COVID-19 sin nasobucos en La Habana

Por Lynn Cruz

Cola en una terminal de ómnibus de La Habana

HAVANA TIMES – Siempre he escuchado que una de las características del subdesarrollo es la sustitución. Hoy más que de costumbre en Cuba, soy consciente de esta condición. Pero más allá del nasobuco que no escasea, simplemente no existe, quiero hablar de la mutación de un Estado que devino en corporación.

Mientras avanzaba de manera acelerada el coronavirus en Europa, desde acá, los funcionarios públicos promocionaban a la Isla como destino seguro para el turismo. Antes, en diciembre de 2019, mirábamos con distancia cómo el olor a muerte se apoderaba de Wuhan, epicentro de la infección en China.

¿Desesperación, cinismo o esquizofrenia política? ¿Queda alguien cuerdo en el Comité Central?, ¿o están todos bajo prescripción facultativa? Estas eran algunas de las preguntas que me formulaba, cuando vi el gesto de Bárbara Cruz, directora de Mercadotecnia del Ministerio de Turismo en Cuba.

Cruz, al menos tuvo algo de pudor al no poder contener la mueca, para soltar su bocadillo que, a esas alturas, fue poco convincente: “¡Si los turistas quieren venir…!”  el desenlace, los vacacionistas han quedado en cuarentena en el hotel Playas Doradas, otros se encuentran varados en aeropuertos, o han tenido que salir huyendo del “paraíso comunista” con radioactividad en el aire.

Lo triste es que hoy día queda muy poco lugar a donde evadir este drama. He leído tanto y visto innumerables videos. Como esta situación es completamente nueva, no descarto nada de lo que veo, luego investigo y profundizo, para tratar de acercarme lo más posible a la verdad.

Hablan de armas biológicas, de una conspiración, guerra económica entre los imperios, pero lo cierto es que todavía no se ha comprobado si alguien finalmente se comió un murciélago con COVID-19. Se sabe que este es el huésped de la pandemia, pero se desconoce el origen exacto de la pesadilla.

Mesa Redonda, los dirigentes quieren generar conciencia con sus nasobucos puestos.

Ayer leí un artículo de uno de los pensadores posiblemente más agudo, entre nuestros contemporáneos, el israelita Yuval Harari: “La humanidad enfrenta una crisis global de grandes dimensiones”. Alerta que las decisiones que se tomen moldearán nuestras vidas, durante varios años y el riesgo de que la adopción de medios de vigilancia biométrica masiva trascienda la emergencia y habilite a que gobiernos y corporaciones controlen nuestras vidas.  Criticó severamente al presidente de EE.UU., Donald Trump, por tomar decisiones unilaterales, lo que dificulta una acción global no solo para combatir el virus, sino también limitar el daño de la economía mundial.

En efecto, nada volverá a ser lo mismo después de esta experiencia. Lo peor para mí es aceptar, delante de nuestras narices, la fragilidad de los sistemas.  Uno de los aspectos que más me ha golpeado es el hecho de que el Gobierno chino no alertara sobre la velocidad de contagio, para que esto generara conciencia en los demás países, a la hora de cerrar fronteras, declarar la cuarentena. El mandatario Xi Jin Ping, sencillamente, es una amenaza para la humanidad por haber permitido el silencio.

Por su parte Putin, a cargo de otro de los gigantes, solo piensa en reelegirse, negando los indicios, cada vez más próximos, de que la nación rusa sucumba en la crisis sanitaria. Mientras escribo, me parece que estoy haciendo ciencia ficción. El video juego The last of us hoy parece una noticia, en vez de una realidad alternativa.

Dicen que, en tiempos de guerra no existen enfermos mentales, porque la cosa vendrá después. Ahora se trata de algo muy básico y es la lucha por la vida. No hay tiempo para lamentarse. Está en juego la integridad física de todos, y ya eso es suficiente.

El presidente Miguel Diaz Canel.

Mientras estas realidades nos impactan, ¿qué será de los países pobres como el nuestro? Es como si no contáramos. Los sucesos acontecen en otra parte. Somos invisibles, Cuba solo es importante por ahogarnos de COVID-19 proveniente de un buque inglés.

O, la isla del Caribe embargada es tan potente, que puede ayudar a Italia a salir de su crisis con el envío de médicos. No es que minimice la tragedia en otra parte, es que la situación dentro de la Isla promete ser caótica.

Vaya inteligencia política la de Fidel Castro la que han heredado sus sobrinos, hijos, cuñados, concuños, yernos, y todos sus soldados. Lo que nunca se sabrá es el precio que ha pagado el pueblo cubano para que seamos noticia.  

Comenzó la guerra mediática, se culpan unos a los otros de la pandemia, pero falta la voluntad política que propone Harari para dar solución a un problema que nos atañe a todos.

Entonces, no me queda más que buscar entre mis trapos, pedazos de tela útiles, miro el lado positivo de mis nasobucos, hechos con material reciclado.  Tampoco corro el riesgo de que se agoten en el mercado. Suerte que tengo máquina de coser, pero, ¿qué será de los cubanos, que no tienen?

 

 

Lynn Cruz

No es el arte el que imita a la vida, es la vida la que imita al arte”, dijo Oscar Wilde. Y es que el arte siempre va un paso más adelante. Soy actriz y escritora. Para mí el arte, en especial la escritura, es un modo de exorcizar los demonios. Es algo íntimo. Sin embargo, decidí escribir periodismo porque me di cuenta de que yo no existía. En Cuba sólo tienen derecho a expresarse públicamente, las personas autorizadas por el gobierno. Havana Times constituye un ejemplo de convivencia dentro de una democracia y puesto que me considero demócrata, mi sueño es integrar la filosofía de este diario a la realidad de mi país.



5 comentarios sobre “COVID-19 sin nasobucos en La Habana

  • Sálvese quien pueda! Porque si esperas por los gobiernos no llegas a mañana

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  • Exacto, esa es la conclusión final. Estamos solos, no hay protección ninguna, tenemos un contrato social para que sigan otros llenando sus bolsillos a costilla de los de abajo.

    Respuesta
  • “Lo que nunca se sabrá es el precio que ha pagado el pueblo cubano para que seamos noticia. ”

    Eso ya se sabe a lo largo de más de medio siglo, de hecho tu artículo toca parte de ese precio. Lo que nadie sabe es cuánto realmente el gobierno está dispuesto a hacer pagar a los ciudadanos por aparecer él (que no los cubanos), en las noticias como bienhechor de pacotilla, porque los escrúpulos, la conciencia; el amor, el respeto y la preocupación por la ciudadanía están hace rato ausentes por completo. Protéjanse Uds, no me queda más remedio que darles este único consejo.

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  • Nunca sabrá el mundo quise decir, porque los cubanos cada vez lo entienden mejor. Gracias. Saludos.

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  • Es increíble como los gobiernos ocultan información, empecemos con china, este problema se hubiera controlado, o por lo menos no fuera tan caótico, lo otro que no entiendo todo se convierte en política,

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