Pan de viernes por la noche

Paula Henríquez

imagesHAVANA TIMES — No basta solo con proponerse las cosas para lograrlas. No siempre se cumple el popular dicho. Generalmente trato de no ser negativa, tampoco demasiado optimista. Más bien creo que soy realista, tan realista que algunos me tildarían de pájaro de mal agüero.

Esta es una reflexión recurrente… sobre todo, después de vivir una decepción, una desilusión más. ¿Acaso no estamos acostumbrados? Pues no. No acabo de acostumbrarme al daño, a la mala maña de algunas personas de lastimar al de al lado.

Resulta que mi esposo y yo quisimos regalarle a nuestra nena una visita al Acuario por haber concluido el tercer año en su círculo infantil. Hasta allá fuimos, alegres los tres, pues ya la nena disfruta de los espectáculos y comprende más lo que sucede alrededor.

Al llegar, había una fila esperando que abrieran el centro, eran más de las 5:30 p.m. Mi esposo se acercó a la ventanilla con la intención de comprar los tickets de entrada, yo me había quedado detrás. Casi sin demora lo veo regresar, la expresión en su rostro no era precisamente de felicidad: las entradas costaban el doble de lo habitual.

Al preguntar las razones por el alza repentina y, sin previo aviso, del precio (los carteles en la propia casilla anunciaban otra cosa), la funcionaria nos respondió que se trataba de una función especial de viernes por la noche. Consternados, decidimos irnos, no sin antes expresar nuestro malestar.

Días después conversaba sobre el suceso con mis compañeros de trabajo. Algunos me criticaron por la decisión, ellos alegaban que fuimos unos “exagerados”, que aun cobrando el doble, los tickets no estaban caros. Por supuesto que no estaban caros, eso lo sé, lo supe de antemano en aquel momento. Solo que no se trata de los precios en sí, sino de la forma brusca en que estos cambian, cambiaron en dicho caso, sin previo aviso.

Si tal día estaba planificada una función especial, un espectáculo especial, según sus propias palabras, ¿por qué no lo anunciaban afuera de la instalación? ¿Por qué fue tratada como una actividad extraoficial? Si lo que sobran en cualquier centro son los carteles, ¿qué costaba poner uno avisando del alza del precio? Es un deber de la administración del centro informar a la población sobre cualquier cambio que pueda ocurrir.

La forma en que dicha funcionaria le explicó a mi esposo lo del precio doble de la entrada puede parecer muy sospechosa, sobre todo ahora que empiezan las vacaciones y hay tan pocos lugares adonde ir. Ahora que los padres se vuelven locos con tal de complacer a sus pequeños. Temporada en que, si se planifican “espectáculos especiales” y se cobra el doble del precio estipulado en los lugares de diversión, los susodichos padres, algunos cubanos de a pie, tendrán dificultades para llevar a los pequeños. No sé a ustedes, pero a mí… todo me suena raro, me suena a que buscaban el pan de viernes por la noche.

Paula Henriquez

Paula Henríquez: Desde pequeña me han dicho que debo tener cuidado con lo que digo en público. “Piensa antes de hablar, sobre todo delante de los demás”, me decía mi mamá y, entonces, resultaba más un ruego que un regaño. Aún hoy la escucho… y la cumplo, solo que no hablo… escribo. Las letras, las palabras son mi escape, mi salida y las catarsis diarias, las que imprimo en el papel, me reavivan. Y esta foto… me refugia.

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One thought on “Pan de viernes por la noche

  • Mira, la vida es muy corta. Mientras esté al alcance de tu bolsillo y te represente satisfacción mi consejo es: págalo aunque sepas que va directo al sartén de la cajera. No le metas mente a eso, es imparable. Y no te limites porque con eso no vas a cambiar nada.

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