Mi primer encuentro con los guardafronteras

Daisy Valera

Foto: Caridad

Las opciones recreativas para los jóvenes en La Habana, cada día son más pocas y caras.  El cine y el teatro son las que aun no han elevado sus precios, pero es complejo acceder a lugares donde la recreación sea escuchar música como jazz, trova, discoteca e incluso música popular bailable.

La inmensa mayoría de estos lugares cobran la entrada y el consumo en CUC, una moneda que es difícil de conseguir por los trabajadores de la isla, por tanto quimérica  para los jóvenes que no se dedican a negocios ilegales o no tienen familiares en el extranjero.

Entonces, la elección de irte a conversar con tus amigos a la costa en la noche, es una solución.

Definitivamente el mar es hermoso, aunque esté oscuro puede olerse y escucharse, además en la costa no cobran la entrada y un poco de pan y agua para consumir solo cuestan unos pocos pesos.

Me fui entonces con mis amigos al mar, decidimos olvidar que también esta forma de divertirnos nos podía ocasionar algunos problemas.

De las costas y playas cubanas en la noche te puede expulsar la policía o los militares, un grupo de jóvenes sentados se pueden convertir con facilidad en sospechosos de querer emigrar ilegalmente del país.

Quizás no nos iban a servir los argumentos de que el mar cubano es lindo a la hora que sea y que no alcanza el dinero para ir a otra parte.

Decidimos de todas formas correr el riesgo de ser sacados del lugar y de que no entendieran nuestras explicaciones.

Al llegar, los que sabían nadar se tiraron al agua y algunos desafortunados como yo, que aman el mar, pero también le temen decidimos conversar bebiendo un líquido con un sabor bien distante del que tiene el famoso ron Habana Club.

Hay temas que se han vuelto comunes, son esos que tocan las necesidades económicas que tenemos los cubanos, el temor por un retorno al período especial, las batallas de casi todos con una burocracia presente en todos los lugares posibles y las ansias, o no, de salir de nuestro hermoso país.

En  medio del acalorado debate, un jeep centra en nosotros sus luces, nos habíamos olvidados de los guardafronteras pero allí estaban, nos pidieron a todos nuestros documentos de identificación, y revisaron una por una nuestras mochilas.

Todo lo anterior transcurrió sin violencia pero con mucha seriedad, a ninguno nos gustó ser sospechosos de querer llegar a la Florida, demostramos que éramos todos estudiantes y que con un poco de pan en el equipaje nadie en los momentos actuales toma una lancha.

Fue entonces que los guardafronteras, más tranquilos, nos pidieron disculpas por las molestias, hicieron chistes con nuestros apellidos, que en la mayoría de los casos eran raros y nos dieron combustible para prender la fogata que se había apagado durante la investigación.

Concluyendo, se comportaron amablemente, casi de una forma perfecta; pero los guardafronteras hicieron la pregunta de despedida, – ¿nos ayudarían a hacerle frente a los emigrantes?

Un silencio lo invadió todo, los guardianes del orden esperaban una respuesta rápida, pero lo que encontraron fueron caras en la mayoría de los casos con sonrisas irónicas, algunas de tristeza, vino a salvarnos un comentario salido del grupo: -lo que sucede es que no somos personas violentas.

Así acabo todo, ellos se fueron casi complacidos, nosotros continuamos disfrutando del mar, pensando que los guardafronteras no eran demasiado intimidantes, y burlándonos, por qué no, con aquella escalofriante pregunta,

Como jóvenes cubanos, que vivimos en pleno año 2010 la respuesta no hubiera sido sencilla, definitivamente no sería: -los enfrentaremos y los acusaremos de gusanos y contrarrevolucionarios, muchos jóvenes hemos dejado de ver a muestro país en blanco y negro.

Daisy Valera

Daisy Valera: Edafóloga y Blogger. Escribo desde la Ciudad de México, donde La Habana a veces se hace tan pequeña que llega a desaparecer; pero en otras, la capital cubana es una ciudad tan pasado y presente que te roba la respiración.

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