La prisión de la bahía de Guantánamo sigue siendo un símbolo global de injusticia

Por George Cassidy Payne*

Torre de la prisión de la Base EE.UU. en el territorio ocupado de Guantánamo, Cuba. Foto: phys.org

HAVANA TIMES – Durante las vacaciones de Navidad, el secretario de Defensa de Estados Unidos, James Mattis, visitó las tropas en la Base naval de la bahía de Guantánamo. Esa visita se produjo después de que la ONU reportara recientemente sobre torturas allí, pero el Secretario insistió en que solo se reuniría con las tropas para agradecerles por su servicio.

El portavoz del Pentágono, el comandante Ben Sakrisson, confirmó que Mattis no inspeccionaría los centros de detención ni discutiría la política de los detenidos.

¿No estaría interesado el Secretario de Defensa en las condiciones de la prisión más infame del mundo? ¿No querría ningún director general conocer qué está sucediendo en el terreno, cara a cara?

Han pasado 16 años desde que otro Secretario de Defensa (Donald Rumsfeld) visitara GITMO, y desde ese momento cerca de 800 prisioneros han estado recluidos en esa instalación; 731 de esos detenidos fueron liberados sin cargos; 15 eran niños menores de 18 años, y 9 han muerto por suicidio u otras causas. Según el Observatorio de Derechos Humanos (Human Rights Watch), de los 41 presos que permanecen en la Base naval de Guantánamo, solo siete, Abd-al-Rahim al-Nashri, Abd al Hadi al Iraquí y cinco acusados por los ataques del 11 de septiembre de 2001, ​​enfrentan cargos formales.

Una vez más, teniendo en cuenta la historia de tortura del enclave, así como arrestos sin cargos, menores encerrados y muertes de detenidos, ¿Mattis no querría darle una buena mirada al lugar?, ¿o el Secretario no querría saber qué sucede allí?

El hecho es que la Bahía de Guantánamo sigue siendo una de las herramientas de propaganda más efectivas en el mundo para los fundamentalistas islámicos. La prisión de máxima seguridad, con sede en Cuba, fue establecida por la Administración Bush en enero de 2002, aparentemente en respuesta a los ataques del 11 de septiembre. Pero como dijo el expresidente Jimmy Carter: “Lo que ha sucedido en la Bahía de Guantánamo… no representa la voluntad del pueblo estadounidense”. Carter también ha señalado: “Estoy avergonzado, considero que está mal. Creo que le da a los terroristas una excusa injustificada para usar medios despreciables para herir a personas inocentes”.

El expresidente Barack Obama se ha referido a esto en términos aún más contundentes. “Pienso que los Estados Unidos de América deben seguir siendo un ejemplo en la manera de llevar a cabo la guerra. Eso es lo que nos hace diferente de aquellos con quienes luchamos. Esa es una fuente de nuestra fortaleza…  Estamos perdidos cuando ponemos en peligro los propios ideales que luchamos por defender”.

Junto con Carter y Obama, la mayoría de los ciudadanos estadounidenses saben que mantener GITMO abierto es tácticamente equivocado y descaradamente inmoral. Saben que le da a los terroristas la oportunidad de decir: “¿Por qué nosotros no podemos torturar?”

Tú lo haces. Y “¿por qué nosotros no podemos mantener prisioneros sin cargos?, si tú lo haces”. Eso pone en ridículo todo nuestro sistema constitucional de un debido proceso legal.

Después de 16 años, ¿por qué no hemos logrado reunir el coraje moral y político para cerrar ese símbolo global del mal?

* George Cassidy Payne, colaborador invitado de Havana Times, es escritor independiente, profesor adjunto de Filosofía en la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY) y consejero en temas relacionados con la violencia doméstica.


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