Decadencia de Coppelia: mayor heladería cubana

Isbel Díaz Torres

Carta original de Coppelia de 1966.
Carta original de Coppelia de 1966.

HAVANA TIMES — Este diario es apenas para compartir una copia que ha llegado a mi correo, de la Carta original de Coppelia, allá por el año 1966, fecha en que fuera fundada la célebre y mayor heladería cubana.

El documento presenta con sobriedad de rojo, negro y blanco, una bailarina de ballet clásico, presumiblemente en una de las poses del ballet Coppelia. Sin embargo eso no es lo que llama la atención a quienes hoy miramos el histórico plegable, sino la increíble cifra de 26 sabores:

Almendra, coco, chocolate, nuez, melocotón, tutti frutti, café, coco almendrado, caramelo, naranja piña, piña glacé, mantecado, fresa, serpentina de fresa, plátano, guayaba, vainilla, serpentina de chocolate, chocolate nuez, chocolate menta, chocolate malta, vainilla con chocolate chips, menta con chocolate chips, moscatel, crema malteada, crema de vie.

Hace mucho tiempo que, con suerte, los que frecuentamos la Catedral del Helado podemos encontrar dos sabores, si acaso tres. Por lo general algún helado blanco de sabor indescriptible, y con menos frecuencia fresa y chocolate… quizás en honor al bello filme de Titón.

Solo un sabor.
Solo un sabor.

Pero volvamos a la carta de 1966. La alucinante cifra de 26 sabores toma carácter fantástico cuando nos enteramos que estos pueden ser repartidos en unas 24 combinaciones:

Arlequín, cola con helado, gaseosa con helado, granizado, soda, batidos, suero Coppelia, Coppelia, soldado de chocolate, amanecer, juanillete, canoa india, parfait, copa Lolita, arlequín especial, splits, ensalada de helados, turquino, cake a la moda, sundae, sundae supremo, sundae primavera, copa Melba, tres gracias.

En una de las caras se agrega con delicadeza que “Todas las combinaciones que llevan helado de almendra costarán 0,20 más”, lo cual es consistente con los precios de la época.

La especialidad más barata era el arlequín, la cual contaba con una bola de helado de dos sabores a elegir, por un precio de $0.50.

Por su parte, la más cara de las ofertas era la ensalada de helados, la cual constaba entonces de cinco bolas de helados a escoger de cremas o frutas, con sirope apropiado al sabor. Hoy sabemos, sin embargo, que una ensalada son cinco bolas, por lo general del único sabor en oferta, acompañado de un chorro de azúcar prieta derretida.

Bolas huecas de la Coppelia de hoy.
Bolas huecas de la Coppelia de hoy.

El portal Cubasí publicó hace poco la aventura de una joven periodista en la heladería, titulado Coppelia: El extraño caso de los casquitos de chocolate. El gracioso texto del sitio oficialista denuncia cómo les negaron el permiso para filmar en la instalación, y cómo los expendedores roban helado de cada una de las bolas que ofertan.

Por lo visto, Coppelia da para mucho más, aunque cambien periódicamente al administrador. Ya tengo en el tintero un diario sobre sus jardines y otro sobre el robo de helado al por mayor en la esquina más céntrica de esta isla.



11 thoughts on “Decadencia de Coppelia: mayor heladería cubana

  • Isbel:

    Queda claro que Coppelia ya es un cadáver. O peor: una bufonada de su imagen original. A menos que la rehagan de pies a cabeza (y de paso cambien muchos otros factores exógenos) , nunca volverá a ser lo que fue por al menos cinco años a partir de 1966. Los que la conocimos en su día iniciático somos los que más sufrimos cada vez que visitamos este Frankenstein actual, que para colmo de males – y como bien apuntas – ha devenido centro nacional del trapicheo, el mal trato y el robo al descaro.

    Los 26 sabores de Coppelia se hicieron tan populares en aquellos días, que hasta había una parodia de la por entonces muy escuchada balada de Pilar Moráguez “Yo quiero ser tu juguete”, que decía:

    “Yo quiero ir a Coppelia,
    para tomarme un helado,
    de 25 sabores y de cuarenta centavos…”

    Evidentemente, esa melodía no cabe en el hit parade del reguetón

    Gracias a personas como Anna “Connie” Veltford, dueña de un asombroso archivo cubano, se conservan estas memorias.

  • el papel lo aguanta todo, nene. yo era una niña de 8 años en el 66, y sí, cierto, el coppelia llegó rebosante con sus 26 sabores, etc. –hecho a la medida para sofocar, in so many more ways than one, los calores y la escasez de todo que ya reinaba en todas partes. ice-cream-freeze le dicen a esa sensación del frío que se te sube a la cabeza y no te permite pensar. te ofusca, y das vueltas hasta que pasa, y luego otra cucharadita…

    ya para el 67 las colas del coppelia eran insoportables y cuando por fin te sentaban, sólo había 3 o 4 sabores, casi nunca de chocolate, el más vendido. ya para el 68, año en que mi familia se fue de la Fermosa –dejándola en tan buenas manos, alabao–, apenas nos tocaba a elegir un sabor, y teníamos que recurrir a ir a tomarnos un vasito del helado casero donde Serafín, un señor que hacía los mejores mantecados de Matanzas… o el de sabor a galletica de María, uno que se inventó para apañarse con la escasez.

    y eso, LindoIsbel, fue a finales de la gloriosa y heroica primera década del desastre.

  • Que alguien me diga en que época hubo los 26 sabores y las 24 especialidades. Yo lo conocí en mi niñez, en los 70, y habrían quizás 4-5 sabores y una cola mas chica que en los 90, pero había cola.

    En gastronomía menos es mas. Un menú mas chico garantiza comida fresca. Un menú extenso va de la mano con un inventario envejecido y mermas.

    Un local pequeño lo manejan pocas personas, sin mucha necesidad de supervisión. En un local mas grande siempre te roban.

  • Si habian los 26 sabores y tambien unas colas de varias horas de espera. Una cola, era para la planta alta y abajo cada area tenia su cola individual, incluyendo las canchas. Las ensaladas de cinco sabores se servian en platos hondos. Recuerdo que mis sabores favoritos eran el de almendra y el de melocoton, con pedacitos de esa fruta dentro. La fresa tenia fresas congeladas enteras dentro!. Ya en los 70, con la crisis de los diez millones, que todo se cerro para ir a cortar caña la heladeria empezo a declinar en sabores, luego en especialidades, se perdi el cake y mas tarde los flanes de la copa lolita y el platanito del banana split, mas tarde sustituyeron la leche de coco que le daba ese sabor unico con otra metralla para hacer del coppelia de hoy una caricatura de lo que fue. Visitando la casa de Hochimin en Hanoi me enseñaron ons potes plasticos de una pinta con la marca Coppelia y me dijeron que Fidel le mandaba esos helados al Tio Ho cada mes en un IL-62 de Cubana!!!

  • atanasio:

    Lo que dices es correcto, desde la mayúscula al punto final.

  • Los dos primeros años (66-68) fueron los mejores. Había de todo lo anunciado en esa carta y muy bien servido, siempre en unas copas altas de cristal, que en el fondo exhibían la dosis de sirope. Nada que ver con las copas de latón que llegaron después. Y además, el personal era muy bien escogido, sobre todo las muchachas que atendían directamente al público, ataviadas con un uniforme muy característico, tipo escocés, y que con mucho orgullo se hacían llamar las “coppelianas”. En aquel entonces trabajar en Coppelia era un estatus. Y nada de despachar bolas huecas como ahora. Valía la pena hacer la cola.

    El nacimiento de Coppelia coincidió con una amplia campaña para mejorar la gastronomía nacional, que en un principio funcionó, pues además de la gigantesca heladería surgieron como flores (o se remozaron) las pizzerías, al estilo de Milán, Cinecittá, Montecatini y la Romanita, donde por tres o cuatro pesos se podía consumir un excelente menú italiano adaptado al paladar criollo. También abrieron los Mar-INITs, con ofertas de comida marina auténtica y a bajo precio; y los Tropiquines, (nuestros Mc Donalds de los 60s, la casa del “frozen” y las medianoches), y se consolidó la oferta de los Drive-Ins, (una herencia estadounidense donde reinaban las leches malteadas y las hamburguesas), y que tenían sus puestos más representativos en Solmar, de Paseo y Malecón, en el Vedado, y el San Rafael Drive-In, de Marianao. Y esto es apenas una parte…

    En aquel momento se produjo una curiosa situación, pues competían por el paladar del consumidor las entidades estatales y los negocios privados, si bien todo parecía ir en favor del Estado, pues lógicamente contaba con más y mejores recursos. Pero eso duró lo que un merengue a la puerta de un colegio. Con la Ofensiva Revolucionaria del 68 – que exterminó todo vestigio de propiedad privada- , y luego la histórica y depredadora zafra del 69-70, nos quedamos en cueros. Literalmente. Para 1971, comer en una pizzería o ir a Coppelia equivalía a una hazaña. Y ni siquiera aquel lema de “Mi trabajo es usted” logró salvar a nuestra gastronomía de las profundidades del Averno.

    Y lo dejo aquí, porque se me ha hecho la boca agua y se me encoge el corazón….

  • Me acuerdo de los 26 sabores de Coppelia. Y de las colas. Bueno, solo fuí dos veces cuando aquello. Hace tanto tiempo que salí de Cuba que todavía pensaba que existían los 26 sabores. Muy cierto que después del ’68, lo que cayó en Cuba no era de amigos. Todo cerrado, nada de comer ni de beber en ningún lugar, Y de ropa, ni hablar. En esos tres años entre el 68 y el 71, cuando me fuí, todo fué cuesta abajo. Y más después de que ‘los Diez Millones’ no fueron. Pero sí recuerdo aquellos años antes cuando estaba de moda la canción Yo quiero ser tu juguete. Por cierto, le sacaron un montón de parodias. Había una que comenzaba con: Yo quiero ir a Coppelia con mis zapatos calados…Y el resto se me olvidó. Talvéz era parte de la misma que Isidro mencionó.

  • Coppelia es exactamente una metáfora de la revolución. De los sueños de generaciones de cubanos. Lo que ven que queda de coppelia es en similidad lo que queda de la “revolución”. Eso mismo a pasado con los servicios de salud y educación. Todo lo que queda es una elite enquistada en el poder.
    Que ahora trata de enriquecerse a costilla de lo que perteneció a otros.

  • Es logico que no dejen filmar en el coppelia, pues esa informacion podria caer en manos del enemigo. Cambiar la administracion? Para que, si el que viene detras siempre supera al anterior cuando de robar se trata.

  • Fui cuando visite Cuba, pues es un lugar emblematica, pero la calidad del helado mala, y muy cara,,,todo es caro en este país,,si se tiene en cuenta que la calidad de los productos y la atencion al cliente es mala,

  • Isbel:

    Se me habían quedado un par de recuerdos en el “tintero” sobre la madre de todas las heladerías. Ya los años – o algún despunte de Alzheimer- empiezan a hacer estragos en el cacumen. Pero creo una vez recuperados, que vale la pena volcarlos acá.

    Cuando Coppelia abrió sus puertas en el verano del ’66, su refresco oficial – que indefectiblemente acompañaba a todo helado – era la Coca-Cola. El icono yanqui estuvo vigente en la Catedral del Helado por un tiempo, aunque no logro precisar por cuánto con exactitud. Eso sí, creo que para entonces el “jarabito” había sufrido alguna que otra variación en su fórmula, a causa del bloqueo de EEUU, pero se seguía envasando en plantas habaneras y en la archiconocida botellita con forma de criollita. Luego fue sustituido por el refresco Son, hoy también pasado a mejor vida.

    La combinación más modesta de la heladería por aquel entonces era soldado de Chocolate con Coca-Cola. Si mal no recuerdo salía en un peso. El soldado era un vaso más modesto que las copas estándar para otras ofertas, donde se echaban un par de bolas bien despachadas y sirope de ídem caliente. Aquella combinación, a pesar de sus evocaciones foráneas, se sentía bien cubiche. Imagina, soldado de chocolate, en la época en que pululaban los reclutas del SMO por la zona, muchos de ellos negros, en matrimonio con aquella sinuosa botella verde, que reunía todos los atributos para ser declarada mujer criolla: pechugona, caderúa y con mucho dulce por dentro.

    Otro detalle es que la heladería le debió mucho a la inspiración y empeño de Celia Sánchez. Quizás sin ella, hoy no existiría el sitio, como tantos otros lugares (Parque Lenin incluido) donde aquella mujercita fue dejando su huella. Tu generación no conoce eso, pero por aquel entonces la gente que vivía con algún entuerto, con frecuencia recibían un consejo: “escríbele a Celia Sánchez”, y a muchos que ayudó.

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