Razones muy dolorosas para dejar la patria

Laura Rodriguez Rojas (*)

 Cuban MD Rafael Fontirroche. Photo: Pablo Avellan (El Nuevo Diario)
El médico cubano Rafael Fontirroche. Foto: Pablo Avellan (El Nuevo Diario)

HAVANA TIMES, 6 de febrero — El jueves 14 de octubre de 2010, Rafael Fontirroche Cruz se despertó con un mal presentimiento.  Tras dos años de vivir en Nicaragua, nunca había sentido temor por el futuro, pero ese día tuvo la sensación de que algo malo iba a suceder.

Días antes se había ganado el odio del jefe de la brigada médica cubana que laboraba en Muelle de los Bueyes, donde trabajaba como cirujano pediatra.

Rafael había desenmascarado varios actos de corrupción, y sabía que como consecuencia eso podía traer su deportación, pero cuando la moralidad no está sujeta a censura, de poco valen las amenazas.

A las 7 de la mañana, Rafael se presentó en el hospitalito donde ofrecía sus servicios a cambio de 5 mil 79 córdobas.

La barraca

Pasó visita entre sus pacientes hasta que escuchó unos rumores que lo obligaron a girar sobre sus pasos y regresar a la “barraca” donde se encontraban los dormitorios.

El lugar era una especie de galerón dividido por cubículos a través de pedazos de cartón, donde la privacidad era el sueño dorado de todos los médicos que lo habitaban.

Había una pequeña cocina donde para ahorrar gas, hacían una sola comida para los 30 cubanos, que engañaban el hambre con caldos de pollo, arroz y frijoles.

Los baños despedían un olor putrefacto, pues había un pequeño hueco que desembocaba en los tubos de aguas negras.

Todos los que allí se encontraban, contaban los días para regresar a su país y dejar atrás tantas penurias, con la esperanza de que con el dinero ahorrado ayudarían a sus familias a hacer la vida más llevadera dentro de la isla caribeña.

La labor humanitaria

Ninguno renegaba de la labor humanitaria que desempeñaban en ese hermano país, donde la escasez de especialistas multiplicaba el número de muertos a manos de los brujos y de las comadronas, pero nadie había imaginado las dramáticas condiciones de hacinamiento que tendrían que enfrentar.

Decide largarse

Rafael regresó al dormitorio con el comentario que escuchó en los pasillos del hospital retumbándole en los oídos: “Chico, a Rafael lo van a regresar a Cuba por meterse con el jefe”

Rafael sabía lo que le esperaba si regresaba a la isla tachado de contrarrevolucionario.  El escarnio público, la vergüenza de sus hijos, el maltrato psicólogico a su esposa, las malas miradas, las llamadas telefónicas.

Recordó el caso de otros médicos que habían perdido la plaza de catedráticos y recibido amenazas verbales por enarbolar críticas contra el gobierno de Fidel Castro, y ahora de su hermano Raúl.

Sin pensarlo dos veces, movido por un impulso irrefrenable de romper las cadenas de la intransigencia, Rafael metió sus escasas pertenencias en una mochila y se fue para no volver.

Finalmente encontró refugió en casa de unos amigos de confianza, a sabiendas de que la Seguridad del Estado cubano, máximo órgano represivo de Cuba, peinaría el cielo y la tierra para encontrarlo.

El primer contacto

Mis primeros contactos con Rafael se iniciaron cuando él ya había desertado de la brigada médica.  Nos comunicamos a través de la red social del Facebook, e iniciamos una buena amistad.

Desde el comienzo pude notar ciertas reservas cuando tocábamos el tema de la brigada, como si quisiera mantener su experiencia en su privacidad.  Pero mi curiosidad terminó por derribar sus barreras.

Finalmente supe de su deserción –algo que él había ocultado en todas nuestras conversaciones– y pude comenzar a hilar algunos cabos sueltos, que sólo cobraron sentido el 18 de enero de 2010, cuando por primera vez decidió romper el silencio.

Tres horas con Rafael

La entrevista tuvo lugar en un cafetín en Galerías Santo Domingo.  Rafael llegó 35 minutos después de la hora acordada, cuando las esperanzas de que me contara su historia comenzaban a esfumarse.

Dio una rápida mirada y me reconoció casi al instante.  Se acercó a la mesa donde me encontraba con paso decidido, pero al llegar frente a mí, se desplomó en una de las sillas ubicadas a mi lado.  Fue como si en ese milisegundo de tiempo, las fuerzas que lo habían acompañado lo hubieran abandonado.

Traté de tranquilizarlo diciéndole que nadie sabía que estábamos allí, y poco a poco la calma volvió a embargarlo.  Y así, entre tantas personas ajenas al drama que ese hombre estaba viviendo, comenzó la entrevista.

¿Cómo llegaste a Nicaragua?

Llegué a través de un proceso de selección que se basa en tus capacidades profesionales, en tu apoyo a la revolución y en tu deseo de ofrecer tus capacidades a una sociedad que las necesita.  Es también una vía de escape.

¿A qué te refieres con vía de escape?

La mirada de Rafael se pierde en una nebulosa, como si dudara.    Finalmente se le oye un hilo de voz que se abre espacio entre tantos temores:

“Las brigadas de médicos cubanos que viajan al exterior se han convertido en la única forma de escapar de un gobierno totalitario donde no tenemos derecho a disentir ni a expresar nuestras discrepancias respecto de la forma en que se maneja la economía y la política del país.”

Las leyes de migración y extranjería vigentes en Cuba prohíben la salida de los cubanos por la vía legal.  Las únicas maneras de viajar a otros países son: por medio de una carta de invitación procedente del lugar a donde quieres ir, la expatriación voluntaria acompañada de la pérdida de todos tus bienes, el matrimonio con un extranjero, o las brigadas internacionalistas de solidaridad, como a la que pertenecía Rafael.

¿Esa es la única razón por la que te fuiste de Cuba?

No, también vi en la brigada la única forma de mejorar mi situación económica.  En Cuba los salarios son muy bajos.  Por ejemplo, yo que soy especialista y gozo de los sueldos más altos, sólo gano 633 pesos al mes.  Eso significa 25.32 dólares, que no alcanzan ni para la comida.

En Cuba existe una libreta de racionamiento que le brinda a la población una lista reducida de productos para paliar sus necesidades de alimentación.

Sabotaje de Yatama

¿Cómo te recibió la población nicaragüense?

Sinceramente, muy bien.  Yo me sentí muy acogido.  La gente sabía que nosotros estábamos allí para reforzar la asistencia médica y brindar atención en especialidades como cirugía, ortopedia, medicina interna y pediatría.  El obstáculo eran lo opositores del FSLN, porque trataban de sabotear nuestro trabajo.

¿Quiénes eran esos opositores y qué les hacían?

El partido indígena Yatama.  Para ellos nosotros representábamos un obstáculo para sus intereses políticos, nos levantaban falsas acusaciones, desmeritaban nuestro trabajo haciendo campañas en nuestra contra en los medios de comunicación, sobre todo en los programas de radio.

¿Por qué representaban un obstáculo?

Porque ellos saben que nosotros somos parte de un proyecto político que nos usa como gancho para acarrear votos dentro de la comunidad.  Yo no digo que las brigadas no tengan un matiz humano, pero, sin lugar a dudas, los médicos somos un instrumento de los gobiernos sandinista y cubano, porque nadie ni nada es apolítico.

La corrupción

¿Por qué desertaste?

Yo siempre vi la brigada como una oportunidad de salir de un sistema que no tiene futuro.  El comunismo nos ha llevado a una economía de miseria y a una vida de penurias, con una prostitución galopante bajo el visto bueno de las autoridades.  Todo esto para promover la exclusividad y la calidad de la única actividad económica que es rentable en la isla: el turismo.  Además, también vi muchos actos de corrupción que denuncié y que me acarrearon muchos enemigos.

¿Cuáles actos de corrupción?

El director de la brigada emitía órdenes para sacar jabones, papel higiénico y otros productos de primera necesidad para suplir las necesidades de los médicos, pero en vez de repartirlos, se los quedaba para él y otros dirigentes nicaragüenses, manteniendo un lucrativo negocio a costa de nuestras necesidades.  Y todo eso lo pagaba el Minsa.

¿Alguna vez lo denunciaste?

Sí, porque nosotros teníamos que usar nuestros ahorros para pagar algo que por derecho nos correspondía.  La idea de todo cubano al salir de su país es trabajar duro para ahorrar la mayor cantidad de dinero y mandárselo a su familia, pero esto era un robo a lo descarado.  Y como yo lo dije, decidieron sacarme de la brigada y enviarme de regreso a Cuba.  Allí fue cuando decidí escapar y de mi situación migratoria y (elaborar) mis planes para salir de Nicaragua.  No puedo decirte nada.

Su concepción del proyecto cubano

Cuba es una prisión en el mar, donde no existe la posibilidad de hablar ni de criticar los errores del sistema en aras de mejorar nuestra mermada economía.  La Revolución cubana es un proyecto social que es bueno en su esencia, pero que ha sido distorsionado por quienes están en el poder.

¿En qué forma lo han distorsionado?

La esencia de la Revolución Cubana fue la erradicación de un sistema de clases donde la empresa privada era la dueña de los medios de producción, y tenía como objetivo alcanzar la igualdad de acceso a la educación y a la salud.  Pero lo que tenemos hoy dista mucho de lo soñado por hombres como José Martí y el Che Guevara.  Nuestros medios son afuncionales porque son controlados por el gobierno, no tenemos acceso a internet ni a las noticias internacionales, y los logros del gobierno se han deteriorado.

¿Por qué?

Porque en estos 51 años hemos experimentado una pérdida de los valores, un deterioro profundo de los sistemas de salud y de educación.  Cuba se está desangrando.  Nuestros jóvenes están emigrando a otros países en barcos, llantas, balsas y hasta en el tren de aterrizaje de los aviones.  Buscan contratos de trabajo fuera, se casan con extranjeros o utilizan las brigadas internacionalistas, los conciertos y los campeonatos de deportes para buscar nuevas oportunidades en otros países.  Y a medida que el tiempo pasa, la sociedad cubana envejece, crece la expectativa de vida pero perdemos la fuerza laboral más fuerte y productiva.

(*) Publicado con la autorización de El Nuevo Diario de Nicaragua.




Un comentario sobre “Razones muy dolorosas para dejar la patria

  • Me imagino que el Sr Rafael sabe que por muchos anos el gobierno cubano no lo dejara regresar a Cuba y ver a su familia por muchos anos, de verdad que tiene tremendo coraje al hacer lo que hizo, yo no pudiera estar mucho tiempo sin ver a mi hijo, me volveria loca
    Yo no sabia que los internacionalistas vivian tan mal, con tantas faltas de igiene y hasta pasando hambre, de verdad que le traquetea ver como los Dr cubanos que son los mejores al mundo tengan que vivir en esas condiciones por tal de poder llevar a casa un poco de dinero para poder vivir mejor y como los hnos Castros se llenan la boca hablando de los internacionalistas. Descarados, sinverguenzas y abusadores que son, Dios es grande y yo se que yo vedre la fine de todo ese abuso, ellos no pueden vivir en eterno

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