Un espectador frente a sus estatuas vivientes

Por Ivett de las Mercedes

 

HAVANA TIMES – En el portal del Convento de San Francisco de Asís  se disfruta de seis de los doce personajes creados por el artista Alberto Sánchez Castellón, en los que el cuerpo deviene espacio de creatividad. Basado en la poética del Clown y las técnicas del estatuismo, da lugar al performance.

El ambiente es acogedor, la alegría contagiosa: asombro, risas, opiniones diversas, gestos y miradas se multiplican frente a los intérpretes. Las cámaras capturan con deleite las imágenes de esos actores silenciosos, creados con amor y constancia por ese dedicado obrero del arte, quien lleva 18 años de vida artística. La Dama de la Buena Ventura, El Hombre sin cabezas, La Venus de Bronce, El Marciano, El Levitador, y Claudio José Brindis de Sala festejan por sí solos.

Por primera vez el creador se convierte en espectador y con mirada apasionada observa sus personajes que sobrevienen como paradigmas de libertad expositiva,  se percata de cuántos detalles quedan aún por perfilar. Sabe que esa experiencia será definitiva y enriquecedora. Una nueva luz brilla en su mirada, y optimista se suma a la sorpresa de los paseantes que se arremolinan incrédulos ante su obra.

El Levitador, personaje que se ha puesto de moda en el mundo por otros artistas, ha sido uno de los más significativos en su carrera. Considerado por muchos su obra más ingeniosa,  nació en el muro del malecón y fructificó en el año 2015 como Levitando mi Habana, durante el primer foro itinerante de arte cubano,  organizado por el grupo Gigantería, donde obtuvo el 1er lugar.

Toda labor donde prima el sacrificio rinde sus frutos y para él es día de vendimias, y  no solo recibe la aceptación del público, sino también la de su grupo, el cual le hace entrega de un reconocimiento que coloca a la  sombra de El Levitador.

Se cierra un ciclo de cinco años  de investigación, selección y creación de cada personaje, compra de materiales, vestuarios, accesorios, preparación emocional y disciplina, para comenzar de nuevo. Revisitar cada personaje, ir al detalle que pasó desapercibido en la fotografía.

Claudio José Brindis de Sala marcó un tiempo en su vida.  Estaba de sanquero por La Habana Vieja cuando  descubrió en el mural  de la calle Mercaderes a ese personaje, único negro que pudo entrar a la alta sociedad. Trabajó muy duro en su creación y se sorprende descubriendo  que para lograr una mayor verosimilitud necesita un violín real.

Otro tanto sucede con el Vendedor de Tabacos; sabe que el mejor público que existe son los niños  y siente que no es educativo para ellos, a pesar de gozar de muy buena aceptación en diferentes eventos relacionados con la cultura del tabaco: Festival del Habano, Feria del Turismo, Club Habana, Club de Fumadores, Casa del Habano, Feria del Turismo y hotel Habana Libre. La historia de ese personaje le es muy querida; su foto  es la única que existe de un vendedor de tabacos del siglo XIX, pero aun así difundirla le resulta contradictorio.

La remembranza no pasa desapercibida para Alberto.  Con especial amor recuerda cuando fue a Haití a alegrar a las personas que lo habían perdido todo en el terremoto en el año 2010. En Cuba llamaron a ese proyecto misiones, y surgieron de una idea que ya venía trabajando Alexis Leyva Machado, Kcho, desde hacía años.

Para Alberto, participar de esas misiones fue la oportunidad de dar su aporte desde el arte a los más necesitados. Su travesía había sido larga, había recorrido varios rincones de la Isla azotados por ciclones: Camagüey, Guantánamo y la Isla de la juventud, hasta que llegó su momento de viajar a Haití.

Durante el viaje pensaba que aquellas personas que habían sido tan severamente golpeadas por la naturaleza no se dejarían arrastrar por la alegría de  una conga callejera, o ante el despliegue multicolor de los zanqueros y mucho menos de los  payasos, pero lo sorprendió el agradecimiento del pueblo y el amor de los niños. A su regreso a Cuba supo que nunca dejaría de trabajar para ellos.

Alberto Sánchez, obrero del arte, refiriéndose al tiempo que le queda de trabajo, atestigua entre sonrisas que será ¨hasta que me den el bastón¨.

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Un comentario sobre “Un espectador frente a sus estatuas vivientes

  • Buen articulo. El trabajo de las estatuas vivientes en el mundo es excelente. En la Habana tambien. Felicidades a todos los que hacen este arte tan difícil y especialmente a Alberto, un laborioso trabajador. Buenas fotografías.

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