Yusei, historia de un abuso

Yoel Díaz Barzaga

Foto: Juan Suárez

HAVANA TIMES — Yusei, a los trece años, fue abusada sexualmente. A esa edad, poseía un cuerpo monumental y bien contorneado. Niña al fin y con una sensualidad despertada prematuramente, atraía la vista de todo hombre que circulaba por su lado.

Pero como sucede en estos casos, el abusador era una persona allegada: un vecino de más de 30 años de edad que aparentaba estar interesado en la madre y su objetivo real era la hija. Con regalos, engaños y falso amor paternal, no se hacía sospechoso ante la madre ni la comunidad.

Era normal que la fuera a buscar a la escuela y se ocupara y preocupara por sus problemas más íntimos. Ella y su hermano contaban con un padre sustituto ejemplar.

Aunque no convivía formalmente con la madre por la estrechez de la habitación en el solar, si era normal verlo calentando almuerzo e incluso lavando ropas de la familia adquirida.

Su desvelo y celo ante piropos y requerimientos amorosos hacia la niña, por condiscípulos y otras personas, comenzó en una etapa a hacerse insoportable y sospechoso. Menos para la madre.

Sus encuentros con el padre, al cual apenas veía, y si lo hacía, era porque la madre la montaba en un ómnibus y la enviaba los fines de semana, una vez al mes, se fueron haciendo más esporádicos. Esto propició una suplantación de funciones, que el mañoso individuo supo manipular inteligentemente.

Como ocurre muchas veces, una salida antes de tiempo del trabajo, permitió a la progenitora capturar en pleno acto amatorio a los fogosos.

Lo más bochornoso fue, que la que se le enfrento fue su propia hija, la que amenazó con matarse, si lo denunciaba a la policía. Por supuesto, no lo hizo. Le faltó valor. Y nadie sabe si luego siguió o no, esta felonía.

La legislación cubana es bastante estricta en este tema, con penas de cárcel alta, y la particularidad que aunque el perpetrador del hecho quiera lavar la honra de la familia afectada, casándose con la muchachita, si los padres no quieren, va a prisión. Incluso en el presidio los reos por esta causa, la pasan bastante mal el tiempo que deben estar encerrados por ese hecho tan repugnante.

El violador quedó impune, hoy deambula seguro y quién sabe si acechando alguna nueva víctima. La menor, desprestigiada en su entorno, siguió la escuela. La madre, tal fue el impacto de la situación, que nunca más tuvo otro hombre. Hoy languidece en el mismo solar de siempre, triste y cabizbaja.

Yusei, se convirtió en una profesional al pasar los años. Hoy, está casada y vive en otro municipio. Ya casi nadie se acuerda del suceso que escandalizó al barrio por varias semanas, a no ser los más veteranos. El barrio ha cambiado mucho, como ha cambiado el país.

Recientemente hablamos y se ve entusiasmada en su relación, de la que cuenta: ama y cuida con vehemencia. Ella tiene ahora 27 años, su esposo 58.

Alguna marca debe haber dejado el explotador en su subconsciente, por lo cual sigue buscando hombres mayores que ella.

Muchas mujeres reconocen que les gustan las personas maduras. Refieren que no están para las boberías de los mozalbetes.

No soy psicólogo, pero algo le pasó. Según los más enterados del caso, la chiquilla llevaba con el sujeto cerca de un año. ¿Cuánto puede haber influido en ella?

Evidentemente no le tenía confianza a la madre para evitar lo acontecido. Los padres debemos lograr confianza total con nuestros hijos para que el día de mañana, sea varón o hembra, no tengan el destino de Yusei. Aunque haya sucedido con el consentimiento pleno de la adolescente.
—–
(*) Yoel Diaz Barzaga, 45, vive en La Habana, y es Director Contable Financiero de un Centro de Investigaciones.

12 thoughts on “Yusei, historia de un abuso

  • y por eso apoyas al movimiento ese de LGT y no se que mas vdd?

  • Cuando yo tuve 13 años, hace 30, no me dejaban ni afeitarme las piernas y tenía que andar con un cerquillo feísimo porque ese era el peinado de las niñas. No me dejaron usar tacones ni afeitarme ni cortarme le pelo en capas hasta después de los quince. Y no recuerdo haber estado nunca sola en casa. Tampoco me permitían subirle el dobladillo a la saya del uniforme ni regresar a cualquier hora.

    Y tuve un montón de novios con el consentimiento de mi mama, todos mas o menos de mi edad.

    Los animales cuidan a sus crías.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *