Si Martí reviviera

Verónica Vega

Foto: Ana Maria González

HAVANA TIMES — Un día como hoy nació el hombre que llaman Apóstol Nacional y han fosilizado en centenares de bustos, por toda Cuba.

Pero al margen de esa saturación, cuyo saldo es la indiferencia y el rechazo, traté de imaginar a ese niño especialmente sensible mirando este pedazo de tierra que amaría y defendería como pocos, inmerso en la causa de los pobres de la tierra, con los que quiso echar su suerte. 

Si Martí reviviera, sería disidente, afirman algunos. Y no porque lo dude, pero expandí mi juego e intenté visualizar al “más grande de todos los cubanos” recorriendo la Habana.

Menudo y con sus dientes imperfectos, sus manos frágiles, sus ojos con hambre de verdad, y de infinito. Con alguna fatiga por causa de molestias físicas, ¿se asombraría al notar el hechizo del monstruo que se ha llevado a tantos y hasta construido un reflejo, una Habana chiquita, a 90 millas?

Se dolerá, sin duda por las almas sumergidas, que esperan una estadística real, una extremaunción, una misa en la plaza de la Revolución, justo donde está el memorial a él hecho en tiempos de Batista y que hoy, por la inercia de imágenes y discursos, se asocia con Fidel.

Bajando por Paseo, a paso muy sereno, Martí recorrerá el Vedado y llegará a la SINA frente a la que ve su estatua, (el Ismaelillo en brazos), apuntando al edificio, (¿las entrañas del monstruo?), alrededor rescoldos de una diatriba al “enemigo imperialista”, jóvenes que reproducen las modas de Miami, que sueñan con Miami, que con iPods y altos decibeles ignoran las calles achacosas, las casas corroídas, las banderas que flotan.

Con sus ojos sagaces distinguirá Martí a las Pilares airosas y procaces, renuentes a compartir sus zapatos de rosa, las playas a lo lejos con sombrillas radiantes, señoras como flores, y en las aguas salobres, ahora, igual que entonces, los viejos y los pobres.

Observará también cuán pocos piensan y se expresan sin hipocresía. Concluirá con tristeza que patria nunca ha sido humanidad, no sólo en esta isla. Se espantará de cómo, aunque él alertó sobre el peligro del socialismo de estado, hay bustos con su imagen junto a carteles que dicen “Socialismo o Muerte”, y hasta se le atribuye la autoría intelectual de una acción militar devenida en masacre.

Pero tras la tregua fecunda de las almas conscientes, al despertar ya Martí sabe que su propio hijo participó en otra masacre, la de negros y mestizos que sólo reclamaban las fuerzas que nos hacen vivir: dignidad, libertad, valor, y fue también su hijo quien presidió el banquete de celebración de la matanza, en el parque central, de espaldas a su estatua y a su dedicatoria: Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti.

Suspirará tal vez, y con sus ojos cansados, de serena dulzura, ya sin lágrimas, observará a la gente que pasa, reconociendo en silencio a los que sonríen al crimen; lo ven y no lo atacan, se sientan a su mesa; se sientan a la mesa de los que se codean con él, se sacan el sombrero interesado, reciben de él el permiso de vivir. Son muchos, sí, son tantos…

Entre alguna consigna reconocerá su frase: Con todos y para  el bien de todos, admitiendo de paso la relatividad del bien, y la imposibilidad de igualar la voluntad colectiva.

Con la mano en el pecho dejará su mirada vagar por ese mar inmenso, la frágil línea azul que divide en dos el reino de los hombres. Pensará en lo pequeños que somos frente a las catástrofes, los abismos que existen dentro de cada hombre: amor, miedo, traición, tantas contradicciones. En la efímera utilidad de los debates, los partidos, las guerras. En las generaciones que como olas nacen, se agitan, burbujean… y mueren en la arena.

Y con el mismo paso, menudo y sosegado regresará a Santiago, al nicho 134, en la galería sur de Santa Ifigenia. Se acurrucará como un niño y oyendo aquel crujido del alma sujeta al cuerpo, cerrará los ojos y sentirá que se rompen por fin las ataduras… volará como un pájaro  dejando que otros sigan el juego de la vida, reciclando estaciones, ideologías, sistemas… falacias de justicia.

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