Veracidad del proverbio

Dariela Aquique

Prostitución por calidad de vida.

Definitivamente gusto de los proverbios para explicitar determinados temas, ellos  per se poseen el don de ilustrar en síntesis un hecho cualquiera.

“La necesidad es la madre de todos los vicios” o “Miseria engendra miseria.” estos dos pertenecen a la misma familia de definiciones cortas que explican la subversión del sistema de valores aparejado, o en consecuencia, a las carencias económicas.

Claro está que no doy credibilidad absoluta a las frases, porque creo que los valores del  individuo no pueden depender del aspecto material, sino de una serie de preceptos y hábitos de conducta inculcados desde la niñez y que refieren más al estrecho entorno familiar (de aquí que el hogar es la primera escuela), que al amplio contexto social.  De todas formas, estas dos entidades: familia-sociedad, y viceversa, interactúan constantemente, ya que una es cimiento de la otra.

Evidentemente en los países tercermundistas, de altos niveles de pobreza y marginalidad, los índices de prostitución, violencia, juegos, drogadicción y otros tipos de vicios son mayores.  Sin embargo, no escapan a esta realidad las grandes metrópolis del primer mundo, donde también las estadísticas al respecto resultan sorprendentes.

Nuestro país en medio de un embargo económico, sin grandes riquezas naturales y a causa de otras cuestiones a las que no quiero referirme, de hecho, inmerso en el subdesarrollo, nos hace ser testigos a diario de una abrupta subversión de valores.

Quizás yo sea algo romántica y considere a esta “pérdida” solo un pretexto de ausencia de valores.  Si un individuo se estima lo suficiente como para salir adelante en la vida, pese a las precariedades y escaceses no apelaría a recursos innobles.

He visto en nuestras calles a jóvenes arrebatar una prenda, una cámara de video, una cartera a los turistas.  He visto a mujeres prostituirse por obtener una mejor calidad de vida.  He visto gentes lucrar con los beneficios de las ventas de drogas.  He sabido de dirigentes y gerentes corruptos que hacen grandes desfalcos económicos y viven cómodamente del robo y del desvío de recursos.  He escuchado a madres decirles a sus hijas casi adolescentes:

-¡Salgan a buscar fulas…!

Esta realidad es deprimente, los tiempos son convulsos y los proverbios dejan de ser proverbios para convertirse en práctica de vida.  Pero recuerdo otros más justos y posibles:

“Se puede ser pobre, pero decente” u otro que, más que frase o proverbio, fue una brillante sentencia del más grande de todos los cubano, nuestro José Martí:

“La pobreza pasa, lo que no pasa es la deshonra.”

Dariela Aquique

Dariela Aquique: Recuerdo mis años de estudiante como Bachiller, aquella profe que interrumpía la lectura de obras y con histrionismo sorprendente hablaba de las posibilidades reales de conocer más la verdad de un país por sus escritores, que por crónicas históricas. De ahí mi pasión por las letras, tuve excelentes profesores (claro, no eran los tiempos de maestros emergentes) y la improvisación y el no dominio de la materia quedaban descartadas. Con humildes pretensiones y la palabra de coartada quiero contribuir a mostrar la verdad de mi país, donde la realidad siempre supera a la ficción, pero donde un estilo novelesco envuelve su existencia.


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