¿Cerrará Trump la apertura con Cuba?

HAVANA TIMES — En la madrugada del miércoles 9 de noviembre fue declarado Donald Trump el ganador de las elecciones presidenciales estadounidenses. La gran mayoría de los cubanos no se dieron cuenta hasta despertar con la noticia.

Inmediatamente comenzaron las especulaciones de cómo afectará a Cuba, su economía, las políticas de migración y la nueva relación un poco menos hostil con Estados Unidos.

Aquí presentamos las apreciaciones del periodista Fernando Ravsberg.

¿Es Trump tan malo para Cuba?

Por Fernando Ravsberg

La reacción de Cuba ante el triunfo de Donald Trump fue anunciar como primera noticia en el periódico oficial la realización de maniobras militares en todo el país. Se trata de un ejercicio rutinario, pero que se anuncia en portada, junto al de la victoria de Trump.

Los ejercicios militares Bastión, que se anuncian junto a la noticia de la elección de Trump, se iniciaron cuando ganó las elecciones Ronald Reagan. Foto: Raquel Pérez Díaz

Las Fuerzas Armadas Revolucionaria aseguran que el objetivo es entrenar a los mandos “en la organización del trabajo en interés de elevar la disposición del país para la defensa y la preparación de las tropas y a la población para enfrentar las diferentes acciones del enemigo”.

Algunos creen que se trata de una mera coincidencia, pero en la política cubana no hay casualidades y nada de lo que se publique en el órgano oficial del Partido Comunista el día después de una elección en los EE.UU. ve la luz sin la revisión previa de la dirección política.

Parece un mensaje dirigido al nuevo inquilino de la Casa Blanca, quien durante su campaña fue endureciendo el discurso respecto a Cuba hasta culminar en el estado de La Florida afirmando que revertiría todas las medidas de Barack Obama respecto a la Isla.

La gran debilidad del “legado” del presidente saliente es que su sucesor puede virar la tortilla sin mucho trámite. Para echar atrás lo avanzado, Trump cuenta con el apoyo y la presión de los políticos cubanoamericanos del Congreso, entre ellos el reelecto Marco Rubio.

Sin embargo, es bueno recordar que el nuevo mandatario es un empresario y, como tal, ha enviado emisarios a Cuba para investigar las posibilidades de invertir, mucho antes de la apertura de Obama y a contrapelo de la Ley del Embargo que se lo prohibía.

Además, durante la campaña de nominación dentro del Partido Republicano chocó ásperamente con los candidatos de origen cubano, Ted Cruz y Marco Rubio. Es difícil que ahora puedan exigirle que adopte sus estrategias políticas contra Cuba.

Marco Rubio cuando todavía estaba en campaña por la nominación republicana.

A pesar de todo tienen algunos puntos en común. La visión antiinmigración de Donald Trump puede engarzarse en los esfuerzos de Marco Rubio por castrar la Ley de Ajuste, que otorga residencia a todos los cubanos que pisen suelo de los EE.UU.

El gobierno cubano fue prudente, el periódico Granma se limitó a decir que Trump ganó “gracias a los votos de millones de estadounidenses, la mayoría de ellos blancos y de zonas rurales, que están descontentos con el rumbo de su país y desencantados con la figura de los políticos tradicionales de Washington”.

En las calles, los cubanos de a pie lo viven con más desasosiego, esperaban que con Hillary Clinton se acabara el embargo/bloqueo, que pesa sobre el país desde hace ya medio siglo y cuyo objetivo expreso es provocar hambre, miseria y desesperación entre la gente.

Temen verse perjudicados miles de artesanos, dueños de restaurantes, hostales, cafeterías o bares, sus empleados y todos los que se benefician directa e indirectamente del crecimiento del turismo provocado por el acercamiento entre Washington y La Habana.

Para las autoridades cubanas puede ser más fácil lidiar con el transparente Trump que con la experimentada Hillary. Ella era la continuadora de la política de Obama, una estrategia coherente y bien articulada dirigida a ganarse el corazón de los cubanos.

Los cubanos están a la espera de lo que puede significar la presidencia de Donald Trump.

Paradójicamente, Trump podría, incluso, contribuir a la unidad de los revolucionarios cubanos que tenían visiones diferentes sobre cómo enfrentar la política de Obama. Ahora, para bien o para mal, todo será más diáfano, sin espacio para sospechas reales o paranoicas.

Sin duda, Trump es de derechas, pero a diferencia de George W. Bush, no le debe su victoria a La Florida ni tiene especiales simpatías por los políticos anticastristas y los cubanos forman parte de la ola de inmigrantes latinoamericanos que el nuevo presidente rechaza.

Es pronto aún para saber qué rumbo tomará Donald Trump respecto a la Isla. La Habana parece enviarle dos mensajes: Cuba se prepara para el peor de los escenarios, pero sin iniciar siquiera los ataques verbales, dándole la posibilidad de mover fichas primero.

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