Gozando en La Habana

Yusimi Rodriguez

Charanga Habanera. Photo: cubasi.cu

HAVANA TIMES, Feb. 12 — La música popular bailable es uno de los géneros que cuenta con más seguidores en nuestro país:  Ahí se incluyen la salsa, la timba y otros que un gran número de cubanos disfruta  escuchar y sobre todo bailar.

No me incluyo en ese grupo mayoritario de personas, pero aunque no bailo salsa disfruto viendo una pareja que ejecuta giros complicados al ritmo de la música, o una rueda de casino, que es una coreografía dónde intervienen varias parejas.

Tal vez porque no bailo tengo más tiempo para detenerme a analizar las letras de las canciones, que aquellos que están ocupados en moverse al ritmo de la música con elegancia y pasarla bien.  O tal vez porque tengo el defecto de pensar demasiado.

Desde hace meses escuchamos un tema que se ha colocado en la lista de éxitos nacionales, y cuando no está en la radio o la televisión, lo tararean las personas en las calles y en las guaguas.  Se trata de la canción “Gozando en La Habana,” de la Charanga Habanera, orquesta dirigida por David Calzado y es una de las más seguidas por el público a lo largo de casi veinte años.

En el tema, el cantante se dirige a una ex novia suya que ha emigrado de Cuba para irse a vivir a Miami, en los Estados Unidos; la Yuma, como dicen muchos cubanos.

El coro al inicio de la canción dice: “Cuéntame, cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Cuéntame cómo te va. Yo por aquí muy bien y tú por allá, qué volá.”

Entonces comienza a contar la vida de la muchacha en el nuevo país: “…dice que se siente bien, que Miami es la locura, pero le falta La Habana, el chisme y la sabrosura….”  Supongo que aquí se percibe la tristeza que considero inherente al acto de emigrar.

¿Emigran por un carro?

He conversado con personas que han abandonado el país, y aún aquellas a las que les va bien económicamente les asalta la nostalgia, no sólo por la familia y los amigos, si no por los olores, los sabores, las voces, la forma de vivir, la sensación de pertenecer a algo.   Hay quién me ha dicho que emigrar es como volver a nacer en el nuevo país.

La Habana de noche. Foto: Caridad

¿Qué lleva a las personas a tomar una decisión como la de abandonar su tierra?   Muchas cubanas y cubanos viajan para reunirse con sus familias, o porque se han casado con personas extranjeras. Pero lo que nos deja entrever la canción es que los motivos de la joven son materiales “Dice que tiene dinero, el carro que ella soñó, pero…”.

¿Será que la gente emigra sólo para tener un carro? ¿O será que sólo a través de la emigración puede la mayoría de los cubanos aspirar a un carro?

Y escribo aspirar porque no es lo mismo aspirar que comprar o tener.  Lo cierto es que no cualquiera puede adquirir un carro en los Estados Unidos ni en ningún otro país; no basta con tener dos o tres empleos, como hace mucha gente, aunque ahora mismo tener un empleo es casi un lujo en aquel país y en otros.

Pero aquí, incluso en el remoto caso de tener el dinero, regalado por un familiar, un amigo extranjero, o simplemente por haberlo reunido a lo largo de… (no sé cuántos años porque los carros se venden en divisa), una persona cubana residente en Cuba no tenía derecho a adquirir un carro en este país; a no ser que esa persona fuera deportista de alto rendimiento, artista, o miembro del Consejo de Estado.

Muchas personas le compraban el carro a algún extranjero (que sí tenía derecho a adquirir un carro aquí); a algún cubano que tenía uno de su propiedad hacía años, porque se lo había ganado por méritos en los años ochenta o porque lo había comprado cuando era posible hacerlo con moneda nacional.  Muchas veces las ventas se realizaban sin el traspaso de propiedad.

Nunca quedó claro en qué ley se basaba esta medida, o si de hecho existía una ley, ni en qué momento exacto entró en vigor.

Las cosas cambiaron hace aproximadamente dos años. Ahora las personas cubanas residentes en nuestro país pueden adquirir un carro … si tienen la cantidad de dinero que cuesta.  En divisas, por supuesto, aunque el pueblo cubano sigue cobrando sus salarios en moneda nacional.

La saya tan cortita

Me llama la atención que en otro tema de la Charanga, del mismo disco, “Con la misma loca,”  el cantante dice:  “Llevabas una blusa tan bonita, una saya tan cortica que en mi carro te monté”; qué suerte para ella.

"...una saya tan cortita." Foto: Joyce Corbett

Dar un aventón no es ya una cuestión de humanidad, justo en este país con tantos problemas de transporte, si no de que la persona que va a recibir el favor sea lo suficientemente atractiva, y lleve además el atuendo apropiado.  Tal vez las mujeres que cogen botella pueden tomar la canción como consejo.

Pero me pregunto si el autor de este tema coincide con el mismo que en el anterior criticaba a la muchacha por abandonar el país para llegar a tener el carro soñado.  Por lo visto el autor de la canción no tiene ese problema porque él sí tiene el carro.

Se gana y se pierde

Regresando a la canción que me ocupa “Gozando en La Habana,” hay otro momento en el que el coro dice: “Tú llorando en la Miami y yo gozando en La Habana.”  No me resulta para nada inverosímil la imagen de una emigrante cubana llorando en los Estados Unidos.

Se ganan cosas con la emigración, pero se pierden otras de ambos lados. Muchos se van con la idea de ayudar desde allí a su familia y venir de visita al cabo de un año.  De pronto se encuentran con que las cosas no son tan fáciles y les toma tiempo hacer el primer envío de dinero, y mucho más hacer el primer viaje.

Del lado de acá, las personas ven la posibilidad de una mejora económica cuando un familiar cercano emigra, pero el costo de esa posible mejora es la distancia, la vida que se deja de compartir.

He conocido de cerca dos parejas que tenían una relación estable de años.  En ambos casos, el hombre se fue solo para los Estados Unidos porque no había dinero para los dos.  El plan era conseguir el dinero después para mandar a buscar a su esposa.

En los primeros meses hubo llamadas, promesas, lágrimas; después silencio y resignación. Las cosas no salieron como esperaba. Tuvo que unirse a otra mujer.  La vida allá es muy dura. Son cosas que pasan.  En uno de los casos había un niño que tenía menos de un año cuando su padre se fue. Estoy segura de que por cosas así lloran las cubanas y cubanos que emigran a Estados Unidos o cualquier otro país.

¿Quienes gozan en La Habana?

Lo que no me queda claro es quiénes son los que gozan en La Habana.  Ahí se incluyen evidentemente los que pueden pagar 20 o 50 o 100 CUCs para entrar a un concierto de un cantante de Reggaeton y también los músicos que tienen carro, y que no solo gozan en La Habana, sino también en los otros países a los que pueden viajar.  Y es justo que gocen, lo están haciendo con el dinero que obtienen de su arte, no es un dinero robado al pueblo, ni son responsables de la situación económica del país.

La Habana de día. foto: Caridad

Pero es bueno dejar claro que ese grupo no es la mayoría del pueblo cubano, el pueblo trabajador que genera los recursos del país.  Aquí, la inmensa mayoría no tiene dinero para adquirir un carro, ni para hospedarse en hoteles, ni para pagar un cover de 100 CUCs, ni siquiera uno de 10 CUCs.

La mayoría, y me incluyo, vivimos con la incertidumbre del futuro de la libreta de abastecimiento, de los salarios, los precios de los productos básicos, la alternativa de las cooperativas, a ver si de alguna forma las cosas mejoran; los efectos electrodomésticos que no se han podido pagar, los problemas de la vivienda.

De todas formas, como me ha recordado un amigo, hay otras formas de gozar y disfrutar la vida que no dependen de los bienes materiales; a pesar de que constantemente en los videos con los que promocionan sus temas La Charanga y algunos cantantes de Reggaeton, los músicos hacen ostentación de sus cadenas de oro o plata, sus ropas de marca, sus carros.

Da la impresión de que son estas las cosas a las que debemos aspirar y ser artista es una forma de lograrlas.  Es interesante que esta canción critique a una muchacha que a fin de cuentas está persiguiendo lo mismo que muestran los propios músicos en la pantalla; sólo que para ella el camino fue la emigración.

Compartandose como “yuma”

Pero el coro que más llama mi atención es: “Si te comportas como yuma, tú tienes que ir tumbando.”  He preguntado a muchas personas qué entienden por comportarse como yuma, que es una forma de las cubanos y cubanas referirse a los extranjeros, especialmente a los de Estados Unidos.

La gente se encoge de hombros mientras sigue bailando y tarareando la canción.   La verdad es que ni se habían hecho la pregunta.  ¿Para qué?  Alguien me ha dicho que significa hacerse la o el extranjero.  Otras personas me han dicho que comportarse como yuma debía ser ostentar, creerse por encima de los demás.

¿Es esa nuestra visión sobre los yumas, o sea los extranjeros?  ¿Realmente son personas que ostentan y se creen por encima de los otros?  ¿Tienen ellos la culpa de venir aquí como turistas, a trabajar o a estudiar, y que su moneda tenga más valor que la nuestra?

De todas formas no logro ver la relación entre comportarse como yuma y el legítimo deseo de emigrar como alternativa para mejorar la situación económica.  Tampoco entiendo qué derecho puede tener alguien para decidir quién tiene que ir tumbando o bajando.

Tal vez sea más saludable dejar de pensar en las letras y unirme a los que bailan para olvidarse de los problemas.  Y lo logran, al menos por un rato.



Un comentario sobre “Gozando en La Habana

  • Ahh Yusimí, lo veía venir. De modo que se “goza” sólo si están resueltas las necesidades materiales, mas aún si se tiene carro, vamos, Su amigo tiene razón en lo de otras formas de ser feliz (para serle honesto pienso que este apunte lo hace para adelantarse a comentarios como el mío). Sí, todas esas limitaciones existen y puede que más pero no nos quitan la alegría. Demos una vuelta po la Feria del Libro y miremos la afluencia de público y fijémonos en las caras y los ojos, no es un público de artistas ni gerentes, es de pueblo, de pueblo alegre y bailador pero también muy lector. Así somos, con poco de qué alegrarnos tenemos alegría para repartir como repartimos sin dolor la magra ración de pan que nos toca. De todas formas la felicito por el artículo aunque discrepe de algunas ideas.

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