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Un desenlace extrañamente feliz

Por Pedro Pablo Morejón

HAVANA TIMES – No tengo casi nada de comer para este fin de semana. Me dirijo a la tienda, por suerte hay carne de cerdo, tan cara que con un pequeño paquete me veo despojado del último dólar magnético (MLC) que tenía, gastando más de 3000 pesos al cambio.

También paso por un pequeño puesto de viandas, hay plátanos y compro alrededor de 16, que me salen a 140 pesos. En estas recuerdo una de las frases de mi madre cuando decía “hay que tener un banco de dinero” y eso antes de llegar esta inflación del demonio.

Me quedo “arrancao”, como le llamaban antes al que no tenía un peso, aunque algo me queda, que es bien poco.

Un anciano mugriento compra a mi lado. Observo su dificultad para abrir una bolsa plástico, lo ayudo pero noto algo extraño, las manos le tiemblan y de pronto se desploma. Lo sostengo antes de la caída, le ayudo, más bien lo arrastro y lo siento en la acera.

Sufre pequeñas convulsiones y me veo sin saber qué hacer. Me parece ridículo llamar al policlínico, sé que moriría allí sin que aparezca alguna ambulancia. La gente pasa indiferente, sumida en sus luchas cotidianas por la supervivencia. Bien podría largarme y dejarlo tirado, a nadie le importará, pero no lo hago.

Por suerte llega una mujer. No imagino su edad aunque debe ser joven, cabello de color indefinido, algo sucio, recogido en una cola.

“Cojones, estoy cansada de decirte que no puedes salir solo pa la calle”-es su saludo-“ Me tienes cansá, me dan ganas de dejarte aquí”.

“¿Eres familia de él?”- le pregunto. Apenas asiente e imagino que debe ser la hija. Me pide que la ayude. El señor solo balbucea palabras ininteligibles, ella le habla con rudeza, le reprocha por ser un viejo y me explica que es epiléptico y no tiene el medicamento que necesita porque hace rato no viene a la farmacia.

Lo llevamos hasta su casa que queda a par de cuadras. Hay que entrar por un interior. Llegamos a un sitio muy parecido a esos solares que pululan en los barrios más pobres de Centro Habana.  Me recibe un hedor impreciso y discreto, aunque pestilente que me alborota el sistema respiratorio provocándome náuseas.

Al llegar, lo sentamos. El anciano esta semiconsciente, ya es cerca del mediodía y hay un calor asfixiante. El sudor recorre toda mi espalda enchumbando la camisa. Un señor, no sé si evangélico o Testigos de Jehová realiza su proselitismo en una habitación cercana.

“Con el hambre que hay a esta hora y ese blanco venir a hablar de Dios”- dice una mulata mientras echa humo de un cigarro.

El anciano parece recuperarse, pienso que mi asistencia cumplió su objetivo y que es hora de irme.

“Bueno me voy, lamento lo de tu papá, espero que se mejore y resuelvan el medicamento”

Me mira de un modo extraño, alelada como una zombi y ni siquiera me da las gracias. Me alejo sudado, extrañamente feliz bajo el sol abrasador y en medio de este calor insoportable. No sé si por la compra, por hacer un pequeño bien para endulzar la conciencia en esta selva de sálvese quien pueda o por constatar una vez más que muchos están peor. Yo al menos tengo salud, algo para alimentarme y un poco de esperanza.

Lea más del diario de Pedro Pablo Morejón aquí.

Pedro Morejón

Soy un hombre que lucha por sus metas, que asume las consecuencias de sus actos, que no se detiene ante los obstáculos. Podría decir que la adversidad siempre ha sido una compañera inseparable, nunca he tenido nada fácil, pero en algún sentido ha beneficiado mi carácter. Valoro aquello que está en desuso, como la honestidad, la justicia, el honor. Durante mucho tiempo estuve atado a ideas y falsos paradigmas que me sofocaban, pero poco a poco logré liberarme y crecer por mí mismo. Hoy soy el que dicta mi moral, y defiendo mi libertad contra viento y marea. Y esa libertad también la construyo escribiendo, porque ser escritor me define.

4 thoughts on “Un desenlace extrañamente feliz

  • No puedo imaginar cómo se las arreglan las personas para pasar el mes,los jubilados,las amas de casa de cubanos de a pie, porque la verdad que está situación es insostenible , hasta para los que ganan los mejores salarios en este país, solo en una Cuba libre podremos disfrutar de una buena situación económica como merecemos todos.

  • El problema de los medicamentos es muy grave, muchas personas con padecimientos crónicos no lo tienen y al estado no le preocupa. Tengo un familiar con un padecimientos nervioso que está a base de cocimientos. ¿Cómo va a prosperar un país con una población enferma, desnutrida y desmotivada?

  • Pedro

    Lo felicito por su buen carazon, es doloroso que usted sea testigo de una escena de tanta miseria. Ese sistema hasta deshumaniza a las personas, los vuelve insensibles ante el dolor ajeno.

    Jose m

  • El noticiero y la realidad como el ying y el yang; pero a quien parece interesarle en el piso de los decisores? Las ultimas sesiones parecian un meta universo paralelo, que tendra el curry del Bucan y la cafeteria del palacio? O será el agua?

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