Frente a la Catedral

Puente Musical desde Cuba

Osmel Almaguer

Frank Martínez
Frank Martínez

HAVANA TIMES — Frank Martínez es uno de esos jóvenes cubanos que han descubierto su destino como artistas desde un aula universitaria, o desde un taller de soldadura, o desde cualquier otro sitio inimaginable para descubrirse como tal, y en su caso específico, encontró en la trova su verdadero camino, mientras cursaba el técnico medio en Economía, Politécnico José Mercerón, de su natal Santiago de Cuba.

Serían sus primeros pasos guitarra en mano; año 2001, cuando comienza a tocar el instrumento de forma autodidacta. Más adelante, y con la ayuda de un coterráneo, el prestigioso jazzista Armando Martínez “Mayito”, afianzaría sus habilidades.

La década del 2000 sería para él un constante ir y venir, mochila al hombro, vinculado al Movimiento de Aficionados del municipio Contramaestre, y desde el 2005 a las actividades de la Asociación Hermanos Saiz (AHS).

Entre ambas organizaciones le aseguran conciertos dentro y fuera de su natal Santiago, con hincapié en las provincias orientales. Participa asimismo en el Festival del Caribe, las diferentes ediciones de la Feria Internacional del Libro, la Gala del 25 Aniversario de la AHS en la Sala Dolores. Colabora con el Grupo Literario Café Bonaparte y en la peña Café con Cuerdas, conducido y dirigido por el destacado escritor Eduard Encina, de quien se sabe ha musicalizado poemas.

Sin embargo, sus expectativas de trascendencia no se limitan geográfica ni intelectualmente. A partir de un curso de superación estudia Trabajo Social, y luego se gradúa como Licenciado en Psicología, en el curso de trabajadores de la Universidad de Oriente. En el 2012 decide trasladarse a La Habana, donde reside actualmente.

En su joven carrera, ha compartido escenarios con destacados exponentes de la trova, como Juan Carlos Pérez, Yosvani Bernal, Ray Fernández, Mauricio Figueiral y Adrián Berazaín, entre otros.

Conduce y dirige la peña Selección Natural, en la Madriguera, sede de la Casa del Joven Creador en La Habana.

Este año presentó su primera producción independiente, titulada “Miedos”, que grabó en los estudios de la EGREM, de la cual el tema Catedral, me parece uno de los más estremecedores, a la vez que representativo de la espiritualidad con que este joven trovador toca a las puertas de la trova.

Catedral

Quisiera llegar, pero me falta / un instante más, una palabra / sacudiendo en tu cuerpo, / la mentira y tu recuerdo. / Se cayó la Catedral. / Nunca pedí más, pero me dabas, / bolas de cristal, toda la magia.

Me dejabas zurdo y ciego trovador, / tu libro viejo. / Se cayó la Catedral.

Vivir, como duele a veces vivir / y hay que respirar / y hay que seguir viviendo / y al final, dejarte ir.

Quisiera escapar de este silencio, / partir la mañana y los espejos, / la ternura que se pierde / cuando un hombre duele menos. / Se jodió la Catedral.

Vivir, cómo duele a veces vivir / y hay que respirar / y hay que seguir viviendo / y al final dejarte ir.

Y esta soledad que me hablará de ti, tu piel salobre / Y esa tempestad que abre los sueños inconformes / me va poniendo lento y animal / y algo queda atrás, alejándose de mí  / y algo que no está, / pero que sigue aquí, aquí / y vienen ventoleras a morir.

Vivir, como duele a veces vivir / y hay que respirar / y hay que seguir viviendo / y al final, dejarte ir.

Frente a la Catedral destruida alguien observa. Así como hombre y catedral fueron antaño complementos de una misma “realidad”, definiéndose mutuamente, ahora las ruinas del templo precisan al sujeto en tanto ruina, y el sujeto-ruina entonces trova, la define: se cayó la Catedral.

Sujeto-ruina debe su voz a la Catedral, cuya destrucción pone entonces en entredicho la autenticidad de la voz. Sabe que no llega, se reconoce lento e impreciso, dueño de una espiritualidad vacía en donde solo atina a repetir, una y otra vez, la frase: vivir, como duele a veces vivir, y hay que respirar, y hay que seguir viviendo y al final, dejarte ir.

Pero ¿qué es lo que debemos dejar que parta? ¿Acaso la ilusión? Sujeto-ruina mira espantado los restos de su inocencia; reconoce la caducidad de aquel libro que daba sentido a todo. Ignora si duele más el desarraigo espiritual que el material, y acaso siente que el entumecimiento se apodera: la ternura que se pierde cuando un hombre duele menos.

Sujeto-ruina se sabe arquetipo. Habla de la soledad y de la tempestad, del nacimiento de nuevos sueños en medio de una nueva “realidad”, y de eso que: no está, pero que sigue aquí, acaso la memoria, la huella de la felicidad, el espíritu de la inocencia, la magia, la Catedral.

 

 

 

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