Café con suero cubano de la verdad

Fernando Ravsberg

HAVANA TIMES – El viejo Pánfilo se ha convertido en el cronista mayor de la Cuba actual, no por gusto el país en pleno se paraliza frente a los televisores cada lunes. Incluso los programas censurados circulan de mano en mano en memorias y discos duros.

Mientras los medios de prensa llevan años haciendo encuentros y congresos para llegar a la fórmula de un periodismo que muestre el país real, los guionistas y actores de Vivir del Cuento lo hacen cada semana, en clave de humor cubano.

La última presentación fue dedicada a la doble moral: unos científicos prueban un “suero de la verdad” con los vecinos de Pánfilo y estos comienzan a decir lo que ciertamente piensan, desde el negociante del barrio hasta el activista revolucionario.

Después de haber expresado sus reales puntos de vista sobre la corrupción de su dirigente político inmediato, un acongojado Facundo se lamenta afirmando que a partir de ahora ya no será nunca más un cuadro confiable. Sobran las palabras.

El programa termina con Pánfilo probando él mismo el “suero de la verdad” para decirnos lo bien que vendría si todos lo bebiéramos. Eso fue un ataque directo a la simulación, un problema muy antiguo en la sociedad cubana.

Ya en 1910, el sabio Fernando Ortíz aseguraba que “es muy común entre cubanos –y entre cubanos tenía que ser- que la opinión pensada y seguida en la esfera de la amistad, sea distinta y hasta opuesta a la proclamada y sostenida en público”.

Un siglo después esa característica sigue viva en la sociedad. Muchas veces las opiniones vertidas por los ciudadanos “en el lugar y en el momento adecuado” no se corresponden con los verdaderos pensamientos y sentimientos expresados en la vida cotidiana.

“Para qué voy a buscarme problemas si al final termino siempre haciendo lo que me parece”, me dijo hace poco un buen amigo. Y es cierto, el cubano puede evadir el enfrentamiento verbal con la autoridad, pero eso no quiere decir que acate las órdenes.

Si el salario no le alcanza se lleva cosas de su trabajo para vender en el mercado negro. Si le prohíben comprar una casa hace falsas permutas. Si le impiden abrir bares, los abre con licencia de restaurante. Si no hay mercados mayoristas, importa desde Panamá.

Los esclavos simularon la adoración a los dioses blancos para sobrevivir, y los españoles lo sabían, pero aceptaron también la simulación para evitar el conflicto. Al final llegamos al sincretismo cubano actual. Foto: Raquel Pérez Díaz

Como decía el protagonista del film Juan de los Muertos, al cubano solo le hace falta que le den un “filito” para colarse por ahí. Al final cada uno hace lo que le da la real gana, pero ese mecanismo deja a la sociedad sin capacidad de estructurar políticas.

El robo en las empresas estatales, por ejemplo, ha sido la base de la sobrevivencia de muchos. Un estudio del 2015 sostiene que “el 96 % de los hogares registraron ingresos per cápita iguales o menores de $420 pesos (25 pesos = 1 USD), en tanto el gasto mensual declarado por cada familia era de $ 1,955”.

El Gobierno afirma que no puede subir los salarios sin un previo aumento de la productividad, pero seguramente ya está pagando más de lo que cree. La diferencia de $ 1500 que existe entre ingreso y gasto familiar muestra cómo el robo multiplica panes y peces.

Es imposible planificar una economía e incluso la actividad de una empresa sin saber cuánta materia prima y productos “desaparecerán” cada semana. Tampoco crecerá la productividad mientras el “reparto de las riquezas” se desarrolle de forma anárquica.

En política, todos saben de antemano que cualquier proyecto de ley que se proponga en el Parlamento será aprobado por unanimidad, tal y como viene ocurriendo desde hace décadas. ¿Han estado siempre de acuerdo en todo los 600 diputados?

Sin embargo, este no es solo un asunto económico o político, acompaña a Cuba desde la colonia, cuando los esclavos simularon adorar a los Dioses de los blancos. Continuó en la politiquería de la época republicana y se enraizó en la unanimidad socialista.

Quien ahora beba el “suero de la verdad” que ofrece Pánfilo tendrá muchos problemas, pero podrá vivir en armonía consigo mismo, diciendo lo que realmente piensa y actuando en consonancia. Solo así es posible participar en la construcción de su propio destino y por extensión en el de toda la nación.

Un ejemplo del programa “Vivir del cuento”


4 thoughts on “Café con suero cubano de la verdad

  • el 28 abril, 2017 a las 11:19 am
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    En Cuba, mientras te quejes no hay problema, porque el quejarse es algo intrínsecamente pasivo. El problema es si protestas y sobre todo si protestas en voz alta y delante de gente que se te puedan sumar a la protesta.

  • el 28 abril, 2017 a las 10:14 am
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    en Cuba si discrepas te dejan “tranquilo” siempre y cuando no lo hagas abiertamente, ahí es donde la estrella te la quitan del pecho y te la meten por el…. bueno, ya sabes.

  • el 28 abril, 2017 a las 8:56 am
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    No hay que filosofar,,,todo es muy sencillo. En Cuba comunista, cuando un persona se declara enemigo del comunismo y lo dice….es mejor que se desaparezca !!! No lo van a matar, ni a sacarle los ojos, solo le plantaran la Estrella de David en el pecho y…que dificil es vivir con la Estrella en el pecho !!!La vida en Cuba se reduce a estas dos prioridades : comer y que no le planten a Estrella de David……

  • el 28 abril, 2017 a las 3:57 am
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    Para ser franco, a principios veía este programa y me gustaba mucho. Los humoristas son geniales, los cuentos también, decir otra cosa es mentir.
    Sin embargo con el tiempo ve que sí, que son cronistas de las cosas que pasan, pero es un humor de aceptación, ¨de estamos mal pero somos felices aquí¨. Es un mensaje de alegría, de que preferimos las carencias, porque nos reímos de ellas. Está muy bueno para que hubiera durado seis meses, pero años riéndote de tus desgracias, aceptándolas, sin señalar culpables ni caminos. Y tengo que reconocer que sigue siendo el programa de más audiencia, pero bueno, la audiencia no es la única medida de lo correcto.
    ¿Hasta cuando los cubanos vamos a vanagloriarnos de nuestros defectos, disfrazándolos por virtudes, razón de muchos males?.
    Y para hacer énfasis en que no es que la haya cogido con este programa termino como empecé: Los humoristas son geniales, los cuentos también, decir otra cosa es mentir.

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