Ataques sónicos: los cubanos no los toma sentados

Por Michael Ritchie

En el fondo, la Embajada de Estados Unidos en La Habana.

HAVANA TIMES – Por ahora, todos estamos conscientes de los cargos que circulan por todo el mundo de que diplomáticos de los Estados Unidos de América -y últimamente, incluso, turistas casuales-  pueden haber sido víctimas de “ataques sonoros” que los dejaron casi sordos y casi imbéciles. Hace poco han salido informes infundados de que los turistas estadounidenses que visitaban hoteles como el Capri y el Hotel Nacional también pueden haber sufrido tales agresiones.

En una reacción en cadena, el Gobierno de Trump retiró de su embajada en Cuba a casi la totalidad de sus empleados diplomáticos y despidió a la mayoría de los enviados cubanos de la misión cubana en los Estados Unidos. Del mismo modo, emitió una advertencia a los turistas de su país de que deberían evitar viajar a Cuba debido a tales ataques.

Recientemente salió a la luz una cinta de audio que, supuestamente, a algunas de las víctimas les suena exactamente igual a lo que escucharon en la Embajada estadounidense y en algunas de sus casas. A lo que realmente se parece el sonido es a un grupo de grillos gigantes y enamorados.

El presidente Raúl Castro negó alguna participación de la Isla en los supuestos hechos. En una acción sin precedentes invitó, incluso, al FBI a su nación para que investigara.

Hasta la fecha, ni el FBI, ni el Gobierno cubano, ni nadie más han encontrado al o a los responsables de los enimáticos “ataques”.

Queda una gran pregunta para este observador: ¿Por qué ningún cubano ha sido víctima?

Tengo una respuesta.

Los cubanos no son estúpidos. De hecho, son bastante inteligentes. Se les enseña, incluso desde que son pequeños pioneros, a evitar grandes reuniones de grillos enamorados, si es que quieren crecer y llegar a ser como el Che.

Por eso, hace algunos años, cuando una empleada doméstica en la casa de un diplomático estadounidense escuchó un alboroto cuando estaba limpiando el inodoro, inmediatamente retiró el asiento del inodoro y lo botó. En la parte inferior del artículo en cuestión, ella notó una inscripción que decía: Made by the CIA (hecho por la CIA).

Lo cual, obviamente, explica mucho.

El asunto del “manipulado” ataque del asiento del inodoro se regó entre los amigos de dicha empleada. Y como resultado de eso, cuando usted viaje a La Habana notará que hay escasez de asientos de retrete. No los encontrará en el Aeropuerto Internacional José Martí, tampoco en algunos restaurantes y bares.

Los inteligentes cubanos los eliminaron donde quiera que habían sido instalados.
Entonces, cuando busque utilizar los baños en algunos establecimientos cubanos y piense en quejarse de que no hay un inodoro, piénselo dos veces. Debe agradecer el que se haya ahorrado la casi la sordera y la casi imbecilidad.

Mi teoría, por supuesto, será denegada por la CIA y el Gobierno de los Estados Unidos de América. Tales negaciones, sin embargo, no valdrán ni el papel higiénico en la que están escritas.

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