Pedro Juan Gutiérrez, la censura del silencio

por Maykel Paneque

Pedro Juan Gutiérrez
Pedro Juan Gutiérrez

HAVANA TIMES – Aun no me lo creo: Pedro Juan Gutiérrez leyendo fragmentos de La línea oscura. Poesía escogida. 1994-2014, publicada recientemente por Ediciones Verbum. No me asombra la posibilidad, cada vez más difícil por cierto, de tenerlo frente a frente. Me cuesta creer que en la sala Rubén Martínez Villena, de la Uneac, con capacidad para 80 personas o más, si se quiere, estemos apenas 11, incluyendo algún que otro fiscal silencioso, por supuesto.

Antes de leer, Pedro Juan advierte para que a nadie agarre de sorpresa que “la censura es mundial, mi poesía no gusta a las editoriales clásicas, por eso admiro a las que han asumido el riesgo de editar mis cuadernos”. A veces creemos que los escritores, por ser famosos, se las ven fácil, pero como decía Nicanor Parra*, cuando introduces una hoja en el carril de la máquina de escribir ya tienes ahí a un enemigo. Lo que desconocemos casi siempre es cuándo va a mostrar el rostro, si es que lo hace.

Noto a Pedro Juan un tanto atribulado mientras lee, ¿pensará que nos castiga al escucharlo? Me gustaría decirle: lo que va a durar apenas 20 minutos que se extienda una hora, que se explaye confesando si son rumores su actual vida monástica o aún le da duro al tabaco, a las mujeres y al alcohol a sus 66 años.

Me gustaría decirle más, pero callo, hay que dejarlo leer por ahora, a eso ha venido desde su azotea en Centro Habana, donde ha creado una literatura devastadora. Aunque le hace bien recordar el itinerario de sus poemarios, comentar fechas en que fueron escritos, se nota en sus ojos frustración. No es suficiente el desánimo de las editoriales a publicarle su poesía, ahora se suma la escasez de público, algo para desanimar al más inédito de los escritores.

Sin brusquedad, con alivio, ha dado fin a la lectura. El moderador de la actividad incita a realizar preguntas y un silencio angustiante recorre la sala. Preguntar y decir lo que se piensa se ha convertido en un ritual incómodo, como si levantar la mano para pedir la palabra significara buscarse más de un enemigo, lo que equivaldría a echarse encima más de un problema. Como si la pregunta más ingenua pudiera llevarnos a un paredón. Hemos hecho tanto de coro que sin acompañamiento nos volvemos mudos.

Quiero pensar que cuantos estamos en la sala no tenemos que preguntar por qué hemos leído su libro Diálogos con mi sombra, publicado en Cuba hace pocos meses, y en el que se desboca a reflexionar sobre su vida, sus novelas y el acto creativo. Un examen de la memoria donde afirma que un escritor debe asumir el riesgo de decir lo que piensa, dominar el miedo y atreverse a escribir sobre el lado oscuro de los personajes y de la sociedad.

Correr un poco la frontera del silencio, le llama. Escribir sobre la crisis económica total, el hambre, la miseria, la desesperanza, la frustración y el desengaño, lo que ha marcado su vida en Cuba, como en una guerra. Las colecciones de periódicos y revistas cubanas no serán útiles para los historiadores del futuro cuando quieran estudiar las últimas décadas, dirán de qué nos quejábamos si vivíamos en un paraíso.

Como no hay preguntas finaliza la actividad. El público se levanta. Dos o tres se acercan a Pedro Juan, lo rodean. Deben haberle susurrado un chiste, porque lo veo sonreír.

Le pregunto al encargado de la sala qué habrá pasado que tan pocas personas asistimos. Debe ser el calor, la apatía, el transporte, dice. La gente no está para comprar libros ni escuchar lecturas, si tiene metida en la cabeza qué llevará de comida a la casa o qué cocinará hoy. También está la falta de promoción, ¿cuál medio anunció que Pedro Juan estaría hoy aquí? Tú, ¿cómo te enteraste? Por una amiga que trabaja en la Uneac, le digo, y caigo en la cuenta que el portal digital de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba no anunciaba la actividad. Tampoco el Granma ni el Juventud Rebelde.

Quiero pensar que es el calor, la apatía, el transporte, la imposibilidad de saber qué se va a comer, lo que desanima a venir para escuchar a Pedro Juan, no así el silencio estatal, una manera de ejercer la censura y el ostracismo. No quiero pensar en que todavía se la están cobrando desde que publicara Trilogía sucia de La Habana y lo expulsaran de su trabajo como periodista en la revista Bohemia luego de 26 años, sin explicación ni derecho a apelación, como si fuera un apestado.

No me sorprenderá si mañana Leonardo Padura lee para un auditorio de cinco personas y me temo que a él tampoco le sorprendería. En todo caso, hay que seguir quebrando el silencio, porque, como dice Pedro Juan, cuando te lamentas abres las puertas al fracaso y a la derrota.
—–
(*) Nicanor Parra, poeta, matemático y físico chileno.

 



7 comentarios sobre “Pedro Juan Gutiérrez, la censura del silencio

  • Buena crónica. La mejor revancha de Pedro Juan contra sus censores son sus libros recorriendo el mundo en varios idiomas. Hasta le hicieron un favor con la expulsión.

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  • “Antes de leer, Pedro Juan advierte para que a nadie agarre de sorpresa que “la censura es mundial, mi poesía no gusta a las editoriales clásicas, por eso admiro a las que han asumido el riesgo de editar mis cuadernos – See more at: https://havanatimesenespanol.org/?p=114701#sthash.XSwxRnlZ.dpuf” eso le quedo muy,pero que muy feo al “renegado” Pedro…..Dice el proverbio chino: el que tiene miedo,se puede comprar un perro……..pero no hacer declaraciones vacias y nulas…….

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  • Es para que cualquiera que conozca la situación de Cuba se muera de la risa al ver las ridiculeces que el terror a ese sistema ha llevado hasta al más excepcional, quién no sabe que esa coletilla de que “la censura sea mundial” fue obligatoria sabiendo él que siempre va haber algún que otro fiscal silencioso, no fue mas que ponerle un parche al roto a la censura estatal y al ostracismo al que ha sido sometido por décadas. Patético que para poder volver a leer sus poemas nada más y nada menos que en una sala de la Uneac, tenga que insinuarle al público como si de cuarto grado se tratara que sus poesías no hayan sido editadas en Cuba porque las editoriales la hayan encontrado poco clásicas.
    Si es verdad que sus libros recorren el mundo entero no veo porque a los 66 años tenga que seguir bajándole la cabeza al régimen.

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  • Y, mientras tanto, la película “El Rey de La Habana”, inspirada en su novela, y que le valió un premio de actuación a Yordanka Ariosa,no se ha podido ver en Cuba por prohibición expresa de las autoridades.

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    • Dejando muy mal parado al autor, que mientras el “mundo censurador” exhibe y premia la película, en su propio patio es donde único se censura.

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  • He leído “el Rey de la Habana ” me parecio interesante. Retrata la vida marginal. Es bastante cruda la realidad que retrata. No he visto la película todavía. Cuando aparezca por Apple TV la veo. Tengo la trilogía sucia pero no la he leído todavía. Me parece muy deprimente la realidad que se retrata. Sé que existe pues yo lo vi aún en tiempos mejores en Cuba.

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  • A muchos no nos gusta leer a Pedro Juan y no tiene nada que ver con la censura. Me da asco, simplemente. Prefiero otras lecturas. Y para el autor de esta nota, vale un comentario: En Periodismo, además de la maldita censura, hay otros asuntos que pesan: verificar las fuentes de información, por ejemplo; no especular, no contar cosas de las que no se saben todas las historias.

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