Yusimí Rodríguez             

Saliendo del trabajo.  Foto: Juan Suárez
Saliendo del trabajo. Foto: Juan Suárez

HAVANA TIMES — No sé si la transición que muchos esperan en Cuba está por llegar, o si está ocurriendo ante nuestras narices sin que nos demos cuenta. Lo que está claro es que la mentalidad socialista, si existió alguna vez, está siendo abolida.

En poco tiempo, resultará increíble que el país donde cualquier comportamiento burgués o parecido fue duramente criticado; la pequeña propiedad privada, eliminada como rezago de la burguesía, llevar ropas y zapatos de “afuera”, considerado poco menos que contrarrevolución, y se promovió la austeridad (del pueblo), sea el mismo donde hoy las personas se ven arrastradas a una desenfrenada carrera de consumismo y apariencias.

Una galopada en la que el ritmo lo marca esa nueva clase pudiente y de composición diversa: trabajadores del turismo, artistas exitosos, deportistas profesionales (ya podemos decir que tenemos deportistas profesionales sin temor a ser políticamente incorrectos), funcionarios del Estado que cumplen misiones en el exterior, dueños de negocios prósperos. El denominador común es la solvencia económica.

A estas madres se les ocurren ideas como la de uniformar a niñas y niños que terminan el sexto grado, con vestidos largos y trajecitos de saco y corbata, para el día de su graduación.

Esto está sucediendo en la escuela donde una amiga mía tiene a su hija, pero al igual que el gusto por las telenovelas coreanas, podría extenderse. Los trajes deben ser alquilados y el precio es 20 CUC, o sea, poco más de veinte dólares.

Algunos podrán considerarlo una suma irrisoria al alcance de cualquier cubano con empleo, y tendrán razón. De hecho, 20 CUC es lo que ganan muchos cubanos que trabajan para el Estado… en un mes. Hay quienes ganan menos.

Mi amiga no tuvo talento para ser artista ni deportista profesional, apenas le alcanzó para estudiar licenciatura en enfermería. No abandonó el sector de salud pública por trabajar en turismo ni dedicarse a cuidar en sus casas a enfermos con Alzheimer y otras enfermedades, y familiares que pueden costearlo (una actividad altamente lucrativa en estos momentos).

Estudiantes.  Foto: Juan Suárez
Estudiantes. Foto: Juan Suárez

Tampoco puede cumplir misión internacionalista porque cría sola a su hija (por suerte, o no quedarían enfermeras y médicos para los cubanos). Su salario es de los que apenas alcanzan para la comida, el agua y el consumo eléctrico del mes. Mucha de la ropa y los zapatos que tiene la niña son regalados por pacientes y amistades, y debe rezar para que no le queden pequeños demasiado pronto.

Ella apenas puede pensar en comprarse ropa.  Su hija cumplirá los quince en cuatro años y mi amiga lleva tres ahorrando para trajes, baile, fotos, fiesta y todas las demandas de esta tradición, que equivale a la presentación de una muchacha en las sociedades burguesas, y ha logrado sobrevivir en nuestra socialista sociedad.

La idea de una graduación de sexto grado con vestido largo suma otro round a su pelea por la supervivencia. Debió plantearlo en la reunión de padres, como debió plantearlo el resto de las madres que viven de salarios bajos. Pero todas callaron. Se someterán a nuevas privaciones para alquilar los vestuarios, comprar zapatos adecuados y contribuir al buffet de la fiesta.

Si algo hemos aprendido los cubanos es a no nadar contra la corriente, a no votar en contra cuando la aprobación de alguna idea, por estúpida que pueda resultarnos, parece unánime. Pero además, se ha expandido una vergüenza ante el hecho de ser pobres.

Sería injusto que tras haber sido una buena alumna durante todo el curso, haber cumplido todos sus deberes y haber obtenido buenas calificaciones, una niña no merezca algo tan simple como ir a su propia fiesta de graduación.

La esperanza.  Foto: Juan Suárez
La esperanza. Foto: Juan Suárez

¿Pero qué impide a mi amiga enviarla con las ropas que le ha comprado a base de sacrificios o que le han regalado, y son apropiadas para una fiesta, incluso más cómodas que un vestido largo y tacones, si quiere jugar y divertirse con sus amiguitos? Nada excepto la obsesión de que su hija no sea menos que las otras.

Es triste el país que, sin prisa, pero sin pausa, nos viene encima, con las faltas de libertades del socialismo y las diferencias sociales que, según me enseñaron en la escuela y he escuchado siempre en el discurso oficial, son solo propias del capitalismo.

No bastará con pedir a los padres más solventes que disfracen la merienda cara que compran a sus hijos, ni con eliminar la doble moneda para que esas diferencias desaparezcan, o sean menos profundas.

No sé qué me entristece más: que trabajadores estatales de sectores cruciales como la educación y la salud pública no ganen salarios dignos; o que sientan que deben sumarse a la carrera del consumismo y las apariencias y llegar a la meta a toda costa, y que esa meta la decidan los más prósperos.

Pensé mucho antes de escribir este texto; me preguntaba si estaría cayendo en la trampa de justificar el igualitarismo impuesto por el gobierno durante años y las barreras colocadas al progreso individual. O peor aún, ¿estaré cuestionando la prosperidad ajena como un delito?

No creo que la prosperidad deba ser penalizada, ni glorificada. No pueden ser los padres más prósperos quienes tengan decidan qué se hará y cómo irán vestidos los alumnos a una fiesta de graduación, simplemente porque no son la mayoría, no son lo más representativo de la realidad económica y social cubana.

Es tarea de la mayoría no dejarse imponer metas que excedan sus posibilidades. La carrera del consumismo empezó hace mucho; Cuba se incorpora con más prisa que pausas, y es bueno saber que el consumismo y la frivolidad son incluso compatibles con la etiqueta socialista.  Pero nada nos obliga a tomar parte.

17 thoughts on “Nuestra cuota de consumismo y frivolidad

  • Muy bueno tu comentario Irina, así como muy bueno el artículo de Yusi. Cuba trata de actualizarse en el sentido de forma de vida y apariencia social, pero es una actualización tipo “tercermundista”, a lo “sálvese el que pueda”, entonces ocurren estás cosas lamentables, como es el caso del artículo. Por qué la amiga de Yusi tiene que ganar un salario miserable? Por qué el estado no prioriza la atención a los trabajadores de determinados sectores (digamos salud pública y educación)?; no me refiero a aumentos ridículos de salario que no resuelven practicamente ningún problema a esos trabajadores sino a beneficios reales que se les otorgen y les permitan una vida decorosa y con ciertas comodidades, en correspondencia con lo importante y abnegado de su labor profesional. Los padres más solventes no disfrazarán la merienda de sus hijos, algunos incluso hasta disfrutan que se note su solvencia económica, tampoco la solución será prohibir las graduaciones en las escuelas; yo creo que la solución esta en (como se mencionaba en otro comentario acá) todos los meses recoger una cantidad de dinero razonable por alumno destinada a la graduación y que ese día todos vayan vestidos “parejo”; los padres que quieran exhibir su poder y solvencia… que luego hagan una fiesta particular y pa´l car.. Saludos.

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