La Otra Pandemia III

Verónica Fernandez

Foto: Veronica Fernandez
Foto: Veronica Fernandez

A principios de este año, una brigada constructora del Ministerio de la Construcción, junto al Instituto de la Vivienda, decidieron tomar por asalto un terreno que había detrás de mi casa para construir viviendas y entregárselas a personas que se encuentran desde hace tiempo en albergues porque sus casas se destruyeron por completo o sufrieron grandes afectaciones por los huracanes que azotaron fuertemente a Cuba durante los años 2007 y 2008.

En particular, son habitantes de los municipios Habana Vieja y Centro Habana, de la capital cubana. Estos lugares generalmente siempre han resultado los más afectados a causa del mal estado en que se encuentran las viviendas por su antigüedad y por la falta de recursos para su reparación y mantenimiento.

Cojimar, mi pueblo, situado al este de la bahía de la Habana, se ha caracterizado por tener escasos edificios, pues en su mayoría son casas las que distinguen este reparto y aunque no es muy bien mirada esta idea por gran parte de sus habitantes, hay que reconocer que es urgente y necesario utilizar estos espacios vacíos para ir satisfaciendo la altísima demanda de viviendas que existen hoy día en mi país.

La idea es excelente y muy razonable para los vecinos que convivimos —por así decirlo— con estos constructores. Lo que no es excelente es el despilfarro y robo de materiales que se esta llevando a cabo. Ya me lo habían dicho algunos vecinos, pero yo quería tener la oportunidad de presenciarlo con mis propios ojos y tuve la suerte de poderlo constatar.

Hace unos pocos días, al llegar del trabajo, sentí un gran alboroto, el vecindario estaba revuelto  y era porque había llegado un equipo enorme llamado concretera y después de verter el material que hacia falta en esta construcción, le había sobrado y lo habían echado en el mismo centro de la calle, obstaculizando el trafico de vehículos, pero además, el chofer de esta concretera, estaba limpiando todo el residuo de materiales que le había quedado frente por frente a mi casa y a la del vecino de al lado.

Inmediatamente entre para mi casa a buscar mi cámara para tirarle una foto a la concretera, pero cuando llegue, el chofer salio huyendo con su equipo, no obstante, pude memorizar el numero de su chapa: HUB 385.

Inmediatamente, pedimos hablar con el jefe de la obra que lo justifico todo-como era natural que pasara- y solamente pudo mandar a que sus constructores recogieran con palas esa mole de hormigón que habían derramado en el mismo centro de la calle.

Poco después de este funesto suceso, pude tomar con mi cámara a 2 personas que sacaban materiales para vender, cuestión esta que se realiza a cualquier día y hora. Asimismo, pude tomar otra foto del estado en que quedo la calle después de la tirada del material y la limpieza de la concretera.

Tanto mis vecinos como yo, nos preguntamos: ¿Hasta cuando continuara sucediendo esto? ¿Habrá alguien que le pueda poner límite a este despilfarro y robo de materiales? ¿Es que acaso, los jefes que tienen que responder por esto, no controlan, no se les exige por sus superiores o es que sus superiores, también están en el negocio?

Esta y muchas interrogantes tengo en mi cabeza y dejan mucho que desear. ¿Cuántas personas están necesitando de pocos materiales para reparar sus casas y sin embargo, nos damos cuenta que se esta botando y a cuantas personas les hace falta y no tienen dinero para comprarlos a sobreprecio como los venden ellos mismo y no pueden adquirirlos? ¿Hasta cuando vamos a ser tolerantes con lo que esta ocurriendo?

Ahora me explico el porque muchas personas rehuyen de estas brigadas constructoras. Hay mucha gente que me dice que no les interesa si ellos venden los materiales o no, pero lo que les interesa es que respeten lo ajeno, el lugar donde están trabajando porque lo están haciendo dentro de una comunidad donde hay personas y no animales.

Asimismo, aparecen a diario tirado dentro de las casas papeles, objetos que desechan y hasta escombros me han dejado caer en la misma puerta de mi casa. Esa es la mala fama y el desprestigio que se han ganado y por mucho que se diga, no hay respuesta.

¿A quien le importa? Hay un verdadero refrán cubano que dice: esto no es mío, es de liborio. Y como es de liborio, del estado, entonces se puede hacer lo que se le antoje a cada cual. Cada día recuerdo mas a mi primo periodista cuando me dijo hace ya mucho años: “Esto, no hay quien lo arregle.”

Veronica Fernadez

Veronica Fernandez: Naci en el pueblo de Regla, al otro lado de la bahia de la Habana. Muchos reglanos, huyendo de la contaminación de la refinería de petróleo, tradicionalmente han ido a vivir en Cojimar. Asi hizo mi familia cuando apenas cumplí cuatro años. Desde niña he sentido atracción por las artes y las letras. La poesía y el ensayo son mis predilectos. Tuve la dicha de estudiar Filología en la Universidad de la Habana con profesores de tallo mayor. Como Capricornio, me encanta la organización, la madurez de las personas, lo romántico de la vida y el desinterés, medula espinal de estos tiempos. Disfruto la comida criollo (arroz blanco, frijoles negros, pork y yuca con mojo) y la italiana, el chocolate y tomar un mojito en el casco histórico de mi ciudad.



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Cabo San Lucas, Baja California, México. Por Ray McCloud Hensley (EUA). Cámera: Google Pixel

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