Wilay: Cimarrón y artista cubano contemporáneo

Fotorreportaje por Elio Delgado Valdés

Wilay Méndez Páez

HAVANA TIMES — Wilay Méndez Páez, integrante de esa nueva generación de artistas contemporáneos de Cuba, llega al arte por diversos senderos. La pintura, la escultura y la poesía, son los pretextos que lo convocan para investigar, reflexionar, invocar y cuestionar la realidad y el contexto socio-histórico en el cual vive.

En el ámbito de las Artes Plásticas, la tercera dimensión lo seduce. Su trabajo se mueve entre los límites de lo escultórico y lo instalativo. El espacio físico como ese sitio en el cual influyen diferentes experiencias y maneras de percibir el entorno debido a la relatividad que imponen sus tres dimensiones, es de puntual importancia dentro de su discurso artístico.

Asimismo, la imaginería que compone su obra se apoya en determinados códigos donde el universo Afrocubano, las culturas primitivas del planeta y la sociedad contemporánea con sus aciertos e imprudencias, se conjugan para concebir una poética crítica, perspicaz y sutil.

Wilay diseña arquitecturas a partir de materiales naturales, recuperados, desechados y en estado de descomposición (metal, madera, piedra, yute, transistores, nylon y plástico derretido entre otros componentes).

Sus obras forman un proceso creativo haciéndose valer de cierta ingenuidad, pero sobre todo prevalece ese hálito de expresionismo postmoderno que acentúa el discurso conceptual.

La expresividad de la imagen y la simbología del material escogido dialogan con la recurrencia de la vida y la muerte, tema presente en el pensamiento religioso y cotidiano de las culturas africanas y universales.

Entre esos materiales pobres que Wilay escoge para sus trabajos, el metal goza de cierto privilegio. El óxido y las impurezas participan en la obra como cartografía de un concepto que subyace en la visualidad del material. El metal para él se descubre en una naturaleza donde habitan un grupo de sustancias y materias orgánicas que lo corroen, modifican y transforman.

Definiéndose como un cimarrón, aunque tiene su casa en Artemisa, vive solo en una casita construida por él mismo en un terreno, en Guanabo, adquirido en usufructo por una tía suya para sembrar, por lo que comparte sus labores artísticas con la labranza de la tierra.

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