Entre el ridículo y las mentiras

Por Pedro Pablo Morejón

Una marcha organizada por el gobierno.

HAVANA TIMES – En un mensaje reciente de un medio oficialista puede observarse la foto de unos veinte ancianos. Todos, sin excepción, ya deben sobrepasar los 80 años.

Unos están vestidos de militares, la mayoría exhibe orgullosamente decenas de medallas adheridas a sus pechos enjutos.

“Los combatientes del glorioso batallón 108 de Holguín al lado de su Revolución. No tenemos las armas que usamos en el Escambray ni los machetes de las tres guerras. Como ya pasamos de los 70 años tendremos palos, para emparejar a jóvenes violentos llenadores de odio”.

Parecía una broma, pero no, era en serio. Cada día el régimen nos sorprende. Es la apoteosis de la maldad, el descaro y el ridículo.

Resulta que un grupo de octogenarios llenos de odio, que seguramente en sus años vigorosos fueron represores o chivatos, (algunos, quizás, asesinos) todavía, a pesar de los años y la madurez que necesariamente llega a esas edades, en su fanatismo visceral, continúan dispuestos a morir en la defensa de un sistema totalitario, del cual ellos mismos no solo han sido victimarios, sino también víctimas.

¿O acaso todo no es más que un teatro de la doble moral a la que han sumido a este país por décadas?

Y lo peor no son esos ancianos. Lo peor es que algunos de los que integran las filas de la llamada Policía Nacional Revolucionaria, que padecen junto al pueblo la misma agonía de la falta de libertades, la miseria y el desamparo ante un futuro cada vez más incierto, han demostrado una evidente disposición para apalear y vejar a compatriotas, cuyo único delito consistió en salir a las calles a ejercer sus derechos de opinión y manifestación.

Observaban con aparente neutralidad a la multitud que reclamaba un cambio, pero tan pronto Diaz- Canel dio la orden de combate estuvieron prestos a reprimir, encarcelar (muchos vestidos de civil), y una vez fuera del alcance de algún teléfono acusador, golpear y vejar con toda su saña, como corresponde a los esbirros obedientes.

Después, un grupito de seudo periodistas jugaron su rol de encubrir, manipular y justificar la represión. Y aunque casi nadie se cree el cuento de que lo del 11 de julio fue organizado por el imperialismo yanqui, nunca faltan los simplones que se traguen las mentiras.

Cada vez es peor, porque a pesar de censurar las protestas esgrimiendo el argumento de la Covid 19,  que según las cifras oficiales no siempre tan confiables supera los 8000 y 9000 casos diarios con casi 100 fallecidos, la dictadura contrarrestó las multitudinarias manifestaciones con sus  marchas “revolucionarias” en que la mayoría asiste por compromiso. Hasta un sujeto que se ha ganado cierto respeto entre la población, como es el Doctor Durán, jefe nacional de Epidemiología, en un acto de injustificable incongruencia con su cargo, apoyó estas marchas ridículas y fascistas que ponen sobre el tapete el doble rasero en la gestión de la pandemia.

De repente, el poco respeto y empatía que este señor me inspiraba ha desaparecido. Como no me inspira ningún respeto y mucho menos empatía ese traje azul por estos días aún más deshonrado, si es que le quedaba algo de decoro.

Mientras tanto, en medio de una pandemia que sitúa a Cuba entre las cifras más altas per cápita de las Américas, cientos de jóvenes que esperan penas de prisión por ejercer sus derechos humanos, y una escasez crónica de medicinas y alimentos que tiene a la gente en un martirio constante, el Gobierno culpa al embargo y prosigue su ofensiva de mentiras.

Lea más del diario de Pedro Pablo Morejón aquí.

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