Para admirar al líder

Yusimí Rodríguez

Fidel Castro en la Feria del Libro en Febrero del 2012. Foto: rguama.icrt.cu

HAVANA TIMES — El lunes 13 de agosto, el eterno líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, celebró su cumpleaños número 86. Justo el día antes, terminaron los Juegos Olímpicos Londres 2012.

Uno de los últimos competidores de la delegación cubana, ganador de la medalla de bronce en lucha libre, le dedicó la victoria en víspera de su onomástico.

A lo largo de los años, he visto a nuestros periodistas repetir la misma pregunta a los medallistas en eventos internacionales: “¿A quién dedicas esta medalla?”

He llegado a preguntarme si se trata de una pregunta obligatoria, o falta de imaginación de los periodistas.

También me asalta la duda de si será parte del entrenamiento de los deportistas dedicar la medalla, además de a la madre, el esposo o la esposa, al Comandante en Jefe.

No soy una admiradora de Fidel Castro, no creo que sus aciertos compensen los muchos errores que cometió y que aún padecemos.

Este sentimiento, mi falta de admiración por él, me produce a veces un profundo sentimiento de culpa. Escucho a personas de generaciones anteriores, a jóvenes de otros países que se sienten en deuda con él y siento una sincera tristeza.

Lo experimenté el lunes 13 de agosto, mientras leía el periódico Granma, Órgano Oficial del Partido Comunista de Cuba. La página 8 estaba por completo (dedicada) a reflejar opiniones sobre Fidel Castro, de cubanos y extranjeros que lo han conocido.

Eran anécdotas más bien, cada una encaminada a mostrarnos una virtud del líder. No pude evitar conmoverme ante el relato de Ana Fidelia Quirot, la Tormenta del Caribe: el Comandante la visitó personalmente en el hospital cuando acababa de sufrir aquel accidente doméstico a principios de los noventa.

El líder estaba junto a ella, vestido con la bata verde que deben usar los médicos en la sala.

Esa anécdota debió bastarme para amar, más que admirar, a nuestro eterno líder. Pero seguí leyendo.

Había un breve relato del General de Brigada Juan Escalona Reguera. En una ocasión, Fidel lo envió a Angola a hablar con Leopoldo Cintra Frías y le pidió transmitirle el siguiente mensaje: “Dile que si ganar la guerra en Angola significa perderlo a él, no vale la pena ganarla. Que se deje de locuras, que se deje de estar en la primera línea, que tiene que cuidarse”.

Aquí estallé: ¿Y los que cayeron en aquella guerra que no era nuestra, los que regresaron mutilados? ¿Esos sí podían perderse para ganar la guerra en Angola?

Siempre pensé que si algo había digno de admiración en un jefe militar, era su valor para estar al frente de sus hombres, precisamente en la primera línea de combate, como Antonio Maceo y Máximo Gómez, como José Martí en Dos Ríos; Martí que no era un militar.

¿Ahora resulta que había vidas valiosas y vidas desechables en la guerra de Angola? ¿Quién determina el valor de una vida con respecto a otra?

Mi hermano fue enviado a Angola con dieciocho años, durante el servicio militar. ¿Su vida no era valiosa? ¿Qué fue mi hermano en Angola: carne de cañón en una guerra ajena para mostrar al mundo el internacionalismo cubano? Tuvo la suerte de regresar en una pieza. No le tocó ninguna muerte gloriosa.

Supongo que me perdí algo. ¿Cuál es la parte de la anécdota por la que debo admirar al Comandante?


74 thoughts on “Para admirar al líder

  • el 20 agosto, 2012 a las 8:11 am
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    Eso no era impresion, era miedo. Todo el mundo sabe que el tipo nunca anda solo…
    Por favor, si cuando iba a mi provincia el aparato de seguridad era inmenso, tu crees que alguien se iba a creer que no estaba respaldado por mil segurosos y militares en esa ocasion.
    Por favor…
    El valor y el carisma lo demuestran los gobernantes en las urnas. Este sujeto es un cobarde politico que nunca se ha enfrentado a las urnas a otra plataforma politica, a otra propuesta politica, ni siquiera dentro de su mismo partido.

  • el 20 agosto, 2012 a las 7:55 am
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    Cuba se “decidio” por otro modelo? Pues le informo que a la pequeña parte de Cuba que me toca no le preguntaron.

    Y en Cuba hablo de gobierno, de la posiblidad de cambiar ese apellido que manda por mas de medio siglo. No de capitalismos o socialismos.
    En Cuba en fin de hay un capitalismo bien aberrante y cruel. Bien sucio, donde el gobierno hace negocios capitalistas con el dinero del pueblo, sin darle cuentas al pueblo.

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