La culpa de los pollos

Yusimí Rodríguez

Evo Morales - foto: cubadebate.cu

HAVANA TIMES, 28 de Abril — El jueves pasado recibí una noticia que a estas alturas no es nueva para nadie; o tal vez solo para una buena parte del pueblo cubano, porque esta noticia no la han reflejado nuestros oficiales medios de prensa.

Bueno, en realidad nuestros medios sí dieron amplia cobertura a la Cumbre de Cochabamba, pero creo que evitaron mencionar el detalle de la afirmación de Evo sobre los pollos transgénicos y la homosexualidad masculina, en su discurso del miércoles 21 de abril.

Yo lo supe porque fue lo primero que me dijo el jueves una amiga que acababa de leerlo en Internet. “Evo Morales dice que los pollos transgénicos provocan homosexualidad en los hombres porque contienen muchas hormonas femeninas.”

Casualmente yo acababa de sentarme junto a un muchacho que apenas come pollo (porque la ración mensual que recibe en la carnicería solo le alcanza para una comida, y no tiene dinero para pagarlo a 23 pesos la libra en la calle) y ha sido homosexual toda su vida.  Para colmos, me vino a la mente un hombre vegetariano que conozco y que también es homosexual; amén de un amplio grupo de hombres heterosexuales que conozco, de varios países, que comen pollo en abundancia, sin preocuparse de si es transgénico o no.

Mi primera reacción fue atacarme de la risa, pero pasado un rato lo único que sentía era una profunda molestia mientras trataba de concentrarme en el monitor.

Evo Morales fue un indígena semianalfabeto y muerto de hambre, un cocalero ignorante que apenas sabe (sabía) leer. Precisamente por eso me alegró su llegada a la presidencia de Bolivia. De semejantes orígenes solo podía salir alguien que conociera el hambre y la miseria de su pueblo por haberlos sufrido en carne propia, y no de haberlos observado desde un carro o en la televisión.

Ya nuestro continente ha visto desfilar por las sillas presidenciales a suficientes licenciados, doctores, tipos ricos de la élite, sin olvidarnos de los militares que han venido en recatar de la democracia cada vez que la han considerado en peligro, con sus golpes de estado.

Para variar, el pueblo boliviano tiene ahora en la presidencia a un indio Aymara, uno que está intentando mejorar la vida de la gente más pobre de su país. No es de extrañar que reciba constantes críticas de la oligarquía de Bolivia que ve afectados sus intereses. Aprovechan precisamente su bajo nivel de escolaridad para calificarlo de ignorante. Esta vez, él parece haberles dado la razón.

El breve planteamiento de Evo Morales, para el que no habrá empleado más de treinta segundos, tuvo el efecto de dejarlo en ridículo, quitarle seriedad a cualquier cosa que pudiera decir él mismo luego en la Cumbre, y a la Cumbre en sí, además de ofender a la comunidad gay, refiriéndose a la homosexualidad masculina como una desviación. Pero además, demuestra la mentalidad colonizada que predomina en nuestro continente.

Evo Morales con el primer vicepresidente cubano José Ramón Machado - foto: cubadebate.cu

Morales ignora que antes de la llegada de los colonizadores a nuestro continente, muchas tribus de nativos norteamericanos tenían una visión muy diferente de las personas que desempeñaban un rol que correspondía tradicionalmente a la del sexo opuesto.

Los Lakota, usaban la palabra winkte para designar a un varón que desempeñaba el papel de una mujer. Los Mohave usaban la palabra Alyha y los Zuñi, Llamana. Estos varones, a pesar de dedicarse a labores femeninas, también participaban en cacerías y otras actividades consideradas masculinas. Jugaban un papel importante en consejos tribales y en la ceremonia llevada a cabo para nombrar a los niños.

Se les atribuían además poderes mágicos y curativos. En estas tribus se reconocía la existencia de más de dos géneros. Si en un niño que había nacido anatómicamente masculino, se observaba inclinación hacia actividades del otro sexo, se les alentaba a vivir de acuerdo al género en el que mejor encajaban.

Entre descartar y honrar a una persona que no encajaba en los patrones de género, muchos grupos de indios americanos preferían encontrar un lugar venerado para la persona. De acuerdo a la historia de la creación según los Mohave: “Desde que empezó el mundo han existido los travestis y desde que empezó el mundo se suponía que debía haber homosexuales.”

Para los nativos americanos, el sexo era mucho más que un medio de reproducción. Es una actividad para ser practicada y apreciada, el placer sexual era considerado un regalo espiritual. Las relaciones sexuales no estaban limitadas ni a la pareja ni al sexo opuesto. Las Berdache (palabra con que los europeos designaban a los winkte) se casaban con hombres, quienes las valoraban como esposas, no solo por las labores domésticas que podía desempeñar con más fuerza incluso que una mujer, si no además por la relación homosexual socialmente aceptada. Estas relaciones dentro del mismo sexo no eran practicadas solo con las Berdache. También existían, aunque menos documentados, mujeres que adoptaban roles masculinos.

El historiador Gracilazo de la Vega recoge los mitos asombrosos que existían en todo el litoral ecuatoriano, en donde los protagonistas eran héroes homosexuales; una tradición repetida generación tras generación narraba, que arrastrados por la furia del mar, llegaron a las costas ecuatorianas unos hombres gigantes todos llenos de gran valor y que luego de vencer en cruentas batallas a los de tierra construyeron en piedra edificios hermosos y soberbios, “pozos hondísimos obra por cierto digna de memoria,” esta misma relación señala que los restos de estos marinos de admirable grandeza se encontraba esparcidos entre Manta y Portoviejo y además que todos fueron homosexuales. Esta y otras crónicas permiten afirmar que en la costa ecuatoriana antes y durante dominación incásica, la
homosexualidad estuvo magnificada.

En Perú, los colonialistas españoles dictaron la primera ley contra el travestismo según la cual cualquier indio varón vestido con ropas femeninas o cualquier india hembra vestida con ropas masculinas sería arrestada y sometida a cien latigazos; al varón se le cortaría el cabello en público.

La segunda vez serían atados durante seis horas a un poste expuestos a la vista de todos. La tercera vez serían enviados al Alcalde de la Villa de Miraflores para ser sometidos a la justicia de acuerdo a la ley. Los orígenes de esta disposición estaban en la Biblia, dónde se refleja: Que una mujer no llevará aquello que corresponde a un hombre, ni un hombre se pondrá los adornos de una mujer” (Deuteronomio 22. versículo 5).

Los colonialistas españoles reorganizaron las sociedades aborígenes que habían conquistado, desde el punto de vista económico y familiar, pero también de acuerdo a las sexualidades, géneros y roles sexuales, para facilitar su explotación, opresión y esclavización.

Implementaron la homosexualidad como un pecado contra la naturaleza y corrupción del alma en alianza con el diablo (de acuerdo a su propia religión). Los españoles persiguieron la “sodomía” y la castigaron a gran escala quemando a los sodomitas en una estaca. Los propios españoles confirman esta cruzada de terror. Antonio de la Calancha, un oficial español en Lima, escribió que durante la incursión de Vasco Núñez de Balboa en Panamá, “vio hombres vestidos de mujer; Balboa se enteró de que eran sodomitas y echó al jefe de ellos y otros cuarenta a que se los comieran los perros, una acción correcta llevada a cabo por un español católico y honorable.”

Cuando los españoles invadieron las Antillas y Louisiana encontraron hombres vestidos de mujer que eran respetados en sus sociedades. Pensando que eran hermafroditas u homosexuales, los asesinaron.

Al parecer, algunas tribus precolombinas, consideradas inferiores por los conquistadores, estaban más preparadas para aceptar la diferencia y peculiaridad de cada ser humano y encontrarle un lugar en la sociedad, de lo que podríamos suponer.

En aquel momento, no había alimentos transgénicos a los que responsabilizar por la existencia de la homosexualidad masculina y femenina.

Es triste que el presidente boliviano Evo Morales no haya encontrado argumentos más inteligentes contra los alimentos transgénicos y solo haya podido recurrir al machismo y a reforzar los prejuicios ya existentes contra la homosexualidad masculina.

¿O será que para Evo el cáncer, el asma y las malformaciones que muchos científicos mencionan entre los efectos nocivos de los alimentos transgénicos, son menos graves que la homosexualidad masculina?

¿Finalmente, está preocupado por el planeta o por la sexualidad ajena?  Y si nos guiamos por su argumento, supongo que las mujeres pueden continuar ingiriendo estos pollos porque a fin de cuentas, las hormonas femeninas no les van a provocar “desviaciones.”

Evo podía haber usado el respeto a la vida animal y al equilibrio biológico como argumento contra los alimentos transgénicos. El cultivo de transgénicos no solo puede afectar la salud humana, sino que además amenaza la fertilidad de la tierra, los demás cultivos pueden ser contaminados y los pequeños agricultores son expulsados por las grandes empresas multinacionales que son al final las únicas beneficiadas.


2 thoughts on “La culpa de los pollos

  • el 1 mayo, 2010 a las 5:43 am
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    y continuando con ese tema, me llama la atención que esos mismos Medios de Comunicación no arremetan con la misma intensidad hacia los católicos (curas, obispos, y laicos) que quieren hacer ver el asunto de los niños violados por curas, como algo inherente a la homosexualidad, tomando este aspecto como un fuerte argumento a la hora de prohibir los matrimonios gays. Hace poco escuché y leí esto: El obispo de la localidad mexicana de San Cristóbal de las Casas, Felipe Arizmendi, afirmó que “ante la actual invasión de erotismo no es fácil mantenerse fiel en el celibato ni en el respeto a los niños”, durante la LXXXIX Asamblea de la Conferencia Episcopado mexicano (CEM).
    Creo que existen verdaderas debilidades en las personas (hombres y mujeres) que no tienen nada que ver con la homosexualidad. Creo que en nuestra sociedad (medios de comunicación incluidos) aún somos poco receptivos ante el hecho de comprender que cada ser humanos es libre -entre otras cosas – de amar a…

  • el 1 mayo, 2010 a las 5:28 am
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    Yusimí, como persona preoupada por los derechos de todo ser humano, (incluyendo, por supuesto, los de nosotros, los que amamos a personas de nuestro mismo sexo), encuentro lamentable que los medios hayan tomado el chiste de Evo (como tantos otros que hizo en esa Cumbre), para realzarlo como lo más importante de los serios e interesantes temas que abordó. El mundo periodístico se ha girado al asunto supuesto (Evo nunca utilizó la palabra homosexual) de que el presidente de Bolivia acusó a los aliementos transgénicos como culpables de homosexualidad. Yo, que tengo la suerte de haberlo escuchado, no entendí en ese sentido sus palabras. Lo peor es que nadie se ha hecho eco de su reclamo para el cuidado de la Tierra como Casa y Madre de Todos. Incluso Evo, con todo el bajo nivel cultural que podría mostrar, debe saber que la homosexualidad es tan antigua como la tierra misma, y tan natural como ella.

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