El lugar donde has sido feliz

Yusimí Rodríguez

Terraza de La Buena Vida. Foto: tripadvisor.es

HAVANA TIMES — Hace un año, fui comensal del restaurante “La Buena Vida”, ubicado en calle 46 entre 9na y 11, Municipio Playa de nuestra capital. Estuve allí en calidad de invitada de una persona extranjera, como en todas las ocasiones que he podido comer en algún restaurante de cierta categoría, desde los años 90.

Este no era solo un restaurante de cierta categoría, sino un restaurante vegetariano gourmet (aunque incluía platos de mariscos), con especialidades de coctelería molecular. Aquel sitio me fascinó de tal forma que le dediqué dos artículos en publicaciones digitales distintas, “Qué nos ofrece La Buena Vida”, en Diario de Cuba, y “La Buena Vida en Cuba”, en HT.

Confieso haber fantaseado durante meses con el regreso a aquel lugar. Al principio, mis fantasías incluían a mi familia, luego se volvieron un poco más realistas y me conformaba con la posibilidad de regresar sola y probar alguno de los platos del menú cuyos nombres permanecían en mi cabeza.

Terminé por poner los pies en la tierra. Hay un dicho cubano que reza: “La buena vida es cara, la hay más barata, pero no es vida”. “La Buena Vida”, como cualquier restaurante de este país, incluso los más baratos, estaba fuera de mi alcance.

Pero la casualidad quiso que una amiga extranjera leyese uno de mis artículos sobre el restaurante y, aunque no es vegetariana, le despertó suficiente curiosidad. ¿Qué mejor compañía que yo, una vegetariana, que además conocía el sitio?

Una canción de Joaquín Sabina dice que “al lugar donde has sido feliz, nunca debes tratar de volver”. Pero yo siempre he creído que la segunda vez es siempre la mejor. Me ha sucedido con muchas películas: puede que al verla otra vez, empiece a descubrirle defectos y se desmorone antes de llegar al final. Pero si sobrevive a esa segunda vez, significa que es realmente buena y la disfruto más.

Eso experimenté al entrar en “La Buena Vida” por segunda ocasión en un año: me pareció más elegante, más acogedor, más ingenioso en el diseño. Mi amiga, como yo, prefiere el aire libre, por tanto volví a sentarme en la terraza, esta vez a la luz del día. A mi amiga le encantó y tomó fotos. La camarera nos atendió con absoluta cortesía y profesionalidad.

Llegó el momento de ver el menú, y disfrutar la tortura de intentar escoger entre todos aquellos platos elaborados a la carta con ingredientes exóticos, importados en su mayoría. Nada de la comida recalentada que sirven en muchos sitios. Pero ese fue justo el momento de la decepción, no para mi amiga que llegaba a “La Buena Vida” por primera vez, sino para mí, que había sido tan feliz allí y cometí el error de volver.

El menú de “La Buena Vida” sigue incluyendo una cesta de panes elaborados en la casa, con ajonjolí y especies aromáticas, carta de vinos, infusiones, pizzas y lasañas vegetarianas con queso parmesano y queso mozzarella entre otros platos vegetarianos exquisitos, además de… carne. No solo mariscos, para lo que yo estaba preparada, sino aves y cerdo.

Cuando le pregunté a la camarera qué había pasado con el sello vegetariano del lugar, me explicó que perdían clientela no vegetariana ni aficionada a los mariscos, que, desgraciadamente, es la mayoría.

Días más tarde coincidí con los otros tres comensales de mi primera visita a “La Buena Vida” y les conté las novedades. Una de ellas, vegetariana como yo y rastafari, decidió que no regresaría. “Ya no es La Buena Vida”, me dijo, y estuve de acuerdo… al principio.

El chef Oscar Leal

Apenas tuve tiempo de reflexionar con calma, recordé una ocasión, en el 2012, cuando fui a otro restaurante (invitada por amigos extranjeros, como siempre) donde simplemente no había opciones para personas vegetarianas. Ni siquiera el arroz y los consabidos frijoles con que estoy dispuesta conformarme siempre, ni pizza ni spaghetis. Me ofrecieron unos vegetales al horno que resultaron ser unos pedazos grandes y casi crudos de vegetales, con menos encanto que cualquiera de las ensaladas que preparo en mi casa.

Los platos carnívoros estaban muy bien elaborados, según mis amigos, pero era evidente que el lugar no estaba listo para clientes vegetarianos. Al día siguiente, con ellos mismos fui a otro sitio en La Habana Vieja, muy acogedor y original en el diseño; la ensalada era realmente buena, pero si yo no incluyera huevos en mi dieta en ocasiones especiales (por ejemplo, esa) habría estado limitada a la ensalada y unos pedacitos de pan, porque se había acabado el queso.

Supongo que una persona vegana, habría tenido incluso menos opciones. Esos recuerdos, me permitieron ver los cambios en “La Buena Vida” bajo otra óptica. Ya no es un restaurante vegetariano, pero es uno donde las personas vegetarianas tendrán opciones para escoger, y también quienes comen carne. La amiga que me invitó en esta segunda oportunidad a “La Buena Vida” disfrutó su filete de pescado, mientras yo era feliz con un plato de vegetales rellenos.

En Cuba, servir vegetales totalmente frescos y comida elaborada a la carta, además de emplear queso parmesano y especies importadas, requiere una inversión alta. Aunque sus dueñas fueron muy creativas al emplear en el diseño cosas que pertenecieron a sus antepasados, recuerdos de una Habana elegante y glamorosa, la planta baja de la casa requirió adaptaciones para convertirse en un restaurante.

Ubicado en una zona alejada del centro de la ciudad y de acceso más difícil que otros restaurantes, en un país donde la comida vegetariana no es la primera opción de la mayoría de los nacionales ni de los extranjeros, había dos opciones para “La Buena Vida”: desaparecer (y echar por la borda toda la inversión) o adaptarse a las circunstancias, manteniendo algo de lo que los distingue.

Existe cierta analogía entre los cambios introducidos en “La Buena Vida” y los introducidos por nuestro gobierno, para actualizar el modelo económico, eufemismo para denominar lo que en la práctica es una transición del socialismo (más duro que puro) al capitalismo.

Pero lo que en “La Buena Vida” tomó meses, en nuestro país ha tomado décadas. La realidad muestra que el precio de demorar cambios que esta sociedad pedía a gritos ha sido bien alto, y sobre todo, muestra a quiénes ha tocado pagarlo.

Para unos resultará decepcionante que “La Buena Vida” no sea ya un restaurante vegetariano, como son decepcionantes los cambios que tienen lugar en nuestro país para muchos de quienes aplaudieron la eliminación del menor resquicio de propiedad privada en 1968 con la “Ofensiva ¿Revolucionaria?”, y hoy ven que es esa propiedad la que puede resucitar la economía de este país.

A muchos, y me incluyo, asusta la desaparición “sin prisa, pero sin pausa” de la libreta de abastecimiento, justo ahora cuando las cosas encarecen, y los productos liberados, como los huevos y las papas, desaparecen. Pero los cambios son inevitables; los primeros en comprenderlo, a regañadientes, son los dirigentes de este país, aunque les haya tomado tanto tiempo ceder y ponerlos en práctica, y aunque aún no sean todos los cambios que demanda la sociedad.

Tiene razón, sin embargo, Joaquín Sabina. “Al lugar donde has sido feliz, nunca debes tratar de volver”, si esperas que todo permanezca igual, estático, detenido en el tiempo, y no eres capaz de mirar la realidad con mente abierta.  Quienes se fueron de Cuba cincuenta años atrás, no encontrarán el mismo país, ni podrán esperar que lo sea otra vez.

“La Buena Vida” sigue siendo buena… y cara, por tanto, no creo que regrese. Pero les deseo el mayor de los éxitos, y sobre todo mantener la capacidad de saber adaptarse a las circunstancias y cambiar cuando estas lo demandan.


4 thoughts on “El lugar donde has sido feliz

  • el 24 marzo, 2014 a las 6:00 pm
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    Yusi:

    ¿Por qué no publicas el menú de La Buena Vida con sus precios? Saludos

  • el 24 marzo, 2014 a las 4:15 pm
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    Oigan , los que viven en Miami , recomiendenme un lugar que toque rumba flamenca en vivo , por favor.

  • el 24 marzo, 2014 a las 2:01 pm
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    ¡Qué triste, que para ir a un restaurante; cosa que es la cosa más normal del mundo, un cubano tenga que esperar a que lo invite un extranjero!

    Hay además un par de cosas que no comparto contigo: No hay similitud para nada entre ese restaurante que ha decidido deshacerse de una idea comercialmente equivocada en un país eminentemente de gente carnívora y adaptarse a su clientela para sobrevivir y desarrollarse y el gobierno que no se atreve a hacer los cambios necesarios para que Cuba sobreviva y avance y por eso se hunde.

    ¡Ojalá el dueño del restaurante fuera el presidente del país!

  • el 24 marzo, 2014 a las 10:57 am
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    Realmente no llego a comprender por que su amiga rastafari se molesto porque junto a la oferta de vegetales hubiese carnes. Siempre y cuando existe lo que prefiere…Cual es el problema. Por cierto UD es la primera cubana viviendo en la isla vegetariana por conviccion. Por necesidad si que conoci muchisimos.

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