La eterna pesadilla de la escasez en Cuba

Por Ivett de las Mercedes

HAVANA TIMES – No todas las personas logran sortear la Covid 19 libres de estrés, mucho menos los que tienen a su cargo a padres ancianos. Ivón Camacho Aquila (47 años) ha visto su vida trastocada, y no sabe hasta cuándo.

HT: ¿Podrías contarnos cómo has llegado a este estado actual de depresión?

Ivón Camacho: Contar lo que me sucede sería interminable. Tengo la seguridad de que es una acumulación de meses. Antes de que llegara la pandemia a Cuba ya enfrentábamos carencias, pero al menos ibas al mercado agropecuario y podías comprar algunas viandas y frijoles, y en las tiendas casi siempre había salchichas, picadillo o pollo. Ahora pasan semanas y tanto el mercado como las tiendas están vacíos, y el día que llega algo, la desesperación es general.

Vivo en un conglomerado de edificios, solo una cuadra me separa de la tienda más cercana. Los vecinos marcan en la cola de madrugada. Algunos no duermen ni dejan dormir. En un inicio no sabía de qué se trataba el barrullo, pero un día fui a buscar el pan antes de las siete de la mañana y me topé con una cola kilométrica. Creo que ahí comenzó mi depresión. 

HT: ¿Te sumaste a la cola de madrugada?

IC: No me quedó otra alternativa. Luché contra este impulso durante semanas, pero cuando las provisiones amenazaron con agotarse, no encontré otra solución. Solo yo sé lo que me costó dar este paso. Recorrí diversas tiendas del municipio y a pesar de que llegaba muy temprano, ya la cola era inmensa.

En ocasiones me quedaba hasta el mediodía con la esperanza de alcanzar un turno, pero las pocas veces que lo logré se terminaron los productos antes de que me tocara. Si hubiera vivido sola no me hubiera importado comer cualquier cosa, pero mis padres están bajo mi cuidado… Un buen día me preparé mentalmente y bajé a marcar sin saber que mi sacrificio no siempre iba ser recompensado.

HT: ¿Quieres decir, que a pesar de llegar madrugada tampoco alcanzaste víveres?

¿Qué trae el camión?

IC: Hubo ocasiones en que el pollo no alcanzó ni para los primeros 100 turnos.  En otras, a las diez de la mañana informaban que el camión, que supuestamente traería los suministros, no llegaría. Muchas veces la situación se puso bien intensa porque la gente estaba desesperada. Pero como siempre el cubano habla lo que es y lo que no es: muchos especulaban que los dependientes de la tienda apartaban productos para su casa, y aun suponiendo que fuera así, el problema principal es el poco suministro de mercancías.

HT: ¿Ha intervenido la policía para mantener el distanciamiento y evitar indisciplinas?

IC: Sí. La policía a veces ayuda a calmar los ánimos, pero el descontento no termina. Es muy fuerte después de estar horas esperando, regresar a casa con las manos vacías. No sé si lo hacían en todas las tiendas o si fue algún tipo de denuncia, pero cuando dijeron que no se podía hacer colas de noche, la patrulla empezó a pasar alrededor de las tres de la madrugada, y la gente corría a esconderse en las escaleras. Por suerte, yo marcaba y subía a ver a mis padres.

Es un escenario indignante. Tampoco puedo comprender por qué no ponen afuera de la tienda una tablilla con los productos en venta. El presidente y la ministra de Comercio lo han repetido una y otra vez por la televisión, pero en algún momento la cadena de responsabilidad se rompe. Lo lógico es que con un día de antelación se sepa si vendrá o no el camión de abastecimientos. 

Como quiera que lo miren es una falta de respeto y consideración. Incluso si el camión llega en la tarde con la mercancía refrigerada, lo natural sería ponerlo a conocimiento del público, pero tampoco sucede.

¿Qué serían los ingredientes de este “cárnico”?

Otro tanto ocurre con el aseo, desde marzo en mi casa no tenemos desodorante, y el detergente solo pude comprarlo una vez. He tenido que gastar el jabón de baño para lavar. El que venden en la bodega no alcanza. Mi padre muchas veces se orina antes de llegar al sanitario. Es que todo es una gran contradicción, hay que cambiarse de ropa y lavarse constantemente las manos, pero el abastecimiento de productos de aseo es insuficiente.

Después hay que escuchar que quienes marcan de madrugada son revendedores y acaparadores. No creo que en estos momentos sean muchos los que compren para revender, mucho menos si dan un solo artículo por persona y la policía te pide el Carnet de identidad, para que no vuelvas a comprar y supuestamente alcance para todos. Mucha gente prefiere pensar en esta versión del acaparamiento antes que aceptar que son muchos los necesitados.

HT: ¿Entonces no has podido comprar alimentos?

  1. En una ocasión, una vecina me marcó, y después de seis horas bajo el sol logré comprar una bolsa de pollo. Una verdadera odisea. Unos días después casualmente alcancé a comprar jamón y chorizo en el reparto Buena Vista. Fue una gran caminata que valió la pena.

HT: ¿Tus padres tienen alguna dieta especial o pueden comer de todo?

IC: En mi familia todos padecemos de la presión, el corazón y el colesterol alto. Pero en una realidad como esta hay que comer lo que aparezca.  No he podido comprar vegetales, y las frutas están muy caras. Entre la chequera de mi padre y mi salario (que ahora está al 60%) no alcanza para mucho, me he vuelto una maga.

HT: ¿Qué opinas de la gente que vende los turnos?

IC: Creo que le ha preguntado a la persona equivocada. Estoy harta de las críticas, de esas personas que miran, pero no ven nada. Para mí vender un turno es otra forma de sobrevivir. Es muy fácil reprochar cuando se tiene la nevera llena. Se ha preguntado ¿por qué alguien marcaría de madrugada para vender uno de los turnos?  La respuesta es muy sencilla: con ese dinero y algo más esa persona, que casi siempre es mujer y no precisamente joven, puede comprar algo que necesitan sus hijos.  Si pudiera sería la primera en comprar un turno y ayudarla.

HT: Estar en un mismo sitio tantas horas debe ser agotador. ¿Qué sientes mientras estás en una cola?

IC: Primero, indignación, después tristeza. Me agobia ver tanta gente necesitada y desesperada, hablando siempre de lo mismo.  A veces me aparto, pero me he dado cuenta de que si converso el tiempo pasa más rápido y no me deja pensar.

La realidad es que me duele que no podamos librarnos de la escasez. Si no es por el bloqueo, es por la caída del muro de Berlín, o por un huracán, ahora hay que agregar la Covid 19 a la lista. Todo esto me ha provocado una gastritis tremenda, sin contar que sin darme cuenta aprieto mucho los dientes y después me duele la mandíbula. Pero eso no es todo: cuando no estoy deprimida, estoy alterada. Tengo una amiga que se queja de que solo hablamos de comida, y lo triste es que tiene razón. 

HT: ¿Tus padres están ajenos a toda esta carencia?

IC: Conocen que hay escasez, pero no los atormento con la situación de las colas. Antes de la Covid 19, ambos eran más activos. Buscaban el pan, algunos mandados e iban al puesto a comprar vegetales y frutas. Yo siempre me encargué del resto. Están encerrados desde marzo, y la falta de actividad los tiene lentos. Muchas veces los ayudo a bañarse. Es una suerte que se lleven bien, siempre están pendiente uno del otro.  Intento llegar con buena cara para que no se preocupen y si me demoro invento cualquier pretexto. Si imaginan que estoy todo el tiempo en colas de seguro que se brindan para ayudar y es mejor que se mantengan en casa, protegidos.

HT: ¿Crees que puedas resistir mucho más con ese estrés sostenido?

IC: Quisiera abrir los ojos y no tener que mirar el reloj.  Tener tiempo para volver a disfrutar la puesta de sol, regar mis plantas y escuchar música sin preocupación. Pero no puedo, tengo una responsabilidad.  Ahora tengo comida, pero el detergente y el jabón se están acabando. No tengo frijoles y lo que me queda de arroz no alcanza para todo el mes.

La escasez no va a terminar con la pandemia, va a agudizarse, y yo voy a seguir haciendo lo mismo. Tengo en mis pupilas la imagen del camión blanco donde traen el pollo, lo veo hasta con los ojos cerrados, lo sueño, y lo peor es que no me doy cuenta en qué momento pregunté el último de la cola.

4 thoughts on “La eterna pesadilla de la escasez en Cuba

  • Pienso que esta carencia nos cogió de sorpresa a todos y como escribe Ivon Camacho, antes se podia conseguir algo, pero ahora ni siquiera viandas y frutas. El pasar a la Habana a la 1ra fase va a hacer que colapse y que suban los casos de Covid como olas y lo peor es que no hay intenciones de cerrar. Es como si fuera una táctica de eliminar un poco de gente asinadas. Saben que Cuba es un país envejecido y ellos son los que más riesgos tienen. Vivo en Centro Habana y estan anunciando que hay un evento de transmisión cerca de aqui. Me pregunto: Como evito contagiarme si ya mi director esta exigiéndome que vaya a trabajar todos los dias. Todo es mentira y burocratismo puro. Hicimos un documento post covid para cuando comenzaramos la trabajar y no se ha cumplido nada, al contrario. No se cual es la diferencia de una fase a otra, lo que si tengo la seguridad es que la Habana seguirá hoy con 15 casos, después con 30 porque sigue la indisciplina. La peluquería cerca de mi casa el sábado estaba llena de personas sin distanciamiento social.

  • Muy interesante esta entrevista y sobre todo refleja la pura realidad de lo q se vive hoy. Hay muchos q no lo han sentido xq pagan para q le traigan las cosas a la casa. No creo q existan tantas personas con tan buen corazón y q ponen en la TV llevándoles algunos productos de la tienda a los más vulnerables, y más sabiendo q solo es 1 producto x persona. Si realmente esas personas existen me quito el sombrero ante ellos.

  • es una historia que se repite entre todos los cubanos o la mayoría. la covid era una realidad antes de que llegara a Cuba y personalmente no pensé que íbamos a vivir tantos desconsuelos. algunos dicen que es una gripe o una simple gripe y no es así, porque de lo contrario no hubieran tantos fallecidos. la carencia es mundial pero en Cuba tambien existe la carencia de pensamientos, de cordura y de humanidad para con los demás. es un tema que jamas tendrá fin. me veo reflejado en esta entrevista porque mi madre es anciana y ha tenido que comer de todo aun haciéndole daño. pero lo que sí no ha cambiado es la solidaridad de los vecinos y los amigos. buen testimonio.

  • Muchos cubanos han vivido cosas iguales y algunos peores, ejemplo las personas mayores que viven solas, esas si se la están viendo dura, y muy difícil, desesperante, en mi familia quien consigue algo lo comparte y ha dado resultado, el mérito mayor es para el integrante de más edad, lo que comento y sigo diciendo el gobierno se coge a cualquier chisme y desmantela el surtido a las tienda, qué relación hay entre la gripe y el desabastecimiento

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