El orgullo de vivir en una potencia médica

Yusimí Rodríguez

Consultorio médico. Foto: granma.cu

HAVANA TIMESNo cabe duda de que uno de los logros de la Revolución Cubana es el acceso universal (no gratuito) de todos a la salud pública.

He conocido ciudadanos que no cuentan con esa posibilidad en sus países, y me han expresado su incredulidad y hasta envidia, ante un sistema que garantiza atención sanitaria a todos los cubanos e incluso a otros pueblos, mediante las misiones internacionalistas. Confieso que en momentos así he sentido orgullo de nuestra potencia médica. El orgullo se ha desinflado en varias de las ocasiones en que he necesitado hacer uso de ella.

En 2015 debí someterme a una cirugía. Pese a las dificultades para conseguir la radiografía de tórax (no había placas) fue de esas ocasiones en que la potencia médica hizo honor al rimbombante título: el cirujano, la anestesióloga, los camilleros y las enfermeras casi me abrumaron con su preocupación, la meticulosidad de su trabajo.

Aclaro, porque quizás suena como algo grave, que se trató de una intervención ambulatoria de mama debido a algo llamado fibroadenoma, que no es para nada maligno. Aún cuando el cirujano estaba casi seguro de que ese sería el resultado final de la biopsia me indicó un estudio bien profundo. Realizado el diagnóstico, me orientó no exagerar en el consumo de lácteos, café, té y chocolate; además de ciclos con vitaminas A, E y B6, de por vida. Ahí es donde la potencia de la salud ha empezado a fallarme.

Justamente previendo esos fallos, una amiga de mi madre, residente en los Estados Unidos, se ha encargado de mantenerme abastecida de vitamina E. Las A y B6 las he comprado aquí sin problemas… hasta que la semana pasada, tras el período de descanso, me tocaba hacer mi primer ciclo del año. Tengo vitamina E, como dije, y A. Solo necesitaba la B6, que como la mayoría de los medicamentos se adquiere mediante prescripción.

Policlínico. Foto: infomed

Hace menos de un mes nos quedamos sin médico en mi consultorio, algo que puede ocurrir y de hecho ha sucedido antes. Pero a falta del que te toca, te diriges al más cercano y eso hice el jueves por la mañana, armada de paciencia y un libro: cuando falta el especialista en un consultorio, el más cercano se llena más que de costumbre. Y si es día de atención a embarazadas, casi es mejor pensarlo antes de ir.

La buena noticia es que no necesité esperar mucho. La mala es que la doctora no fue, porque ese día ella tenía turno. Me dirigí al policlínico, hice una pequeña cola, entré; le expliqué a la persona de guardia que me sentía muy bien de salud, por lo que no le quitaría mucho tiempo. Solo necesitaba una receta de Vitamina B6. Justo lo que él no me podía facilitar. Los galenos de los policlínicos tienen prohibido recetar medicamentos, aunque tengan recetas, como tenía este, e incluso están sujetos a multas si violan la orientación. “Lo siento, me solidarizo contigo, pero no puedo resolverte. En esta misma calle hacia abajo hay tres consultorios, en cualquiera te pueden hacer la receta”.

Necesité caminar únicamente dos cuadras para llegar al primero… que estaba cerrado, porque los doctores estaban en función de la fumigación. En el segundo, tres cuadras más abajo, había… un pediatra. No pueden recetar medicamentos a personas adultas. ¿Pero por qué desanimarse? Justo enfrente había un tercer consultorio… y un papel en la puerta para informar que el médico estaba en la fumigación.

Regresé al policlínico y pregunté por el director o directora, en busca de una explicación para que allí no pudieran hacerme la receta o alguna solución. El director (o directora, no supe) no estaba. Pero la secretaria me ofreció una solución: un consultorio cercano al mío que yo había pasado por alto. Seis cuadras desde el policlínico, sumadas a las que había caminado. Nada del otro mundo, en realidad. Tengo solo 40 años y un buen estado físico. Me imaginé a mi madre, con más de sesenta años y artrosis generalizada, caminando tanto para conseguir una receta y ya no me pareció nada del otro mundo.

Allí había una doctora y únicamente dos pacientes delante de mí. Una de ellas embarazada. Saqué el libro. Las embarazadas requieren un examen exhaustivo y la doctora, previendo el tiempo que demoraría con ella, dijo que si venía alguien más debíamos informarle que debería venir al día siguiente. La tarea le tocó a la mujer que había marcado detrás de mí, y debió transmitir el mensaje a una señora que acababa de tomar un medicamento y le había hecho reacción. Quizás, debió explicarle su caso a la doctora, y es muy posible que hubiese sido atendida, pero bajó la cabeza y dio media vuelta. Pensé que de haberme demorado un poco más en llegar, esa respuesta la habría recibido yo.

Farmacia habanera.

Esta vez, en realidad tuve suerte. Simplemente debí emplear una mañana para conseguir mi receta de Vitamina B6. Hace tres años, me tomó casi una semana renovar mi tarjetón de salbutamol para mi padecimiento de asma, porque tampoco había médico en los consultorios. En uno de ellos, coincidí con una señora cuyos dos hijos médicos se encontraban cumpliendo misión en otros países. Ella llevaba también varios días intentando que la viera un galeno. Nos tomó más de una hora convencernos de que esa mañana tampoco tendríamos suerte.

Sin embargo, como dije antes, y aunque me tomó casi una semana, en aquel momento conseguí renovar mi tarjetón, y esta vez conseguí la receta. O sea, final feliz… si ese fuera el final de la historia. Cuando intenté comprar las vitaminas, esa misma tarde, supe que la Vitamina B6 está en falta “hace rato”, según la empleada de la primera farmacia a la que fui, en el Vedado. Digo la primera, porque pese a sus palabras fui a tres más, donde recibí la misma respuesta.

No me convencí hasta el día siguiente, cuando me dijeron lo mismo en una farmacia de mi municipio. Y junto a la vitamina B6, están en falta “hace rato, también” el kogrip y la domperidona, medicamentos que necesita mi madre. Acabo de saber, por un artículo publicado en Diario de Cuba, que el clordiazepóxido también está perdido. “… si te guías por los surtidos de las farmacias, los cubanos tenemos prohibido deprimirnos o estresarnos…”, afirma una doctora en el artículo de Adriana Zamora. Lo que me sirve de consuelo es que en otros países las personas deben tener un seguro o pagar cifras altísimas para ser atendidas por un médico. No tienen la suerte de vivir, como yo, en un país que es una potencia médica.

26 thoughts on “El orgullo de vivir en una potencia médica

  • Ud fue el que insinuo que eran totalitarias

  • Claro que no. El problema es hablar de “potencia médica” y de “acceso universal” cuando se quita efectivamente el 80% del salario para justificar un supuesto servicio de salud con hospitales que se están cayendo, con equipos obsoletos, sin medicinas y con tratamientos a base de cocimientos (menos en el CIMEQ, claro, que ahí sí el “bloqueo” no afecta).

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *