En Cuba: “El que no salte es Yanqui”

Yusimí Rodríguez

Quién sabe si dentro de unos años las Damas y las manifestantes no se sentarán a conversar y a recordar este y otros días similares. Foto: Caridad

HAVANA TIMES, March 18 — Así decía una de las consignas que gritaban las mujeres del pueblo en respuesta a la peregrinación de las Damas de Blanco por la calle Obispo.

Ocurrió hoy mismo, 18 de marzo, aproximadamente a las once de la mañana.  Yo estaba  cerca de Obispo y Compostela, en La Habana Vieja, por casualidad cuando escuché la bulla y decidí acercarme como varios curiosos.

Venía un grupo de veinte mujeres aproximadamente, vestidas de civil coreando consignas.  Alrededor venían unos reporteros filmando y tomando fotos; supongo que en su mayoría o totalidad eran extranjeros.

Al principio no sabía lo que estaba sucediendo, hasta que alguien me dijo que se trataba de las Damas de Blanco.  Pero ninguna de las mujeres que yo veía estaba vestida de blanco, ni pude entender las primeras consignas que coreaban, pero ya a la altura del lugar donde me encontraba yo, empezaron a gritar: “El que no salte es Yankee”.

Como cuando era niña y alguien gritaba “El último es la peste”, y había que correr para no ser el último.  Como cuando se pregunta en una reunión quién está de acuerdo, y todo el mundo levanta la mano.  No sé si la idea era que los que estábamos alrededor, observando, tuviéramos que saltar para demostrar nuestra filiación política, o era una invitación a sumarnos. Nadie lo hizo.

Las mujeres de la manifestación sí saltaron, y una incluso se desplazaba hacia delante saltando con sus dos pies al mismo tiempo.  Finalmente pasó ese grupo y pude ver, por primera vez desde que escuché hablar de ellas, a las Damas de Blanco: un grupo de entre quince y veinte mujeres vestidas de blanco. Todas iban en silencio y portaban gladiolos.  Alrededor iban unos policías uniformados.

Algunos comentaron que las Damas habían protagonizado otra peregrinación ayer y que las mujeres del pueblo las habían golpeado.  Eso pueden ser rumores y exageraciones de la gente; lo que vi hoy, es que caminaban muy tranquilas sin que nadie las tocara.

Pero no sé por qué tampoco me extrañaría que hubieran sido golpeadas.  Será porque sé que en el 80 la gente tiró huevos, entre otras cosas, y agredió física y verbalmente a los que se iban del país.  Yo era chiquita, pero no solo lo he escuchado, sino que lo he visto en documentales.  De hecho, hace un rato supe que la consigna “El que no salte es Yankee” también es de esa época.

Una respuesta bien organizada

Otro espectador me comentó luego que ayer las Damas iban gritando: “Libertad” y que las mujeres del pueblo respondían:   “Para nuestros cinco héroes”.  Me resulta llamativo que estas mujeres, que no son policías ni agentes, hayan logrado organizarse tan bien y tan pronto para salirles al paso a las Damas.

¿Serán todas del mismo barrio?  ¿Cómo se enteraron de la marcha?  ¿Estaba anunciada?  También me sorprende que solo hubiera mujeres.  Claro que se vería muy mal que los hombres les hicieran frente, sobre todo si en verdad hubo algún empujón al calor de los hechos, como alguien dijo.

Entre mujeres es otra cosa, hay igualdad de condiciones.  En los dos bandos había solo mujeres: las del pueblo y las Damas (que, por cierto, también son mujeres cubanas y por tanto parte del pueblo cubano).

Las Damas son madres de presos políticos y de personas que perdieron la vida intentando abandonar el país de forma ilegal.  Al menos algunas de las otras deben ser madres también.  Tienen eso en común.

El hecho de que las Damas pidieran libertad, y las otras respondieran: “Para nuestros cinco héroes” (si en realidad ocurrió así), me hace pensar que tanto las Damas como las madres de los cinco héroes tienen hijos presos por razones políticas.

La política y el poder fomentan las diferencias

La política y el poder tienen la virtud de dividir a las personas y hacer que se concentren en las diferencias que existen entre ellas, por encima de lo que tienen en común.

Lo importante no es que esas mujeres tengan hijos presos o que los hayan perdido en el mar, sino que sus ideas políticas están en contra del gobierno.  Tal vez alguien podría calificarlas de agentes al servicio del enemigo.  Es posible, no lo sé con seguridad, aunque pienso que sería terrible que utilizaran su dolor de madre como instrumento político.

Pero tampoco me siento con derecho de juzgarlas. No he perdido un hijo ni tengo ninguno preso.  De hecho no tengo hijos.  Sin embargo, las personas que querían emigrar en los 70 y en el 80 no estaban al servicio de nadie y solo querían eso: irse del país, por los motivos que fuera.

Por eso recibieron golpes y ofensas.  Me pregunto si la gente que participa en estas manifestaciones contra de personas que están en contra del gobierno, se sientan a pensar en lo que están haciendo, a preguntarse hasta qué punto es justo, si no están irrespetando el derecho de las otras, y si no son también, en cierto modo, un instrumento.

Veo repetirse estas actitudes de los setenta y el ochenta, y pienso que sería gracioso que también se repitiera lo que ocurrió en los noventa, cuando aquellos emigrantes regresaron y eran tan bien recibidos por los que antes les habían arrojado huevos, e incluso les compraban cartones de huevos a los de aquí.  Estábamos en el Período Especial y los huevos eran escasos en el país.

También por esa época se despenalizó la tenencia del dólar.  Lo que era un delito por el que pagaban muchas personas, se convirtió en un lujo.  Los que tenían un familiar en el extranjero, eran afortunados.

Además nos reconciliamos con los religiosos, y de pronto la gente no tenía que ocultar sus creencias religiosas por miedo a perder el puesto de trabajo y hasta se podía pertenecer al Partido siendo religioso.  De hecho los Pastores por la Paz nos brindaron apoyo y ayuda material en ese período.

Nunca pensamos que las circunstancias pueden cambiar hasta que lo hacen.  Quién sabe si dentro de unos años las Damas y las manifestantes no se sentarán a conversar y a recordar este y otros días similares.  Pero para eso deben primero cambiar muchas cosas.


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