Adicción al trabajo o necesidad

Irina Pino

Felix en su segundo trabajo como parqueador.

HAVANA TIMES — A las cinco y treinta de la mañana, escucho la casi obsoleta podadora de hierba con aquel sonido seco y estruendoso que no me deja dormir.

Al principio experimento irritación, fastidio, porque ni siquiera el sábado puedo reposar unas horas de más (entre semana me levanto muy temprano para alistar a mi hijo (está en la secundaria), para que llegué a tiempo a su escuela.

Luego me asomo a la ventana y veo a Félix (el jardinero del parqueo que rodea mi edificio), haciendo sus labores diarias: cortar la hierba, limpiar los canteros, recoger la basura, etc.

Trabaja hasta los sábados…, su rutina no varía, cuando termina, se dirige hacia el edificio del Sierra Maestra (CIMEX), y allí continúa con la jardinería. Rápidamente se me pasa la sensación de molestía: es un hombre de más de setenta años, extremadamente trabajador.

Ya en la tarde, guarda sus bártulos en uno de los contenedores, y se pasa un paño húmedo por la oscura piel; va a otro parqueo, el de la tienda La Puntilla, vestido con un chaleco rojo y negro, que tiene una palabra impresa por detrás: parqueador estatal.

Lleva botas altas de goma, pantalón de mezclilla y un sombrero de yarey. Allí trabaja hasta las seis de la tarde.

Felix bebiendo un poquito de agua.

Cuando paso cerca lo saludo y le pregunto por qué trabaja tanto, él esboza una media sonrisa, y me dice que le gusta estar ocupado, porque vive solo en un cuartico de un solar, sin familia; y ni siquiera ve televisión, porque el televisor que tenía era muy viejo y ya no tienen piezas para esa marca.

Así que por las noches solo escucha las emisoras de radio (prefiere los programas de música clásica e instrumental, porque lo relajan y lo ayudan a dormir mejor).

Por otra parte, el dinero que le pagan no le alcanza, por eso decidió ser parqueador, ya que en esta zona de tiendas hay mucha afluencia de carros.

Ellos pagan un impuesto moderado, y por cada auto, los dueños le entregan 10 centavos de cuc, en dependencia (los extranjeros y algunos cubanos les pueden dar más de 25 centavos cuc, en algunas ocasiones), mientras más autos vengan, más ganancias obtienen. Aunque hay días en que solo se ha marchado con menos de 1 cuc en los bolsillos.

Al finalizar su jornada; camina con su maletín al hombro (ya sin chaleco y sombrero), con su calva brillante al aire. Su andar no muestra cansancio alguno (por el contrario, va apresurado).

Se dirige a la parada del ómnibus a coger el P 5, pues reside en la Habana Vieja, y ésa es una distancia bastante larga desde Miramar.

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