¿Venezuela rebota?

Ilustración Connectas

La economía venezolana parece reaccionar tras haber tocado fondo, pero la situación política sigue inmutable en el autoritarismo

Por Grisha Vera* (Confidencial)

HAVANA TIMES – La Venezuela de 2022 se percibe distinta. Una parte de los venezolanos hacen de nuevo planes los fines de semana. Comienzan a llenar restaurantes, centros comerciales, sitios nocturnos y parques. Ya no llevan tan vacíos los carritos del supermercado ni encuentran escasez en los anaqueles.

En Venezuela, según la prensa oficial, se han registrado 202 609 emprendimientos. Muchos venden de todo, todo el día, porque hay que trabajar duro para conseguir lo básico. Venezuela está ‘desempeorando’ desde finales de 2021, cuando poco a poco, casi imperceptiblemente, la economía se dolarizó.

Aunque persisten las carencias en la asistencia de salud y otros servicios básicos y los ingresos promedio siguen muy precarios, los venezolanos ahora sonríen porque algunos recuperaron un poco el poder adquisitivo y con ello la esperanza. Pero no solo ha cambiado la actitud de la gente: el Gobierno de Nicolás Maduro ha flexibilizado los controles al comercio y al tipo de cambio, e incluso ha puesto a la venta parte de la propiedad accionaria de empresas confiscadas (y quebradas) desde el Gobierno de Hugo Chávez. Visto desde la teoría darwinista, simplemente se ha adaptado al contexto con el objetivo de permanecer vivo, esto es, en el poder.

Para Luis Salamanca, politólogo y profesor universitario, el viraje de Maduro no obedece a un cambio ideológico sino al pragmatismo necesario para perpetuarse en Miraflores. “Maduro sigue siendo ideológicamente chavista, pero es un gran oportunista, un gran calculador. Está tocando las teclas para ver cómo reacciona el país y ha logrado que fluya esta campaña de ‘Venezuela se arregló’”, dijo a Connectas.

Según calculan los expertos, durante los nueve años de la gestión de Maduro la economía venezolana se redujo el 80%. De las causas se ha hablado bastante: quiebra de la industria petrolera, nepotismo, aumento del gasto público sin un incremento en la capacidad de producción, malversación de miles de millones de dólares de los recursos públicos, confiscaciones, centralización de la economía y múltiples controles al empresariado.

En 2016 la crisis económica en los hogares venezolanos llegó al punto más álgido. Ese año el 70% de ellos perdieron en promedio ocho kilos de peso. Muchos comían, lo que podían, solo una vez al día. También circularon por las redes sociales fotos y videos que mostraban cómo algunas personas consumían desechos, una situación presente en varias ciudades del país.

En 2018, un año después de decretadas las sanciones de Estados Unidos contra funcionarios venezolanos, Maduro comenzó a presentar sus primeros signos de pragmatismo. Ese año anunció un plan de recuperación económica que incluía el aumento del gasto público, de los impuestos asociados a la compra de productos y una flexibilización parcial del tipo de cambio.

En los años posteriores siguieron las decisiones: suavizó los principales controles a la producción y a los precios, permitió avanzar a la dolarización transaccional, abrió el libre tránsito de producto a través de las aduanas y recientemente hizo una reconversión monetaria. Para Henkel García, director de la empresa asesora Econométrica, no se trata necesariamente de medidas radicales sino de un cambio en la postura: solo con revertir los controles aparecen algunos signos de mejora.

Sin embargo, para García el factor principal del crecimiento económico en 2021 es el efecto rebote de la pandemia. “Esta hizo que en 2020 se contrajera la economía de manera importante. Una vez que ya la cuarentena empieza a flexibilizarse se retoman los niveles previos y esto te lleva a un crecimiento económico. Si crecemos un 15% para 2022, que me parece posible y sumamos el crecimiento de 2021, este año cerraríamos con una economía inferior a la de 2019. Entonces, hablar de recuperación económica sin poner esto en contexto, para mí no es lo adecuado”.

Además, los expertos apuntan que solo se han recuperado los sectores comercial y de importación, lo que deja por fuera manufactura, industria y producción. Coinciden en que el crecimiento es frágil porque carece de una institucionalidad que lo soporte y una política macroeconómica coherente. Maduro generalmente toma decisiones contradictorias: flexibiliza los controles, pero también aumenta el gasto público y con ello incrementa el dinero inorgánico que impulsa la inflación.

Por otra parte, el fenómeno no alcanza a todos los niveles de la sociedad. Un estudio de la firma ANOVA Policy Research, publicado el 6 de mayo, concluyó que la recuperación no ha aumentado el ingreso de los más pobres mientras el 10% más rico mejoró su posición.

Omar Zambrano, economista y fundador de ANOVA, explica que esta recuperación parcial solo ha profundizado la desigualdad. “Las actividades productivas que se están activando no están generando empleos ni mejoras sustanciales de salario y por lo tanto están dejando excluida una parte”

Ciertamente, el acceso a los servicios y oportunidades de empleo en la capital contrasta con la realidad de los venezolanos en el interior. De acuerdo con la última encuesta Encovi de la Universidad Católica Andrés Bello, publicada en septiembre y realizada entre febrero y marzo de 2021, 94.5% de los venezolanos son pobres de ingreso y 76.6% están en condición de pobreza extrema.

Con este mismo sistema la economía puede crecer, pero, como advierte a Connectas Henkel García, “sin institucionalidad la recuperación tiene un tope”. Aunque para el experto, “determinar ese tope es imposible. Hay elementos que restringen, por ejemplo, el sector servicios. Si aquí mejora la energía eléctrica eso te eleva el tope. Si hay un cambio político y realmente se lleva adelante una reforma institucional, donde nuevos actores empiezan a generar confianza, eso pone al tope en el máximo de potencial que podamos tener”.

Pero nada indica que Maduro esté interesado en hacer un cambio institucional. Por el contrario, todo parecería señalar que sus medidas de privatización estarían dirigidas a darle un respiro a la economía, mejorar su imagen en el contexto internacional y mostrar que desde el autoritarismo el país puede funcionar e incluso crecer. Todo ello en el supuesto de que, en un ambiente estable, con menos causas para la protesta, permanecer en el poder siempre resulta más fácil.

Salamanca advierte que Maduro no necesita mejorar su deplorable imagen popular porque “no depende de la competitividad electoral. Maduro depende del control del Estado, del control del Tribunal Supremo de Justicia, del control del Consejo Nacional Electoral y el control de las Fuerzas Armadas”. Además, recuerda que, desde el inicio de su gestión hace ya nueve años, tiene una baja popularidad y el rechazo de la mayor parte de los venezolanos, incluyendo a una parte de la ciudadanía que apoya el proyecto chavista. “Ningún presidente con una matriz de opinión de ese tipo puede ganar una elección competitiva”.

Ninguna de las medidas, sin embargo, señala que Maduro esté preparándose para participar en unas elecciones que cumplan los requisitos mínimos de una democracia. Pero una economía más eficiente le serviría para calmar los malestares de la población mientras sigue controlando al Estado como un instrumento para perpetuarse, de una u otra forma, en el poder.

Todo depende de que lo que actualmente ocurre sea de verdad una especie de bonanza embrionaria. De acuerdo con los expertos la percepción de mejoría que tienen muchos venezolanos no sería más que una esperanza. Salamanca la compara con el efecto túnel: “Estás en un túnel largo, una cola enorme de vehículos, ningún carro se mueve. Pasan las horas. Estás entre los últimos. De pronto ves que algún vehículo se mueve en la cabeza de la cola. ¿Qué ocurre en tu percepción? Un cambio. Ya voy a salir, por fin va a terminar este suplicio. Pasan las horas y sigues en el túnel. Era una ilusión de salida del túnel. Seguimos atrapados ahí…”.

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