No le pegue del mismo lado

Por Alejandro Langape

Seguridad de género. Foto: asere.com

HAVANA TIMES – En un país en el que las noticias suelen contarse tarde y mal (si es que se cuentan) en los medios oficiales, las redes sociales devienen oportunidad única para conocer de primera mano aquello que, antes de la irrupción de las nuevas tecnologías, llegaba a nuestros oídos como rumor repetido por Radio Bemba.

Revisando en Facebook, he encontrado el siguiente post de Roxana Petrovna Krashnoi Vladivostova, del que transcribo textualmente un fragmento:

“Este 31 (referido al 31 de diciembre de 2019) descuartizaron a una joven mujer en Jarahueca, provincia de Sancti Spíritus. Un exmarido exconvicto y padre de la hija, violó a su exmujer y luego tiró sus restos desde un precipicio. Frecuentes en esa zona rural. Tranquilamente cenó y le dijo ya tarde al hermano que llamara a la policía de Yaguajay, para que vinieran a por él…”

También Facebook da cuenta de que el 13 de enero se descubría en las ruinas del antiguo cine Neptuno el cadáver de una mujer y, ese mismo día, en su muro, Mel Herrera se preguntaba “¿Cómo se puede ser un país tan torpe tanto tiempo y tantas veces?” y contaba la historia de las muchas golpeaduras, violaciones y maltratos verbales sufridas por su madre, y como al intentar denunciar al padre de Mel por ello, no encontró apoyo y comprensión entre las autoridades policiales.

Para concluir, por las mismas fechas, la periodista Lisette Bustamante contaba su propio calvario con el padre de su hija, un militar que también la golpeara y amenazara reiteradamente.

No es casualidad, sucesos aislados, ni mucho menos fake news. En Cuba, la violencia de género es un fenómeno real, complejo y reiterado, aunque la percepción de la ocurrencia de este no sea alta, especialmente entre los jóvenes. Y es que para muchos el acoso y asedio callejero con claras connotaciones, los tocamientos y miradas lascivas que soportan las cubanas en las calles, centros de trabajo y transporte público, son apenas parte de nuestra idiosincrasia latina y expresiones más cruentas de conductas violentas como el femicidio.

Cierto que la nueva Carta Magna cubana habla de los derechos de la mujer y su protección, pero la idea de legislar explícitamente respecto a la violencia de género no es descabellada. Dejaría claramente establecido en un corpus de obligatorio cumplimiento las conductas que se consideran como tal, regulando los procedimientos a seguir con los comisores de actos violentos y las mujeres expuestas a este fenómeno.

Esto siempre bajo el precepto de que ellas son víctimas que nunca deben ser culpabilizadas. Pienso en el famoso performance El violador eras tú, cuya repetición en La Habana fue ninguneada en los medios oficiales cubanos.

También pienso en las conductas a seguir por autoridades oficiales (entiéndase policías, funcionarios encargados de registrar estos hechos, abogados), terapeutas, la sociedad en general, e incluso, la posibilidad de crear grupos interdisciplinarios de apoyo a las víctimas. Incluiría establecer órdenes de alejamiento para los agresores, habilitar centros donde recabar ayuda especializada y un número telefónico gratuito para denunciar y recibir información.

Todo esto y más cabría en la Ley Integral Contra la Violencia de Género que cuarenta mujeres propusieron debatir a la Asamblea Nacional del Poder Popular en la próxima legislatura. No se consideró necesario publicar una respuesta oficial al petitorio, simplemente no se incluyó el posible debate en el cronograma legislativo, algo sorprendente al considerar las historias que he contado al principio y que las mujeres son mayoría en el Parlamento cubano.

Hace veinticinco años, previo a la Conferencia sobre la Mujer en Beijing, otro grupo de cubanas vio destrozadas sus expectativas de sacar adelante proyectos que defendían los derechos de la mujer cubana. Las mujeres de Magín, pese a la ayuda recibida para financiar su viaje a Beijing, no pudieron asistir. Mirado con malos ojos aquel proyecto, al margen de la oficialista Federación de Mujeres Cubanas, las magineras fueron tratadas como disidentes y grupúsculo y conminadas a autodisolverse.

Hace poco, Teresa Amarelle, la actual presidenta de la organización femenina, cuyo programa de trabajo promueve la integración de la mujer en el proceso revolucionario, por encima del respeto a sus derechos y reclamos (nada de feminismo, obviamente), habló sobre aquel evento en China.

No fue para recordar la injusta exclusión de las magineras, sino para resaltar avances, citando las cifras de mujeres cubanas en el Parlamento y su peso en las esferas productivas. De la violencia de género y sus víctimas y la no inclusión del debate de la ley al respecto por la legislatura no se habló, al menos no en el resumen que de sus palabras hicieron los medios oficiales.

Mirar a otra parte, hacer caso omiso a reclamos que no provienen de la oficialidad. Ayer fueron las magineras las decepcionadas, ahora lo son estas cuarenta mujeres que tendrán que seguir esperando y las otras muchas que solo podrán, como en cierta canción de Melendi, suplicar a parejas actuales o antiguas “que no le pegue del mismo lao”.



Un comentario sobre “No le pegue del mismo lado

  • La violencia de genero existe, no es solo maltrato físico sino psicológico, emocional, pero cuando el ex marido viola y descuartiza eso es asesinato, la violencia no es solo de género, y no debería ser vista desde ese Angulo pues la mujer cubana con frecuencia maltrata a los hijos, como el padre le da golpe tanto a una niña como a un niño, no creo que tenga justificación, pues deberíamos educar a la familia en general sobre el maltrato, tanto en el anito familiar como en la escuela, porque desde que tengo uso de razón en las escuelas cubana los profesores golpean a los estudiantes, y el maltrato psicológico y las amenazas son constante, que resultados esperamos

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