El ejercicio de la tolerancia

Por Esther Zoza

HAVANA TIMES – Vuelve la música alta a escucharse en tiempos de covid-19. Es que hay algunas cosas que nunca cambian. Lo que nos queda es ejercitar la tolerancia.

El trap se ha insertado en la rutina del barrio con sus temas machistas. Predomina la palabrería sicalíptica, el regodeo en el uso de drogas y armas. Créanme que de nada vale cerrar las ventanas.

Estupor, vergüenza, repulsión e indignación, son las emociones que más se acercan a lo que sentí la primera vez que escuché las letras de algunos de estos temas. Desbordados de obscenidades, donde la mujer es desvalorizada y se hace oda a lo más execrable del machismo.

Que mi presión arterial se disparó, por supuesto que sí, pero tras aspirar y expirar y repetir varias veces que mi cuerpo es mi templo y ni yo misma puedo dañarlo, llegué a la aceptación.

Cada uno de nosotros decide qué quiere ver y escuchar. No me quedan dudas de que los jóvenes necesitan sentirse dueños de esa opción. Tanto la familia como la sociedad solo pueden orientar. Cada generación está marcada por un sinnúmero de retos.

Los adolescentes de hoy están continuamente bombardeados por información. Consumir los más variados géneros, que nos llegan de diferentes culturas, es un privilegio que no tuvo mi generación.

Sin embargo, muchos decidimos pensar por nosotros mismos. Escogimos qué música escuchar y también qué leer.

Aún recuerdo cuando leí por primera vez Paradiso, la monumental obra de Lezama y Lenguaje de mudos, de Delfín Prats. Pero, sobre todo, recuerdo la emoción que sentí cuando tuve en mis manos finalmente La Habana para un Infante difunto, de Cabrera Infante, ese excelente escritor prohibido en la Isla.

Los jóvenes quieren decidir por ellos mismos, hoy es el trap, tal vez porque es irreverente y se regodea en la marginalidad. Tal vez, porque bailar al ritmo de su música facilista y llena de estribillos los adentra en los caminos de la sexualidad sin compromisos. Tal vez porque los libera de mantener las apariencias.

Muchos estamos preocupados por la música que consumen nuestros jóvenes, por las películas de violencia y sexo que disfrutan. Igualmente, por sus horas frente a las computadoras o las pantallas del móvil, pero ¿quiénes somos nosotros para violar el curso natural del crecimiento?

¿Quiénes somos para definir qué es lo correcto y lo incorrecto?, ¿Por qué no dejamos que nuestros jóvenes encuentren su camino como mismo lo encontraron las diferentes generaciones que les antecedieron?

Hablar de tolerancia y aceptación es fácil. Sin embargo, cuando escuchamos durante horas una música como el trap, sin tan siquiera saber de dónde proviene, descubrimos que ser tolerante es un ejercicio con el cual todos salimos ganando.

Lea más del diario de Esther Zoza.

Esther Zoza

Nací en la década del 60. Amo a mi país y a su gente sencilla y sacrificada. Gusto de las artes, en particular la literatura. En la música disfruto de la trova tradicional y contemporánea, también de la ópera y la música instrumental. Respeto todas las religiones. Me gustan los temas esotéricos y místicos, además disfruto de los enigmas del universo. Creo sobre todas las cosas en Dios. Soy persistente y disciplinada para cumplir mis metas. Me gusta el campo. Vivo cerca del mar. Creo en las relaciones de pareja y en el amor en todas sus manifestaciones.


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