La leyenda de Roberto Bermúdez

Por Pedro Pablo Morejón

HAVANA TIMES – Los campos cubanos tienen historias que, de compilarse en libros de fábulas, constituirían lo que bien se podría llamar mitología campesina cubana. Son relatos de guajiros, sobre todo, de edad bien avanzada.

Como crecí en el campo, muchas de esas historias no me son extrañas. Recuerdo de niño escuchar asuntos de tesoros ocultos enterrados al borde de ceibas, palmas, etc. Minas o botijas de oro, al decir de los narradores que, por tradición oral o por ser testigos de primera mano, se encargaban de propagarlas.

Los niños de mi generación las escuchábamos fascinados, sobre todo, por la curiosidad infantil mezclada con la pasión y la fe inquebrantable de quienes las relataban. En los campos pinareños, muchas guardan relación con el fantasma de Roberto Bermúdez.

¿Quién fue este cuyo nombre es archiconocido en los campos de Pinar del Río?

Haciendo un poco de historia podemos decir que fue una persona real. Nació en el poblado de La Esperanza, antigua provincia de Las Villas, allá por el año 1871. Se alzó en armas el mismo 24 de febrero de 1895 demostrando gran bravura, convirtiéndose rápidamente en un líder insurrecto temido por los españoles.

Cuando el lugarteniente general Antonio Maceo inició su campaña para llevar la guerra a Occidente, Roberto Bermúdez lo acompañaba bajo sus órdenes como jefe de la vanguardia del contingente invasor, ya con grados de coronel.

Y como resultado de sus éxitos en la región occidental, basta mencionar que las tropas a su mando ocuparon innumerables pueblos, y que el 17 de enero de 1896 se llenó de gloria al convertirse en el héroe del combate de Las Taironas, fue ascendido por el Titán de Broce a general de brigada. Contaba solo 23 años y se había convertido en el más joven de los generales mambises.

Todo ello, lo hizo Maceo pasando por alto innumerables rumores de atrocidades cometidas por Bermúdez. En realidad, existía, más allá de su probado patriotismo, un lado oscuro en su personalidad. Fue un hombre extremadamente sanguinario.

Con el tiempo resultaron probados sus matanzas y asesinatos a civiles, saqueos, enterramiento de botijas de oro y posteriormente de quienes lo acompañaban a hacer los entierros, chantajes, extorsiones…razones estas que lo llevaron a enfrentar un juicio militar por órdenes del Generalísimo Máximo Gómez.

Hasta entonces, ya sea por falta de pruebas, por necesidad de contar con un guerrero de su calibre, o por las razones que fuesen, Maceo solo le había dado alguna que otra reprimenda, en buen cubano: le había “pasado la mano”.

Sin embargo, llegadas a oídos de Gómez, fue citado a su campamento, acudiendo engañado, pues pensaba que le encomendarían alguna misión. Una vez que llegó fue detenido y tuvo que enfrentar dicho juicio, resultando culpable de las acusaciones. Su defensa estuvo basada en que a él lo condenaban por matar, mientras los demás jefes hacían lo mismo. Fue fusilado el 12 de agosto de 1898.

A partir de entonces se ha cocido la leyenda sobre el espíritu de Bermúdez, de quien se dice que vaga por los campos pinareños, ofreciendo sus mimas a quien esté dispuesto a utilizarlas en propósitos militares.

No pueden sacarla quienes no estén autorizados, pues existen dos muertos que las protegen, presuntamente aquellos a quienes Bermúdez asesinó al borde de la mina.

Para corroborar la leyenda, Rosario Mesa, un campesino que vivía en mi barrio, relataba a todos cómo se le ocurrió extraer unas botijas que, según sus palabras, se encuentran a metros de su casa.

Al comenzar a excavar escuchó voces conminándole a desistir. Él, ignorándolas, continuó, hasta recibir una andanada de cachetadas que lo dejaron aterrorizado.

¿Será cierto? Escuché su historia de primera mano en presencia de mayores. Era un hombre serio, nada parlanchín y todo su lenguaje corporal indicaba sinceridad.

Todavía tengo la ficticia imagen de mi niñez, cuando con una mezcla de curiosidad y temor imaginé tantas veces a Bermúdez venir en su caballo blanco para ofrecerme alguno de sus tesoros.

Pedro Morejón

Soy un hombre que lucha por sus metas, que asume las consecuencias de sus actos, que no se detiene ante los obstáculos. Podría decir que la adversidad siempre ha sido una compañera inseparable, nunca he tenido nada fácil, pero en algún sentido ha beneficiado mi carácter. Valoro aquello que está en desuso, como la honestidad, la justicia, el honor. Durante mucho tiempo estuve atado a ideas y falsos paradigmas que me sofocaban, pero poco a poco logré liberarme y crecer por mí mismo. Hoy soy el que dicta mi moral, y defiendo mi libertad contra viento y marea. Y esa libertad también la construyo escribiendo, porque ser escritor me define.

5 comentarios sobre “La leyenda de Roberto Bermúdez

  • La cuarta dimension ?

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  • ASI mismo yo oí todas estas historias de Roberto Bermúdez y en la finca de mi padre, había un palmar muy grande y no se me olvida nunca cuando de pequeña iba con mis hermanos y veía una Palma con su iniciales y la fecha que no recuerdo ahora cuando el acampó allí con sus soldados y allí se decía que había un botín enterrado pero que nadie encontró.

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  • Anécdotas como esta son tus mejores posts. Siempre te digo que tienes madera para contar historias.
    Saludos desde Miramar.

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  • Nunca falto en una fiesta o comida campesina estas historias y de mis escritores favoritos es Onelio Jorge Cardoso, él supo recrear la vida del campo cubano

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    • Bueno, no por gusto a Onelio le consideran el mejor cuentista

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