Mi visión del mundo matemático

Foto tomada en Matagalpa, Nicaragua

HAVANA TIMES – Mi gusto por las matemáticas inició en mi infancia cuando tenía entre nueve o diez años, dormía en la misma habitación que mis abuelos por miedo a dormir solo. En esos tiempos mi abuelo y yo solíamos jugar antes de dormir, cuando las luces estaban apagadas él me decía un país y yo le respondía con su capital o me hacía preguntas matemáticas que yo resolvía en la mente para poder responderlas. En ambos casos me corregía en caso de equivocarme.

Así fui abriendo mi mente ante los ejercicios matemáticos y a la importancia que tenían los números en la vida cotidiana. En esa edad cuando iba a hacer mandados siempre me decían que tenía que calcular cuánto dinero me tenían que devolver, a veces contaba mis pasos hasta la tienda más cercana.

Me gustaban mucho los números; pero cuando las sumas, divisiones y exponenciales empezaron a incorporar letras empecé a odiarlas. En parte porque no me gusta la literatura o la lectura y tener a mis peores enemigos justo al lado de los números que siempre me acompañaron hasta ese entonces era un acto de traición.

El tema que me costaba en ese tiempo eran los productos notables, no quise aprender nada de eso y perdí mi año escolar. Al siguiente año cambié de instituto, por suerte ya estaba acostumbrado a cambiar de escuelas así que no me afectó mucho.

En el nuevo instituto tuve una profesora de matemáticas que me cayó muy bien, me gustaba el cómo enseñaba y terminé aprendiendo los productos notables que tanto me costaban antes.

En tercer año de la secundaria se celebran las Olimpiadas de Matemáticas y de Lengua y Literatura como dos eventos separados, yo participé en ambos. Pero lo importante para mi era las Matemáticas.

En ese concurso participan los distintos institutos de la zona, el ganador va a concursar contra otros institutos pero a nivel de municipio y así hasta llegar al nivel nacional.

Bueno, me acuerdo de que entre los participantes había un chico que venía de mi antiguo instituto. En ese momento me sentí como en los típicos animes de Spokon (animes de deportes) en los que los participantes se preparan antes de sus torneos y dan su mejor esfuerzo, así mismo se encuentran con contrincantes contra quienes rivalizan.

Pues ese chico de mi antigua escuela era mi rival en ese entonces y yo quería ganarle, quería destacar sobre él y demostrar que el instituto en el que estaba en ese momento a pesar de ser más pequeño que el anterior tenía un gran nivel.

En el examen estuve bastante nervioso, pero fui avanzando a través de los ejercicios tratando de estar lo más seguro posible de mis respuestas. Hasta que llegó un ejercicio el cual no supe cómo responder, ya era mi último ejercicio.

En ese momento mis nervios estaban por los cielos y algunos participantes ya habían entregado su examen. El apuro sacó lo mejor de mi e intenté resolverlo por lógica. Aún hoy creo que mi respuesta fue correcta porque no nos devolvieron el examen para saber nuestra puntuación.

Al final del día terminé en tercero y mi rival quedó en primer lugar. Me sentí muy frustrado, perdí puntos no haber usado una fórmula y porque no demostré cómo llegué a mi respuesta. Fue un golpe duro pero mi amor por las matemáticas creció aún más a partir de ese entonces.

En quinto año de la secundaria se celebran las Olimpiadas del saber. Ese concurso abarca Matemáticas, Lengua y Literatura, Deportes y no me acuerdo si también incluía inglés. En ese concurso me volví a encontrar con mi rival y esa vez las cosas fueron diferentes, yo quedé en tercer lugar y mi rival no consiguió ningún lugar. Además, mi compañera logró ganar la competencia Femenina, así que nuestro Instituto levantó la cabeza mostrando el nivel que tenía.

En la Universidad que estuve en Nicaragua no sucedió nada especial con las matemáticas, más bien se me complicaron nuevo. Graciosamente ahora las entiendo mejor en la nueva Universidad de la que soy parte.

Creo que es un poco lógico, pero no fue hasta hace poco que me di cuenta de que las matemáticas se basan en saber hacer un procedimiento para después aplicarle Ctrl + Z  (Combinación de teclas usadas para deshacer una acción en Windows).

Por ejemplo, aprendes a sumar para luego restar, aprendes a multiplicar para luego dividir, aprendes a exponer un número o elevarlo a una potencia para luego aprender a sacarle raíz.

No fue hasta ahora que estaba aprendiendo derivadas e integrales que me di cuenta de ese patrón. Y no me habría dado cuenta de no ser por la profesora que en un momento le llamo “antiderivadas” a la integración.

Al final de cuentas las matemáticas me relajan, el poder encontrar una solución a un problema por más complicado o difícil de entender que me resulte, se me hace bastante satisfactorio.

Me acuerdo con mucho cariño una vez que un profesor nos dijo que nos daría puntos extra por resolver una sucesión numérica, es decir, encontrar el número que separa a dos números en una sucesión de números.

La sucesión numérica era la siguiente 1, 2, 4, 8, 16, 32, 64…

Mis compañeros y yo empezamos a pensar en la posible respuesta, hablamos del tema, tratamos de llegar a una respuesta entre nosotros tres. Al final los puntos extra en la clase pasaron a ser un tema secundario, solo queríamos saber la respuesta correcta.

La alegría que sentimos cuando logramos encontrar la respuesta sin ayuda del profesor fue uno de los sentimientos de logro más grandes que he tenido.

Al final creo que me gustan las matemáticas porque son exactas, porque son retadoras, porque tienen presencia en todo rincón del mundo.

Ojalá me gustara la geometría, porque así podría aprovechar las pocas veces en las que puedo ver formas geométricas básicas, en los objetos normales. En momentos así de especiales veo cubos, esferas, conos o pirámides que podría aprovechar en cosas artísticas como el dibujo o el modelado 3D.

En sí las matemáticas son preciosas, si no las aprecias es simplemente porque no tuviste una experiencia lo suficientemente importante como para darle el amor que merecen. Y estoy completamente consciente de que eso es algo que me sucede con la literatura.

Y es que la literatura, la redacción no son mi fuerte, no me gustan mucho, pero sé que en la literatura hay mucha belleza que aún no soy capaz de ver.

Escribir aquí en Havana Times es un reto que tengo para poder apreciar más la literatura, apreciar la redacción y el arte de las palabras.

Muchas gracias por acompañarme en esta reflexión y coméntame ¿Cuál es esa clase que te gustó en algún momento de tus estudios a la cual le dedicaste tanto tiempo?

Axel Saenz

Soy un joven veinteañero y conocí el mundo de los videojuegos y la cultura general del internet desde los 12 años. Soy una persona que le gusta reflexionar y ser moralmente correcto. Amo a los animales, el mundo de la tecnología, las artes escénicas incluyendo el cine, animación japonesa y demás. Acompáñame a conocerme mejor en esta travesía a la que me enfrentaré.

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One thought on “Mi visión del mundo matemático

  • Axel, disfruté mucho de tu artículo, mi primera profesión fue como topógrafo donde se emplean las matemática aplicada geometría, trigonometría, yo la clasificado como la ciencia de los ángulos y distancias a partir de las funciones senos, cosenos y tangentes.; Después de graduarme como ingeniero he seguido el “vicio” de las matemáticas incluyendo mis estudios de posgrado. Tu articulo me incentivado a escribir algunos artículos sobre la deducción matemática en algunos trabajos de ingeniería. Es muy importante que continúes profundizando en las matemáticas, porque actualmente con los programas matemáticos incorporados a los equipamientos de medición, la mayoría de los profesionales involucrados en esos trabajos mas que técnicos se han convertidos en operadores de máquinas robotizadas.
    Moustafa Hamze Guilart, São Paulo

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