En presencia de la grandeza

Yo no oculto, tampoco pido disculpas por la admiración que siento por la Revolución Cubana de Fidel Castro. La última victoria de un puñado de rebels heroicos -muchos desarmados en un primer momento- sobre el ejército del dictador Fulgencio Batista, que tenía unos 37 mil soldados, al igual que tanques y aviones de combate Mig, no puede ser llamado nada menos que admirable.

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