico porque ese ejercicio constituye una de sus prerrogativas y quienes adoptan esa decisión están facultados para ello. Las normas jurídicas, además de nacer, se mofician o extinguen, pero en este caso la normativa tiene plena vigencia y se ha actuado a tenor con la Ley.
    Según he conocido, el examen de ese filme contó con la participación y las opiniones de cineastas, especialistas y críticos, Opino que ello debió tenerse en cuenta. Por otro lado, integramos un país invulnerable desde el punto de vista ideológico y en nuestra población hay capacidades y potencialidades para salir al paso a cualquier manifestación que atente contranuestro proyecto social. Indudablemente, l el producto cinematográfico siempre tiene un matiz político. El cine cubano, en tanto que arte, debe recrear, entretener, educar, hacer criticas constructivas, modificar conductas, fortalecer las tradiciones en correspondencia con los fines y propósitos de nuestra sociedad. Lo que no podemos permitir es que las cintas, mediante el hipercriticismo, distorsione la realidad y pretenda subvertir nuestro orden social.

  • Un proyecto social que lleva cincuenta y tantos años desarrollándose, que presume de una solidez monolítica y muestra cada dia en los medios el apoyo abrumadoramente mayoritario de su población que se supone portadora de una conciencia ideológica y principios a toda prueba y por ende no necesita que nadie le defienda; cómo entonces va a temer que un filme pueda resquebrajar tal solidez o hacer pensar diferente a la gente?

  • Lo sucedido con Santa y Andrés no sólo evidencia el anquilosamiento de ciertos niveles institucionales para lidiar de manera inteligente y creativa con situaciones polémicas, sino que sobre todo ubica sobre el tapete la urgencia de crear nuevos espacios de reflexión y debate, al margen de los establecidos actualmente. El ICAIC puede – y de hecho lo hace – vetar la circulación de un producto artístico que considere contrario a su política. Pero a manera de contrapeso debería ser el primero en promover y proteger vías de “escape” alternativas. Creo que eso es parte de lo que aspiran a lograr los cinestas que demandan una Ley de Cine…Y llevan buen rato en eso…

  • Bobo, hace rato el poder en Cuba no es revolucionario, sino todo lo contrario, por tanto la película no es contra la revolución que ya no existe, lo contrarrevolucionario es prohibir la película.

  • Excelente tu análisis.Quien divide y genera el odio entre cubanos es la política del estado partido cubano.Asombrosa la carga de odio que difuminan sobre la población al mismo tiempo que censuran los valores humanos reales. Preparan turbas de odio a insultar e intimidar a los que piensan distinto, por eso, una película como Santa y Andrés que supera las diferencias ideológicas para estrechar relaciones humanas, les parece al estado partido y sus lacayos, algo que hay que censurar. Ahora, Jorge Dalton podría entender que el odio no es entre cubanos sino una política de estado para impedir el entendimiento mutuo.Una política estado partido contra los ciudadanos.

  • No entiendo por qué una película u obra de arte en general no puede ser contra revolucionaria si lo que se conoce como revolución cubana es un proceso retrógrado, fascista, totalitario y violadora de los derechos humanos.

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