Limpieza de Fukushima sobre espaldas de trabajadores

Por Suvendrini Kakuchi

HAVANA TIMES, 27 junio (IPS) — Yushi Sato se dedica a lavar automóviles, pero no cualquiera. Todos los días rocía con una manguera vehículos contaminados por la radiación que se escapa del complejo nuclear de Fukushima, dañado tras el terremoto y posterior tsunami que golpeó el noreste de Japón el 11 de marzo.

Desde hace cinco años, Sato es soldador de Fukushima, pero tras el desastre le asignaron la tarea de lavar vehículos de la planta.

“Lavamos unos 200 automóviles con índices de radiación por encima de lo normal”, dijo a IPS.

Sato, de 28 años, tiene ropa aislante y es sometido a chequeos diarios para verificar su exposición a la radiación, pero igual le preocupan las consecuencias para su salud. Sin embargo, está decidido a seguir trabajando.

“Los principales trabajadores afrontan peores riesgos que yo, así que trato de no pensar en eso”, señaló, refiriéndose a las personas que reparan los reactores.

El control indica que Sato está expuesto a unos 20 microsievert a diario, casi la misma radiación de los rayos X y muy por debajo del límite considerado peligroso de un milímetro, equivalente a 100 microsieverts.

El sievert (Sv) mide la dosis de radiación absorbida por la materia viva. Un microsievert equivale a 0,000001 Sv.

Numerosos analistas opinan que trabajadores como Sato representan el compromiso que tienen sobre sus espaldas los empleados de la Tokyo Electric Power Company (Tepco) en los reactores de Fukushim así como en otras subsidiarias de la empresa. Asumieron el deber de reparar la planta dañada y detener la filtración de la radiación.

“Sufren una presión mental y física enorme”, explicó el profesor Takeshi Tanigawa, especialista en medicina social de la Universidad de Ehime, dedicado, además, a defender las condiciones de trabajo de los empleados de Tepco en Fukushima.

Sus últimas encuestas revelaron un alto grado de estrés de los empleados por las duras condiciones de trabajo, como turnos de muchas horas y malas condiciones de vida. Otros indicadores muestran el creciente sentimiento de culpa por la contaminación de los residentes de los alrededores de la planta.

“Las pruebas que junté llevaron a Tepco a aliviar algunas de las condiciones de trabajo y a ofrecer verduras frescas y mejores camas para que los empleados pudieran descansar bien durante la noche. También hay un médico de guardia para asistirlos”, añadió.

La difícil situación de los trabajadores concentró la atención del público en el último mes y comenzaron a considerarlos símbolos de la resistencia nacional, por un lado, y prueba de la inconveniencia del milagro económico de la posguerra, por otro.

El Ministerio de Trabajo informó esta semana que 102 trabajadores habían estado sometidos a una radiación superior al límite fijado por el gobierno, más de 250 milisievert, lo que motivó reclamos para separarlos de sus puestos.

Tepco denuncia falta de personal. En la actualidad tiene más de 2.000 empleados trabajando en los reactores. Los altos índices de radiación dentro del recinto dificultaron seriamente los esfuerzos de recuperación y sólo se permite el ingreso de los trabajadores por breves lapsos de 15 minutos.

La política de promover la energía nuclear es una “doctrina”, señaló el profesor Katsuhiko Ishibashi, sismólogo de la Universidad de Kobe.

“La alarmante situación de Fukushima reveló que todas las plantas nucleares de Japón están construidas sobre fallas geológicas y es posible que haya otro gran accidente”, añadió.

Otros especialistas se refieren a las causas de raíz que originaron esa política, denunciando un sistema viciado basado sobre la colaboración entre burócratas, sector privado y dirigentes políticos que resistieron la oposición a la política nacional nuclear.

“La construcción de centrales atómicas fue considerada un factor del crecimiento económico de posguerra, un proceso facilitado por las elites poderosas que más se beneficiaron de esa política. El resto no pudo más que acoplarse”, señaló Shigeaki Koga, autor del libro “The collapse of Japan’s Central Administration” (El colapso de la administración central de Japón).

Fukushima permitir reformas y recalcar la necesitad de que Japón promueva una competencia saludable y transparente entre entidades independientes si el país pretende ser saludable y rico, señaló Koga.

Los críticos reconocen que el cambio no es fácil debido a la crisis política.

Las diferencias entre partidos políticos derivaron en pedidos de renuncia del primer ministro Naoto Kan. El electorado está dividido entre querer un gobierno más fuerte y los reclamos de una gran reforma del sistema.

Entretanto, los voluntarios redoblan sus esfuerzos para resolver el problema nuclear. Un ejemplo es la creciente popularidad de los llamados “cuerpos suicidas”, encabezados por el ingeniero jubilado Yasuteru Yamada e integrado por hombres de más de 60 años dispuestos a trabajar en la atribulada planta nuclear de Fukushima.

Más de 300 personas se anotaron, dijo Yamada a IPS. El grupo “está dispuesto a realizar cualquier trabajo, ya sea dentro de la planta contaminada o limpiando desechos en el área. En este momento necesitamos ayudar al país”, añadió.

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