Fábrica de Arte Cubano: para el consumo poético

Daisy Valera

Entrada de la Fabrica de Arte Cubano
Entrada de la Fábrica de Arte Cubano

HAVANA TIMES — A la vuelta de una de las esquinas del primer piso (especie de cueva calcárea) me sorprende una obra de Agustín Bejarano, nuestro pintor acusado de pedófilo en EE.UU., y me alegra. Su cuadro marrón y masivo, de las series Los ritos del silencio, podría estar hablándonos de las lealtades de una instalación única en el ambiente cultural habanero.

Llego a la puerta de la Fábrica de Arte Cubano (F.A.C) cuando deja de ser noticia y lleva cuatro meses en funcionamiento. Alguien de más de 1,80 metros me interpela: ¿dígame? Y no quiero decirle nada a estos 20 centímetros de distancia porque su pregunta me devuelve la sensación típica de la visita a establecimientos estatales; me siento intrusa y desautorizada.

Comienza así mi interacción con las particularidades del espacio.

Entiendo que el tono de portero tiene que ver con que no acabo de entregarle los 50 pesos que cuesta la entrada, algo-alguien en mi cabeza dice que debería ser gratis (¡la cultura al alcance de todos!).

Recibo una tarjeta en la que apuntarán lo que iré consumiendo. Al reverso se ve la reproducción de la imagen de nuestra libreta de abastecimiento y no logro entender si es una protesta o un homenaje. De extraviarla tendría que pagar 30 CUC (la administración no entiende de subsidios o gratuidades).

Todo el lugar puede recorrerse en 10 minutos, sobre el primer piso (combinación de galería, bar y salita para la música en vivo) tenemos la nave 2 que se divide en un espacio para proyecciones cinematográficas y otro dedicado a la exposición de fotografías. Desde el balcón se tiene una vista de la inmensa área de conciertos que ha sido utilizada por festivales como el “Peace & Love”.

Grafiti sobre la Fábrica de Arte Cubano
Grafiti sobre la Fábrica de Arte Cubano

La Fábrica huele a sándalo, los visitantes se acercan a un puñado de inciensos que se pueden prender de gratis; encienden uno, se guardan dos en los bolsillos y vaticino el inminente fin del performance con los palitos.

No es hasta pasadas las 11 que los jóvenes llegan al lugar como manada, pagan indiferentes 2 CUC o 50 pesos y se dispersan en el laberinto. Los observo como quien hace un experimento sobre los hábitos culturales de una nueva clase. El lugar está diseñado según declaraciones de X Alfonso (músico cubano dueño del espacio) “con precios acordes a la adquisición media”.

Los jóvenes de la clase media habanera son arrebatadoramente hermosos y refinados: sonríen, enloquecen con pedidos a los 4 cantineros del lugar, le apuntan a las obras con sus smartphones y disparan, firman las paredes de los baños con lápiz labial rojo tomate, flirtean utilizando Wi-Fi, sonríen.

Demoro algunos minutos en superar el desconcierto que me genera tanta ropa nueva, el maquillaje, una frasecita en francés, los gestos para acomodar el pelo y los tatuajes al estilo maorí de moda. Pertenecer a otra clase es correr el riesgo de sentirse vieja e inadaptada a los 26 años.

La restauración de la fábrica es impresionante, telones negros y blancos delimitan los espacios, los asientos imitan tarimas con sacos de lona haciendo la función de cojines. Me acomodo y disfruto de la programación que en efecto, como ambiciona el proyecto, pasa por diferentes manifestaciones del arte: teatro, danza, diseño, música.

Vista lateral de la Fábrica de Arte Cubano.
Vista lateral de la Fábrica de Arte Cubano.

El espacio funciona hasta bien entrada la madrugada. La F.A.C rescata el mito de la ciudad insomne en una Habana que desde hace mucho se duerme a las 10 fuera del circuito turístico.

Otra de sus ventajas es la de ser un espacio para promover y vender las obras de artistas sin que estos sean necesariamente legitimados por las instituciones oficiales para el arte en la isla. Como si no bastara, la Fábrica también proyecta actividades culturales-caritativas con los niños del barrio.

Pero la F.A.C, inscrita en el discurso del cambio de mentalidad, tiene un mérito indisputable en estos tiempos de transición: es el primer centro cultural diseñado para la juventud de la emergente clase media cubana que no se contenta con latas de cerveza y conciertos de salsa.

Evita el desaliento de este naciente sector y proporciona un lugar para un tipo especial de consumo. Un consumo que pasa de ser prosaico a ser exclusivo…. “poético”.

Me voy de la Fábrica planeando no regresar y segura de que será inevitable.

Daisy Valera

Daisy Valera: Edafóloga y Blogger. Escribo desde la Ciudad de México, donde La Habana a veces se hace tan pequeña que llega a desaparecer; pero en otras, la capital cubana es una ciudad tan pasado y presente que te roba la respiración.

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22 thoughts on “Fábrica de Arte Cubano: para el consumo poético

  • jajaja Isidro, los chinos inventaron hace siglos la polvora y la imprenta pero no todo es idea de los narras. Utilizar fabricas abandonadas para espacios culturales existe desde hace decadas en muchos paises. Bueno que haya llegado a Cuba donde hay mas fabricas abandonadas que produciendo. Imagina la red de centros culturales en los mas de 100 ingenios azucareros cerrados en toda la isla.

  • Gracias, Lapón, seguro que lo disfrutaré. Paso también por parís, Florencia y Roma, así que imagínate, el entusiasmo. Mi hijo, que vio la película del mismo nombre, ya se metió en internet y hasta averiguó (Muchacho al fin) cómo reservar para ir a cenar al “Moulin Rouge”, jajajajajajaja. Por cierto, que es más barato de lo que pensaba.

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