Cuba a todo color

Ernesto Pérez Chang

Plaza Vieja en La Habana Vieja
Plaza Vieja en La Habana Vieja

HAVANA TIMES — Alexis es egresado de una escuela de turismo. Durante años estudió cocina y se graduó con honores. En algunos concursos los maestros elogiaron su destreza y buen gusto, también la pulcritud y la habilidad de improvisar e innovar. Sin embargo, al buscar empleo, Alexis no ha tenido suerte.

Halló trabajo en un deslucido restaurante de Centro Habana pero nunca lo han dejado pasar de ayudante del cocinero principal. El destino del muchacho será difícil de cambiar simplemente porque nació con un defecto: su piel es negra, demasiado oscura.

Odalis tiene una voz potente, majestuosa y una pronunciación impecable. Es perspicaz y demuestra soltura al conversar. Ama el mundo del espectáculo y, aunque estudió Comunicación Social en la universidad, su fantasía es ser animadora de un programa televisivo, una revista variada, sin embargo, lleva demasiado tiempo leyendo noticias, encerrada en la cabina de radio de una emisora provincial.

Guarda la esperanza de que alguna vez alguien repare en sus habilidades. Pero Odalis no es una rubiecita de voz meliflua o una mulata de talle esbelto, de esas que las publicidades y las ferias de turismo anuncian como el sello de nacionalidad hecho carne.

Los profesores de Tamara le aconsejan cambiar de rumbo porque en el ballet clásico pocas veces triunfan los de su color. Tamara no los escucha.

El cabello de Odalis no ondea ni cae por los hombros con la suavidad que pueden ofrecer algunos genes o un tratamiento capilar a base de keratina. Odalis es negra y su limitación en la vida es consecuencia de no sentir vergüenza de lo que es.

Tamara es una niña que sueña con ser Odette, y también Odile, en El lago de los cisnes. En la escuela, los días de celebraciones, se calza unas zapatillas cosidas por la madre y danza con júbilo y gracia ante los estudiantes y maestros. Lo hace bien, casi perfecto para su edad y para no haber recibido instrucción. Ella es puro talento.

Cierra los ojos y se deja llevar por la música de Tchaikovsky que además sirve para apagar los comentarios inapropiados dentro del público. Los profesores le aconsejan cambiar de rumbo porque en el ballet clásico pocas veces triunfan los de su color. Tamara no los escucha. Ella piensa en un Sigfrido que no distingue entre el negro y el blanco y por eso tiene en su cuarto una imagen de Carlos Acosta, solo como resguardo.

Cuando uno recorre el país, de punta a punta, se encuentra con miles de casos como los de Alexis, Odalis y Tamara. No hay que esforzarse demasiado para comprobar que en ocasiones las ilusiones y el talento de una parte de los cubanos terminan por ser aniquilados por el racismo imperante en la sociedad actual.

La puerta.  Foto: Juan Suárez
La puerta. Foto: Juan Suárez

Basta con asomarse a cualquier hotel para palpar (sin necesidad de acudir a las estadísticas) la verdadera distribución de las ocupaciones según el color de la piel. Es suficiente con recorrer las calles y mirar la tez de los barrenderos, los constructores, los recolectores de materia prima, los custodios, los “palestinos”. No es del mismo tono que la del gerente, el barman, el capitán de salón, el general de alto rango, la presentadora de TV, la azafata.

En las revistas y en los documentales donde Cuba desea ser un producto exportable los negros aparecen sonrientes, vendiendo frutas, tomando ron o bailando en rituales mientras los blancos rentan un Mercedes, se fuman un Habano o se asoman a una terraza luminosa que da al mar azul y a una franja de arena inmaculada.  ¿Será que los negros no reflejan bien la luz tropical, que es solo un problema de contraste?

Tal vez por ese detalle técnico la televisión cubana es el ejemplo más vergonzoso. En los programas estelares, en las telenovelas de factura nacional, en casi todos los espacios es difícil encontrar actores y animadores negros. En los casos aislados donde aparecen son detectables los estereotipos del “buen salvaje” en que se basan los creadores, con lo cual, bajo una apariencia de normalidad, se enmascara la más enraizada intransigencia. Una conducta hipócrita y burlona tolerada sin consecuencias.

La voluntad de acabar con el racismo en Cuba no debe reducirse al ingenuo e inútil cambio de polaridades, al trueque de un color por otro. No sirve de nada imponer cuotas de empleo o de admisión ni hacer anodinas declaraciones oficiales en contra de la discriminación racial. Es necesario reconocer que no se podrá ejecutar una política acertada para enfrentar el fenómeno, en tanto el gobierno no revise a fondo su propio discurso, reconozca sus contradicciones (las pasadas y las actuales) y entienda que los prejuicios raciales están presentes en todos los niveles de la sociedad, sin excepción.


23 thoughts on “Cuba a todo color

  • el 13 marzo, 2014 a las 12:18 pm
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    me da gracia ver a personas que no son de la raza negra , hablando del racism en cuba y diciendo que no es institucional …………… really ? ……… jajajajajajajajajajaja

  • el 13 marzo, 2014 a las 12:46 am
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    Jaja…Miranda, no eres la primera que me lanza lo del “té fuerte” que me estoy tomando…me voy a tener que preocupar, y revisar el café Caracolillo que traje de Cuba, porque el té chino lo consumo muy de vez en cuando…

    Bien, a lo que nos ocupa:

    Todos esos ejemplos que me citas no me causan asombro. Yo mismo los he experimentado. En una ocasión, hace más de 20 años, acompañaba a un grupo de jóvenes extranjeros de visita en Cuba, canadienses en su mayoría, y entre los cuales había un haitiano negro residente en Canadá. Dando vueltas por el Vedado fuimos a dar al hotel Capri, que como era de esperar tenía a su destacamento policial de guardia, a la caza de jineteros y otras eventuales “amenazas” ¿Y a quiénes crees que les pidieron los “cagné e idad” cuando intentamos cruzar el vestíbulo? Pues, claro al cubano jabao (yo) y al negrito haitiano. No a ningún caucásico del grupo.

    Eso ya es consabida reacción policial en nuestra Isla. Ahora, ¿supone esta tendencia de nuestros agentes que exista una política estatal contra el negro y el no blanco en general, o más bien que como pueblo (incluso cuando emigramos) seguimos reproduciendo esquemas legados de la época de la esclavitud y, sobre todo, del odio al negro, que se multiplicó tras la masacre de los Independientes en 1912? Son dos cosas bien distintas.

    Si te apoyas en el indignante “episodio Buika” para calzar tu argumento, (en lo que parece más bien un despiste del empleado en cuestión) no puedo menos que recordar que a la gran Josephine Baker le negaron el hospedaje en el Hotel Nacional en los años 30, cuando reinaba en Cuba el “capitalismo” (si se le puede llamar así a lo que teníamos cuando aquello), y si doy por buena tu explicación, deberíamos entonces en conjunto acusar de racista al muy democrático Gobierno francés, por lo que le hicieron a la millonaria Oprah Winfrey hace nueve años en la lujosa cadena de tiendas Hermes de París. ¿no recuerdas? Aquí te lo dejo http://edition.cnn.com/2005/SHOWBIZ/TV/06/22/oprah.apology/

    Insisto, eso sí, en que lo que necesita Cuba ahora es discutir abiertamente este tema. No seguir dilatándolo, ni escondiéndolo debajo de la alfombra, tal y como demandaron en su momento intelectuales como Sara Gómez, y siguen demandando hoy otros tantos.

  • el 10 marzo, 2014 a las 2:17 pm
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    A la verdad Isidro cada vez que mandas Una, no se que pensar, si te tomaste uno de esos te chinos que son tan fuertes que hasta le dan fatiga a uno, o si esto fue solo para consumo del compan`ero Eduardo, tan ofuscado El, que se creera lo que le dijiste.

    Asi que el racismo del 59 para aca no se debe vincular con una política estatal, fijate que hasta silencian el tema a cualquiera que lo quiera abordar, sabes porque?, porque habran solo unos poquiticos con la mala memoria de que a los negros los tienen al garete por el solo hecho de ser negro.

    Mira el testimonio que ha dejado este newyorkino en este mismo post de HT en ingles:

    “i was with an educated black friend from new york in havana who wanted to visit cuba to experience the advances made under the revolution. however, he was stopped every day and asked for ID as the authorities assumed he was a jinetero trying to take advantage of me, a respectable white tourist. he finally cut short his trip and left cuba with the belief that the revolution was only for the white people and those with light skin tone”.

    Ahora oye lo que se cuenta que le hicieron a Buika en un hotel en la Habana, dicen que llamo al room service y ordeno su desayuno y cuando tocan a la puerta, sale la negra toda exquisita con su bata blanca y la toalla de turbante, y que el mozo le ha formado un salpafuera, de: “mira a ver si te vistes rapido y te vas antes de que te cojan”!, cuentan que Buika toda disturbada con su acento muy espan`ol preguntaba que pasaba?.

    Conclucion que este articulo se refiere “al racismo” que existe en Cuba a Nivel de Gobierno, ajustense a los hechos a los que el post se refiere. De que el gobierno nunca haya puesto “cuerdas que separen a blancos y a negros”, Eso si es verdad, cuando es que este regimen hace algo transparente?, preguntenle al gobierno si alguna vez a existido un apartheid entre ciudadanos cubanos y extranjeros para que tu veas que te dicen que jamas, y a lo mejor algunos con su corta memoria tambien lo nieguen que haya existido.

  • el 9 marzo, 2014 a las 6:43 am
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    Desde luego Eduardo, que pretender vincular el racismo cubano con una política estatal es cuando menos un despropósito. Para los que tienen mala memoria, o prefieren desconocer lo obvio, les recuerdo que una de las primeras medidas revolucionarias fue eliminar aquellas odiosas “cuerdas” que separaban en los parques las zonas donde paseaban blancos y negros y mestizos. A mi modo de ver, el pecado del Gobierno actual ha estado en silenciar el tema, en no permitir que se discuta a fondo y a todos los niveles, teniendo a tantos valiosos intelectuales de nuestro patio interesados en hacerlo…

  • el 8 marzo, 2014 a las 7:21 pm
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    Pero por supuesto, eso es algo en que estamos todos de acuerdo, en que el regimen de fidelcastro como ningun otro gobierno ha marcado las diferencias entre cubanos, a la maxima potencia.

    Pense que Perez-Chang estaba hablando acerca de la voluntad de acabar con el “racismo en Cuba”

    Ahora bien, de que podamos llevar al gobierno ante los tribunales de La Corte Internacional de Justicia, por quitarle el derecho al cubano por el simple hecho de ser cubano, o por ser guajiro o gay, y por todas las demas razones, claro que hay suficientes pruebas para encausarlo por todos los costados.

  • el 8 marzo, 2014 a las 5:58 pm
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    Si yo soy racista y me ponen de Jefe de Recursos Humanos a que yo decida de manera discrecional, el negro se queda fregando.

    PERO si me dan un organigrama, con los requisitos de cada puesto y la manera de cubrirlos utilizando técnicas modernas de selección de personal, y me den un plan de evaluación, ascenso y superación del personal, el negro probablemente deje de fregar platos para preparar postres.

  • el 8 marzo, 2014 a las 5:53 pm
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    Miranda, a nivel de gobierno se discrimina al negro, al blanco, al gordo, al guajiro, al gusano, a la prostituta y al maricon, se discrimina al cubano en primer lugar por ser cubano y luego por cualquier cosa.

    Porque todos tenemos nuestros prejuicios y si nos dan una cuota de poder estos van a estar ahí, y en Cuba todo es discrecional, o sea, por lo que decida el funcionario de turno. No hay un Estado moderno reglamentado y apegado a sus leyes donde la administración pública es una carrera, sino “cuadros” que toman decisiones intentando no chocar con el cuadro de arriba.

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