El problema es el hombre

Carlos Fraguela

HAVANA TIMES — Justamente en el momento en que pensaba en lo aislado que se encuentran los seres humanos que no se dan cuenta de que son parte de un organismo universal, mi vecino el presidente del Comité de Defensa de la Revolución me avisa que uno de los gatos que viven en nuestra comunidad se ha escondido en un cuartico de su propiedad, que él utiliza como taller y almacén de herramientas.

Mi mayor temor en el momento fue pensar en la gata que está preñada y pensé que quizá ya anda buscando donde hacer su guarida para parir. Ya el presidente quiere responsabilizarme con cada acto de los animales, solo porque les doy comida por solidaridad. Tristemente la gata en reiteradas ocasiones ha llevado a sus bebes al balcón de la casa del jefe del CDR.

Al buscar en el cuartico descubrí a otro gato que pasó la noche protegiéndose de la temperatura de 16 grados de la madrugada. Respiré aliviado de que no era el parto (se acerca la guerra).

Mi vecino aprovechó el momento para trasmitirme su queja de que el pasillo huele a orine de gato y su esposa me dijo que el problema es la gata, que atrae a los gatos. No me le reí en la cara porque es una señora mayor que ya tiene bastante con ser vieja e ignorante.

El presidente tiene muy buen olfato para diferenciar el olor del orine de los gatos y no siente el de su perro, del que también defiendo el derecho a orinar.

Le aclaré a mi vecino que los gatos no son míos aunque trato de protegerlos. Creo que mis vecinos probablemente necesiten la interacción con esos animalitos para entender cuanto se nos parecen y para que no estén tan solos.

Espero que si logran la repoblación de ratones no me responsabilicen por ser un defensor de dicha nacionalidad. Ahora me disgusté con ese vecino a pesar de que siempre trato de no molestar a nadie, me exalté por el obvio rechazo que una parte de la población del pasillo manifiesta contra los inocentes seres que para mí son queridos.

Cada día en Cuba se tiran toneladas de comida elaborada a la basura que podría aliviar el hambre de muchos animales abandonados de la ciudad. Mi vecino prefiere que las sobras se pudran en el fondo de un recipiente, en lugar de ayudar a aliados que lo necesitan y así contribuir a un mejor funcionamiento del ambiente.

¿Cómo le explico yo al presidente que esos bichos son afectivos, fieles a quienes comparten con ellos, sienten del mismo modo que nosotros y viven en un mundo donde, por atraso de los supuestos seres superiores, sufren discriminación y abuso?

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