Último desastre natural deja rastro de solidaridad ciudadana en Cuba

Por Patricia Grogg (IPS)

A comienzos de febrero, un grupo de voluntarios que se organizaron para atender a los damnificados del tornado que azotó La Habana el 27 de enero, camina cargado de bolsas con diversos bienes donados para brindar asistencia a las personas necesitadas, en uno el municipio de Regla, uno de los que conforman la capital de Cuba. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

HAVANA TIMES – El desastre causado por un poderoso tornado, que azotó cinco municipios densamente poblados de La Habana, agrava las penurias económicas de Cuba, al mismo tiempo que desató un movimiento ciudadano de solidaridad, que no esperó la convocatoria oficial para manifestarse.

Seis fallecidos, casi 200 heridos y cuantiosos daños materiales, especialmente en viviendas, bienes personales y edificaciones públicas, fue el saldo del fenómeno atmosférico que la noche del 27 de enero dejó su estela de destrucción a lo largo de su trayectoria de unos 20 kilómetros, con vientos máximos de 267 a 322 kilómetros por hora.

Cuba terminó 2018 con un crecimiento de apenas 1,2 por ciento y comenzó el nuevo año con fuertes tensiones financieras por la reducción de los ingresos previstos, debido a la caída en las exportaciones, el turismo y la producción azucarera.

Esa situación obligó a cortar al mínimo las importaciones, por lo que podría incrementarse el desabastecimiento de alimentos, a lo que se suma ahora la necesidad de atender las consecuencias del nuevo evento climático.

Pero a medida que la ciudad comenzaba a restañar sus heridas, se vio nacer también un masivo movimiento solidario en favor de los damnificados, casi tan sorpresivo como el evento, que a diferencia de un huracán no se puede pronosticar por ser un sistema pequeño en tamaño, de corta vida y trayectoria.

Las personas comenzaron a llegar a la zona afectada apenas despuntó el alba el lunes 28, algunas a título individual, otras como activistas de organizaciones no gubernamentales, estudiantiles, agrupaciones religiosas, artísticas o deportivas. Todas unidas por el deseo de remediar las carencias de quienes lo perdieron todo.

Este fenómeno social está muy vinculado al creciente acceso a Internet, a la que en diciembre pasado se incorporó la conexión por datos móviles, mucho más resistente al tornado que los servicios tradicionales de telefonía fija y móvil. Fue así que las redes sociales devinieron distribuidoras de las primeras noticias e iniciativas de apoyo.

Integrantes de una brigada de construcción trabajan en la reparación de una vivienda entre los escombros dejados por un tornado que azotó La Habana, en el municipio de Regla, en la capital de Cuba. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

Las imágenes y relatos publicados en las redes sirvieron de base para los reportes de algunos medios internacionales de prensa, inclusive no pocos fueron recogidos por el estatal diario cubano Juventud Rebelde. La primera cifra de pérdidas fue publicada al amanecer del 28 de enero por el presidente Miguel Díaz Canel, en su cuenta oficial en Twitter.

En los primeros días hubo incomprensión de algunas autoridades que obstaculizaron, en vez de facilitar, el ingreso a las áreas impactadas, a grupos interesados en entregar su ayuda directamente, pero pronto las tensiones dieron paso a la mutua colaboración. A su vez, las redes contribuyen a orientar y coordinar mejor la cooperación ciudadana.

«La movilización masiva que hemos visto por estos días demuestra que el pueblo cubano tiene una fuerte capacidad para organizarse, si así se quiere, y que la vocación solidaria está bien arraigada en el día a día de la sociedad», comentó Taylor Torres, activista por un mayor acceso y uso de Internet en Cuba.

En su opinión, no se puede negar en este fenómeno social el «papel fundamental de la Internet y el alto poder de convocatoria que logran tener las redes sociales». «Nuestra lista de damnificados ha dado la vuelta al mundo y la hemos compartido muchas veces a solicitud de varias personas», señaló a IPS.

Jesús Muñoz, activista de la Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades, resaltó a IPS la rapidez y organización de las personas para detectar cómo actuar: primero apoyar en la recogida de escombros y limpieza, luego proveer de agua y alimentos, hasta llegar a la recaudación de fondos para apoyar futuros procesos.

«Ha sido una experiencia dolorosa observar la destrucción, pero a su vez resulta reconfortante ver tanta solidaridad, tanta ayuda y, en mi caso personal, me entusiasma percibir tantas personas jóvenes en los lugares que más lo necesitan», agregó Muñoz, quien no duda del humanismo que mueve a la mayoría de quienes acudieron a las áreas devastadas.

Rafael Hernández, director de la revista teórica Temas, posteó en Facebock que esta experiencia ciudadana dejó, entre otras lecciones, la capacidad subutilizada de la sociedad civil para actuar en línea con los problemas del país, movilizando y aportando sus recursos, sin esperar orientaciones, con eficacia y prontitud, en coordinación con instituciones locales.

El tornado tomó por sorpresa no solo a los residentes en las zonas impactadas, sino también al Gobierno, que dispone de un articulado Sistema de Defensa Civil ante riesgos de desastres, que se activa ante la proximidad de un ciclón tropical como los que con frecuencia azotan Cuba entre junio y noviembre.

Probado fundamentalmente en ocasión de huracanes intensos, el sistema incluye una fase de alerta temprana, la evacuación de todas las personas en riesgo, la protección de recursos económicos con énfasis en los alimentos y el inicio inmediato de la fase recuperativa tras el desastre.

A esta etapa se sumaron jóvenes de la Asociación Hermanos Saiz, que agrupa a artistas menores de 30 años, entre otras personas, en las labores de limpieza de miles de toneladas de escombros asumido por brigadas estatales. Trabajadores de ocho provincias de la Empresa estatal de Electricidad se unieron a los capitalinos para restablecer el servicio.

Jóvenes soldados de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba realizan tareas de limpieza en uno de los barrios de La Habana, que fueron azotados la noche del 27 de enero por un tornado de especial intensidad. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

Unos 1.200 empleados de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba de diferentes provincias se afanaban aún varios días después en el restablecimiento de las comunicaciones telefónicas en tres de los cinco municipios más afectados: Diez de Octubre, Regla y Guanabacoa.

Entre los 15 municipios que engloban la capital cubana, también sufrieron el impacto San Miguel del Padrón y Habana del Este.

El tornado se formó en un punto cercano a Diez de Octubre, en el oeste de la urbe habanera, y se desplazó a una velocidad de 46 kilómetros por hora por los demás municipios, hasta salir al mar, ya debilitado, por Celimar, en Habana del Este.

La recuperación se prevé más compleja en el sector habitacional, que ya arrastra un déficit de algo más de 200.000 viviendas, según datos de 2017, en esta capital de 2,2 millones de habitantes. Los estragos causados por el fenómeno atmosférico incluyen 3.780 unidades residenciales dañadas, de ellas 372 por derrumbes totales y 518 parciales.

Unas 500 edificaciones perdieron sus techos y 1.080 sufrieron daños de diverso tipo. Este fin de semana comenzó la construcción de nuevas viviendas en distintos puntos de la zona del desastre. Para la reconstrucción, el Gobierno dispuso la venta de materiales a precios rebajados, mediantes créditos o subsidios, según el caso.

Este país insular caribeño dispone de un fondo habitacional de algo más de 3,8 millones de viviendas, el 39 por ciento de estas se encuentra en condiciones malas y regulares. Informes oficiales divulgados en noviembre del pasado año agregan que existe un déficit de 929. 695 viviendas. De ese faltante hay que construir, nuevas, unas 527.000 y rehabilitar 402.000.

Las autoridades esperan remediar esa situación mediante una estrategia de construcción basada en el fortalecimiento de las capacidades locales de producción de materiales y el estímulo a la construcción «por esfuerzo propio» de los usuarios.

Los economistas consideran de difícil cumplimiento la aspiración de revertir el crónico déficit habitacional en un plazo de 10 años.

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