El dilema de los cines en La Habana

Yusimí Rodríguez

Afuera del Cine Payret. Foto: Caridad

HAVANA TIMES, 17 abr — En Cuba, a diferencia de otros países, donde constituye un lujo, el cine es un entrenamiento asequible a todos los bolsillos. La entrada cuesta dos pesos en moneda nacional (US 0.10). En opinión de un amigo suizo, no es tan barato si se toma en cuenta muchos salarios o jubilaciones, pero hasta ahora podemos costearlo.

La mayoría de los espectadores con quienes coincido en las salas son jubilados, personas mayores que recuerdan con nostalgia películas de Errol Flinn, Liz Taylor, Humpherey Bogart, que veían en su juventud. Tres o cuatro películas por solo diez centavos.

A veces, no salían de la sala oscura hasta la noche. Dentro, alguien vendía rositas de maíz, papas fritas, sandwiches y hasta refresco. No necesitaban ni levantarse, los vendedores les llevaban su variada oferta a los asientos.

Ahora, con diez centavos no logran ni montar un ómnibus, los cines de barrio han ido desapareciendo gradualmente; quedan los cines de los grandes circuitos, con solo dos funciones diarias.  Solo ofrecen cuatro tandas el Yara y el Payret.

También ahora, hay rositas de maíz, papas fritas, sandwiches y refrescos, pero se venden fuera del cine y mucho más caro que en aquel entonces. Muchas veces no hay agua para descargar los baños; a veces, hay un solo baño para hombres y mujeres.

Pero aún es posible ver buenas películas, por un precio asequible. Tal vez, demasiado asequible para que sea rentable al Estado.

Las fiestas de los cinéfilos

En Cuba, la fiesta mayor de los cinéfilos es el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, en los primeros quince días de diciembre. La Habana es la gran anfitriona, aunque hay subsedes en otras provincias.

Durante el año, la gente ahorra dinero, vacaciones y atuendos para estos días. Es una maratón de películas. Los cines se abarrotan en casi todas las tandas. Hay personas que ven seis o siete películas en un día.

Las personas mayores prefieren las tandas más tempranas.

Durante el Festival, los cines recaudan mucho dinero, incluso desde antes, con la venta anticipada de “pasaportes”. Mucha gente acude, no solo por la oportunidad de ver películas buenas, regulares o malas, sino porque es un lugar a donde ir. Pero eso ocurre solo diez días en el año.

También tenemos el Festival de Cine Francés, casi a mediados de año. La gente compra pasaportes y programas con antelación. Los cines se llenan una vez más. Pero pasados los festivales, solo acuden a las salas los fieles cinéfilos de siempre.  A lo largo del año, cines como el Charles Chaplin y el Multi Cine Infanta proyectan ciclos y muestras internacionales; aún así, es difícil que las salas vuelvan a llenarse.

¿Por qué?

Aún en los años ochenta, durante mi infancia, veía mucha gente en los cines cuando mis padres me llevaban. Ellos mismos, a veces pedían a alguna parienta que nos cuidara a mi hermana y a mí, para ir a ver alguna película prohibida para menores, en el horario de la noche.

Con el tiempo, han aparecido equipos que permiten disfrutar una película sin moverse de casa. Ha aparecido el DVD, ya tienen incluso entrada para memorias flash. Los cubanos que cuentan con mayor entrada económica, han adquirido el suyo, los que tienen menos entrada, ahorran para no quedarse atrás.

El que tiene oportunidad de viajar fuera, trae su DVD en la primera oportunidad. A algunos se los ha traído un familiar, desde el extranjero. Así, los DVD han ido propagándose. Puestos a escoger entre la comodidad de ver una película en casa, y fajarte con el transporte público para llegar al cine, y luego fajarte con el transporte público para regresar, la elección es clara.

Ha sucedido también que la televisión ha exhibido una película al mismo tiempo que los cines, o incluso antes.

Mi elección, sin embargo, sigue siendo la oscuridad de la sala, la enormidad de la pantalla, la soledad de mi butaca en el cine. Cuando miro a mí alrededor, son cada vez menos las cabezas que distingo. Me pregunto si empiezo a formar parte de una especie en peligro de extinción.

Soluciones

Las salas han empezado a ofrecer conciertos y espectáculos humorísticos los fines de semana. Algunos cines incluyen también los viernes. Los precios de estas funciones oscilan entre veinte y treinta pesos en moneda nacional, mucho menos asequibles que las entradas para el cine, pero más atractivos para un público joven que tiene ganas de divertirse.  Y las salas se llenan.

El Multi-cine Infanta. Photo: Caridad

Resultados

Algunas personas dicen que se han roto asientos en el cine Yara. Las proyecciones de películas han sido afectadas también. En el Yara, comienzan más temprano y se ofrecen tandas corridas hasta las seis de la tarde aproximadamente. Hay que preparar la sala para el espectáculo nocturno.

En La Rampa, la tanda de las ocho de la noche de los sábados ha sido eliminada a causa de los conciertos. Los domingos, hay una peña a las tres de la tarde que debe terminar antes de las cinco para que puedan ofrecerse las dos tandas del día.

El pasado viernes, intenté ver en ese cine el filme francés Crimen de Amor. Fue suspendida la función de las cinco porque el grupo que daría el concierto al día siguiente estaba ensayando. Pregunté si pondrían la película el sábado a las cinco y me dijeron que sí, pero no logré ir. Luego supe que tampoco hubo función.

El domingo, hice un nuevo intento para ver la película a las cinco de la tarde. Pero la peña de las tres no había concluido. Los espectadores nos quejamos a la dirección del cine.

Pocas veces, he formulado una queja y he recibido la amabilidad de la directora del cine. Reconoció nuestro derecho a estar molestos, además de darnos todas las explicaciones necesarias.

Originalmente, la función de los domingos a las cinco se había eliminado, teniendo en cuenta que la peña podía extenderse. Recientemente, a “alguien”, según las palabras de la directora, se le ocurrió incluir esa tanda en la programación de las películas nuevamente, y eso ha creado incomodidad en el público, que  a veces acude al cine y debe esperar más de lo previsto, o no logra ver el filme.

No fue nuestro caso. La directora aseguró que proyectaría la película, aunque comenzara un poco más tarde, y así lo hizo.

Tal vez, lo más acertado sea, en efecto, mantener solo la tanda de las ocho de la noche los domingos, a esa hora, la peña de la tarde tiene tiempo de sobra de haber terminado.

Por otra parte, muchos de los que van al cine son personas mayores que prefieren la tanda de las cinco, porque a las siete de la noche, cuando ya la película acabó, aún está de día fuera y el transporte es más o menos asequible. Eliminar esa tanda, sería privar a este sector de la población de uno de los pocos entretenimientos que sus bolsillos pueden costear.

Pero son los espectáculos como ese concierto del sábado y la peña del domingo los que están haciendo el cine más o menos rentable. Sin ellos, tampoco habrá más películas para nosotros, los cinéfilos.

 


2 thoughts on “El dilema de los cines en La Habana

  • el 19 abril, 2012 a las 1:32 am
    Permalink

    Me pregunto,a que voy a un cine,,,,,? antes salir la “pelicula” ya esta en internet…sentado en “donde vivo”…la veo ..sin “salir” de casa(mejor dicho)….donde vivo!!….”los cines!.??…eres “tu misma”….un beso””

    prefiero “los cines diferentes”….creo en “otras dimensiones!,quizas…?….pero estaba en secundaria estaba con Vilma—era mi novia….creo que tenia 12 ….nos fuimos a ver una pelicula se titula “El circulo Rojo”….

  • el 18 abril, 2012 a las 10:58 pm
    Permalink

    ¡Ah, los cines de La Habana, Yusimí! Has tocado una tecla que, sobre todo para los cubanos tembas (entre los que me incluyo), desatará necesariamente oleadas de nostalgias y remembranzas.
    ¿Quién de los que ya superan la quinta década de vida –años más, años menos- no tuvo su deslumbramiento sexual en uno de aquellas instituciones comunitarias en que devinieron los llamados cines de barrio de la capital? O incluso detectó al amor de su vida entre las sombras rotas por la insistencia de un viejo proyector sobre la pantalla; ¿quién no transitó en aquellos años de las voluptuosas curvas y mirada seductora de la italiana Gina Lollobrigida al bello rostro y aniñadas trenzas de la ucraniana Zhanna Prokorenko en “La balada del soldado,” cuando el cine “bolo” se plantó entre las películas de Hollywood?; ¿quién no gritó alguna vez “¡cojo, suelta la botella!”, silbando en protesta cuando el rollo se partía en medio de la proyección, o se apagaba repentinamente el equipo?; ¿quién no rio a más no poder con los clásicos guasones de cine, personajes criollísimos, que en medio de las más tensas escenas de un filme soltaban sus chistes espontáneos?; ¿quién no hizo colas de horas para ver a Douglas Fairbanks en “El ladrón de Bagdad”, cuando se reponía el filme, para entonces tan gastado y “reconstruido con varias copias de uso”; o a Toshiro Mifune, en “El pirata samurai;” o a Vladimir Korenev en “El hombre anfibio;” ¿quién vio una sola vez “La vida sigue igual”…?” Creo que si Guillermo Cabrera Infante se hubiera quedado en Cuba, habría tenido que escribir una segunda parte de “La Habana para un infante difunto,” haciendo crónica de la extraordinaria mezcolanza de géneros y nacionalidades que primó en el cine visto por los cubanos en los años 60 y 70, y cuánto influyó este arte en las generaciones de ese entonces.
    Hoy el panorama no es muy halagador. De tener más cines que París y Nueva York a finales de los 50, (135 salas en 1958 en la capital; más de 400 en todo el país) La Habana se ha quedado con menos de 30 y no todos funcionan. Para colmo de males, tecnologías como las videocaseteras o el DVD, las computadoras y memorias flash, le están dando el tiro de gracia a lo que en algún momento constituyó un segundo deporte nacional. ¿Nos quedaremos sin cines?…Pues ¡que viva el cine!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *