La mujer indígena en el Festival de Cine de La Habana

Es el drama de una vida de esclava al servicio de una sociedad que discrimina el derecho de la mujer pobre, con el agregado de ser indígena

Irina Pino

De la pelicula “Roma” de Alfonso Cuarón

HAVANA  TIMES – El  sábado por la noche, cuando llegué al cine Chaplin, vi una enorme cola que daba la vuelta a la manzana. La entrada, repleta de invitados, no permitía dar un paso. Se estrenaba en el Festival de Cine Latinoamericano de La Habana el largometraje “Roma” del director mexicano Alfonso Cuarón, avalado por la conquista del Premio León de Oro en el prestigioso Festival de Venecia.

No tenía muchas esperanzas de ver la cinta, sin embargo, apareció un amigo que trabaja para el proyecto 23 del ICAIC y pude acceder a la sala cinematográfica sin problema.

Me senté delante, en una butaca del medio, en un sitio cómodo para disfrutarla. El lugar estaba lleno total (eso solo pasa en fecha de festivales), el año entero las salas permanecen vacías y el público se puede contar con las manos.

La sinopsis del filme es bien sencilla: el transcurrir cotidiano de una joven que trabaja de criada en la casa de una familia de clase media, en el México de la década del 70. Pero su simpleza no es tal: es el drama de una vida al servicio de una sociedad que discrimina el derecho de la mujer pobre, con el agregado de ser indígena.

Desligada de su propia cultura y sus costumbres, ella solo conversa en su idioma con su compañera, otra sirvienta. Su tiempo completo se lo dedica a una familia con cuatro hijos, una abuela y un matrimonio disfuncional.

Narrada con un tempo lento y en blanco y negro, al estilo documental, recuerda al neorrealismo italiano. Ese recurso nos hace partícipe del dolor y la esclavitud de un ser que solo vino al mundo a servir, tratada según su condición.

El supuesto amor de sus patrones obedece a un mandato, que no está exento de maltrato psicológico, que ella lo asume como normal. Su vida es la de otros. Aquí se retrata la cara de una sociedad machista y patriarcal, en la que las mujeres ocupan un segundo plano, con existencias opacas y sin individualidad.

Esta vez Alfonso Cuarón deja los tratados del cine de Hollywood, con una historia triste cuyo telón de fondo muestra protestas callejeras y hechos violentos en las ciudades. Casi se puede palpar la miseria de los pueblos marginales, y la falta de educación de los desplazados.

Con una duración que excede las dos horas, la opresión resulta absoluta. El director juega con el peligro en algunas escenas, aunque luego no pasa nada. La indiferencia del mundo sigue su curso. Nuestro papel es de espectadores con las manos atadas.

Presumo que el nombre del filme es alegórico a un avión que se observa surcando el cielo (con rumbo a Roma, quizás), recordándonos a cada momento que la liberación de esta mujer es inalcanzable.

 

 

Irina Pino

Irina Pino: Nací en medio de carencias, en aquellos años sesenta que marcaron tantas pautas en el mundo. Aunque vivo actualmente en Miramar, extraño el centro de la ciudad, con sus cines y teatros, y la atmósfera bohemia de la Habana Vieja, por donde suelo caminar a menudo. Escribir es lo esencial en mi vida, ya sea poesía, narrativa o artículos, una comunión de ideas que me identifica. Con mi familia y mis amigos, obtengo mi parte de felicidad.

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