Esteban Morales o La agonía del pez volador

Alfredo Fernández

Esteban Morales. Foto: Patricia Grogg, IPS

Luego de contratiempos para conseguirlo he terminado de leer el artículo “Corrupcion: La Verdadera Contrarrevolución” del intelectual cubano Esteban Morales. También pude leer su posterior carta de rechazo a su expulsión de las filas del Partido Comunista Cubano (PCC) como consecuencia de dicho artículo.  En ambos documentos encuentro puntos coincidentes y también otros de los que difiero y que me gustaría  comentarlos.

El artículo me parece un tanto reduccionista al ver la corrupción que vive la Cuba actual como el mayor enemigo de La Revolución, aunque es cierto que la corrupción alcanza hoy niveles nunca vistos dentro del proceso cubano. Sirva de ejemplo lo común que se ha hecho entre los trabajadores del país conseguir puestos laborales que le permitan robar, pues el salario que paga el estado (alrededor de 20 cuc) sólo le garantiza vivir prácticamente en la indigencia.

Luego de leer el artículo pudiera pensarse que una vez eliminada la corrupción se emergerá de manera expedita a un camino que coloque al país en cierta holgura económica.  Esa conclusión del autor me sumerge en verdaderas dudas. No soy economista, pero cierta lógica aprendida en mi carrera de Estudios Socioculturales me dice que la sociedad es un sistema complejo donde varios  problemas convergen y para estudiarla, hay que necesariamente concebirla como un asunto  multicausal donde muchas veces lo que parece no es lo que es.

Hace unos días  mientras viajaba en un ómnibus escuche a una persona decir algo que me dejó perplejo, “Oye, si ahora al Gobierno le ha dado por perseguir a  los corruptos, entonces ¿qué será de nosotros? El profesor Morales se espanta de “dirigentes corruptos” que de alguna manera abren puertas de almacenes para, que, por ejemplo, productos como la leche en polvo se vendan en el mercado negro a 70 pesos (moneda nacional) el  kilogramo. Ese mismo kilogramo cuesta 5.35 CUC,  (128 pesos en moneda nacional) en la red de tiendas por divisas.

No quiero ser un aguafiestas del profesor Morales pero confieso que me asusta pensar que una vez terminada la corrupción en Cuba, los trabajadores tendremos que pagar casi la mitad del salario mínimo mensual (alrededor de 270 cup) si quisiéramos desayunar con un vaso de leche.

Me gustaría que se eliminara la corrupción que enriquece a unos pocos mientras el resto de la población vive inmerso en una economía de subsistencia, pero para que este virus una vez eliminado no mute y así no resurja con mayor fuerza, tendrán necesariamente que bajar los precios de los productos de primera necesidad, o bien, subirse los salarios a niveles que permitan vivir dignamente de ellos.

El presidente Raúl Castro reconoce en la eficiencia una llave que abrirá puertas al socialismo cubano para salir de su crisis, de ahí que haya anunciado el pasado primero de agosto la necesidad que tiene el país de prescindir de un millón de puestos de trabajo en el sector estatal. Pero, para que la añorada eficiencia se logre, el Estado está obligado a tomar medidas de mayor apertura en lo que al sector del trabajo por cuenta propia y a la pequeña empresa se refiere, ya que allí, sin dudas,  irán a dar la mayor parte de estos trabajadores excedentes,  por no decir que todos.

Las reglas tendrán que cambiar

A diferencia de los años noventa (donde se autorizó el trabajo por “cuentapropia” pero sin el establecimiento de almacenes con venta de mercancías a precios de costo donde los “cuentapropistas” pudieran adquirir lo necesario para ejercer su trabajo de una manera efectiva) el Estado esta vez tendrá que flexibilizar el sistema legal de modo que medidas e impuestos excesivos no obliguen a los “cuentapropistas” y pequeños empresarios a devolver la licencia y por consiguiente pasar a integrar el mercado negro a tiempo completo, cosa que resultaría fatal para el futuro de la sociedad cubana.

De este modo los pequeños nuevos “empresarios” podrán obtener ganancias que le permitan pagarles salarios dignos a sus trabajadores y así no se sientan explotados. Pienso también que el Estado tendrá que fijar el salario mínimo en estos nuevos espacios laborales, para que el trabajador particular no quede abandonado a la crueldad de su empleador. Esto tiene que suceder si en realidad se quiere dar una opción loable a trabajadores que al salir del sistema empleador estatal y adquirir la licencia del trabajo por cuenta propia, tendrán que lidiar con la zozobra que siempre invade a todo el que posee un negocio por aquello de si vendo o no el  producto

Por otra parte, una cuestión vital para estudiar (aspecto que por su complejidad no trataré en estas notas) será el hecho de que entre el millón de trabajadores a quedar excedentes en los próximos meses, habrá muchas personas negras*, pues aunque todavía no se concreta la medida, éste continua siendo el sector de la población cubana de menor instrucción, cosa que complejiza aún más el estudio para la realización del paquete de medidas para el nuevo sector laboral.

El maldito encanto de la corrupción

Durante los años 1997 al 2003, para poder pagar un alquiler que como empleado del estado nunca hubiera podido, trabajé ilegalmente en cuanta labor pude en el Mercado Único de Cuatro Caminos. En esos años vi pasar por dicho mercado a tres directores que colocados por el propio estado en dicho cargo (militantes del PCC), terminaron siendo expulsados de sus puestos (y por supuesto, del partido) siempre bajo el delito de corrupción, dos de ellos fueron a prisión.

En lo personal creo que tenían las mejores  intenciones como directores, al ocupar el cargo, pero el sistema, con su característica de depositar excesivo poder y recursos en un solo hombre, propicia que éste termine sintiéndose intocable y por consiguiente sólo vea en sus críticos a enemigos de los que tiene que librase, y aquí le doy la razón al Dr. Morales en su segundo artículo, pues recuerdo que a los militantes del partido del mercado que se atrevieron a denunciar la inmensa situación de corrupción (las tardías auditorias  sólo constataban lo dicho), no se le escuchaba.

La bandera.

El humorista Carlos Gonzalves, (El Profesor Mentepollo) compara a los corruptos cubanos con los abducidos. Personas que son escogidas por extraterrestres para ser estudiadas sin recibir daño alguno, advirtiendo el sagaz profesor, alrededor de los corruptos, un aura protectora tan sobrenatural como la de los abducidos. Esa “aura protectora” les permite a los corruptos tener una vida derrochadora, incluso a la vista de los trabajadores.

El profesor Mentepollo justifica su tesis cuando dice que observa en las calles lo difícil que le resulta a un obrero justificar ante un “intransigente inspector” de la vivienda, la compra de un saco de cemento o una carretilla de arena, cuando a solo unos metros de él, el referido abducido construye toda una mansión sin mayores contratiempos.

Dudo que existan los abducidos por los marcianos, pero si es evidente la existencia de muchos que bajo la anuencia de algún alto puesto brindado por el gobierno (que no sé por qué motivo los coloca casi siempre por encima de la ley), se aprovechan impunemente de lo que le es imprescindible a los ciudadanos para realizar un proyecto de vida eficaz.

Aunque ya me referí en un párrafo anterior al hecho, deseo precisarlo. Se trata de algo que a mi entender afecta tanto como la corrupción: el excesivo poder concentrado alrededor de los dirigentes.

Esto dota a la sociedad cubana de una fuerte estructura jerárquica que a no dudar hará revivir con facilidad a la corrupción y a la burocracia en caso de que ocurriera el milagro de que desaparecieran algún día.

De hecho, el propio Morales se muestra ambiguo en su postura frente al poder, al criticar a dirigentes que por excesivamente poderosos se tornan corruptos, al tiempo que señala como peligroso que trabajadores desfilen el Primero de Mayo en la plaza de La Revolución con carteles, “que si bien no son contrarrevolucionarios, no estaban orientados por la CTC.”

La autodeterminación de algunos pocos obreros de confeccionar el cartel con que quieren marchar el Primero de Mayo, lejos de afectar a La Revolución, la dinamiza y oxigena, en un país que desde hace tiempo muchos trabajadores se vienen cuestionando, a nivel de pasillo, el papel del sindicato en los centros laborales. Por otra parte, creo que las posibilidades reales de subsistencia del socialismo estarán allí donde se construyan sociedades lo menos jerárquicas posibles, facilitándose así en todo momento el consenso entre los ciudadanos.

La circunstancia de la pena de muerte

La fuerza es el recurso de los débiles, reza un viejo proverbio. Si hay algo de lo que me gustaría siempre escapar es de la violencia, ésta no puede ser solución de nada, puesto que sólo argumenta desesperación y sobre todo escasa inteligencia. Tampoco creo que un estado que aspire (eso siempre ha intentado el cubano) a construir una nueva cultura, sin dudas superior a la anterior, tenga que fomentar la violencia al peor estilo medieval.

El profesor Morales, en lo que pudiera ser su peor momento, no sólo de su segundo artículo; “El misterio de la santisima trinidad: corrupción, burocratismo, contrarrevolución”, sino también del anterior, pedirá como condena a los corruptos, “el fusilamiento o la cárcel de por vida”(sic), estoy de acuerdo con la segunda de las penas y nunca con la primera, pues la pena de muerte priva al Estado que la realiza de toda posibilidad de ser visto como un gobierno de futuro.

En un mundo donde hay países que cada día avanzan en las sanciones para los que infringen sufrimiento a los animales sería una torpeza mantener la pena de muerte dentro del sistema legal.

Huelga decir que el profesor Morales se permite semejante petición, aún después de reconocer que “La causa número 1” que concluyó con el fusilamiento del Héroe de la República de Cuba, General Arnaldo Ochoa, .”..fue un trauma político para la nación y lo continua siendo,” (Sic).

Argumenta su propuesta con el hecho de que en China se fusila casi inmediatamente a todo aquel dirigente que se le haya comprobado el mencionado delito. Y  me pregunto, ¿no será esa ausencia de misericordia del gobierno chino por la vida del que se ha equivocado, la misma que lo lleva hoy a concebir la naturaleza como medio y no como fin?

Es real ese avance tecnológico y económico que ese país experimenta, pero que hace apuntar a muchos analistas que los chinos en los próximos años, más que en los Estados Unidos, tendrán su peor enemigo en el enorme deterioro medio ambiental que allí hoy tiene lugar y que hace dudar a muchos de las posibilidades del sostenimiento “del milagro chino.”

Es más, me imagino que al igual que el Dr. Esteban Morales en Cuba ha escrito un artículo que ha molestado al Partido titulado Corrupción: ¿la verdadera contrarrevolución?, exista uno en China que ya haya escrito otro igual de incómodo, titulado Deterioro ambiental: ¿La verdadera contrarevolución?, y ojalá que este compañero, después de separársele del partido, no sea fusilado bajo cargos de “corrupción ideológica”

La crítica como posibilidad

Entre las voces que se han levantado en defensa de la injusta expulsión del PCC que ha sido objeto Estaban Morales, escuche una que defendía al Partido y también a Morales diciendo algo así como que “el partido debió de acudir a otro tipo de sanción menos severa.”

Como dice la biblia, “el que quiera oír que escuche,”

San Marcos 4:9 Entonces les dijo:  El que tiene oídos para oír, oiga.

Mark 4:9 Then Jesus said, “He who has ears to hear, let him hear.”

O sea, que si usted es un revolucionario con la suficiente visión como para advertir de posibles males que acosan a su organización y a su país, después de expresarlos y lejos de comprobar y debatirse lo dicho, usted tendrá que esperar como premio una sanción.

Algo así hace dudar sobre la capacidad de esta institución para resolver problemas del país en un futuro que a no dudar será mucho más complejo que el presente. Lamentablemente no es Esteban Morales el primer militante en Cuba que es separado de las filas del partido por criticar  dentro de principios revolucionarios, problemas puntuales que afectan a La Revolución.

Nunca olvidaré la fuerte impresión que me causo leer que Jean Paul Sartre luego de escuchar “Las palabras de Fidel a los intelectuales” en la Biblioteca Nacional en junio de 1961 concluyera que “no le importaba que los que no estaban con La Revolución no pudieran hablar, pero lo que le preocupaba mucho era que lo que estaban con La Revolución no pudieran hablar.”

A lo largo de estos cincuenta años el Estado ha terminado tildando a todo el que levante la voz para señalar algo (militante del partido o no) de desinformado, ingenuo, confundido o lo que es peor, de estarle haciendo el juego al enemigo.

No sé, pero luego de expresar mis puntos de vistas sobre lo sucedido en torno al profesor Esteban Morales, me gustaría comparar este hecho con la triste equivocación que existe en torno al pez volador (que a veces divisamos desde el Malecón), pues pensamos que este alza vuelo sólo porque gusta de hacerlo, cuando en realidad vuela desesperadamente para escapar del pez mayor que le persigue, cayendo muchas veces en el pico del ave que afuera lo espera.

Ojalá que en el futuro  a los que critiquen lo mal hecho no se le depare un destino tan agónico como el del pez volador.

(*) Para mayor información ver el libro La problemática racial en Cuba, del propio Esteban Morales Domínguez

Alfredo Fernandez

Alfredo Fernandez: No me fui de Cuba, pues uno no se marcha de donde nunca ha estado. Luego de gravitar por 37 años en esa extraña isla, logré pisar tierra firme, sólo para comprobar que no he llegado a ninguna parte. Quizás y nunca perteneceré a sitio alguno. Ahora vivo en Ecuador, pero por favor, no me crean del todo que ando donde digo, mejor localícenme en la Cuba de mis sueños.


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