Tres pequeños que “triunfan” en medio del desastre económico

La historia y lucha de tres pequeños empresarios nicaragüenses.

Microempresarios de Managua, Masaya y Catarina relatan cómo han logrado sortear la crisis económica en Nicaragua

Por Iván Olivares (Confidencial)

HAVANA TIMES – Agobiadas por una crisis económica que ya dura cuatro años, las pequeñas empresas nicaragüenses hacen malabares para mantener su presencia en el mercado y dejar de despedir personal para lograr que sus cuentas cuadren, mientras son víctimas de extorsión por parte del régimen de Daniel Ortega,  que busca recaudar más recursos a cualquier costo. Sin embargo, hay algunas empresas con éxito que se ubican como excepciones.

Hansell Maltez, dueño de un taller en el que se reparan motos y se venden repuestos, en Managua; Sofía Guerrero, que desde Catarina vende muebles y plantas ornamentales por todo el país, y Azalia García, que sigue adelante –y creciendo– con su venta de carbón, leña, huevos, kerosene y lotería en Masaya, son tres pequeños empresarios que han mantenido el fuelle, a pesar de la crisis.

Los tres microempresarios dirigen empresas sólidas que producen no solamente ganancias para pagar salarios, sino también para seguir creciendo.

Motorrepuestos Emanuel

Hace un año, Hansell Maltez administraba un negocio boyante, en el que combinaba su taller de reparación de motos con la venta de repuestos para ese mismo tipo de vehículos, y confesaba que aparcaba temporalmente los planes de importar sus propios repuestos, por prudencia.

A lo que no le puso freno, fue a la idea de importar llantas usadas para las motos de sus clientes. Entrevistado un año después, refiere que “tenía un proyecto para traer llantas usadas. Le echamos ganas, y lo pudimos hacer con el apoyo de Fundeser”.

Recuerda que, como parte del proceso, “hicimos cálculos, números, analizamos el mercado, y vimos que nadie estaba trayendo llantas usadas para motos”, así que localizó un proveedor en Europa, y viajó a España para reunirse con él.

Hansell Maltez, dueño de un taller en el que se reparan motos y se venden repuestos, en Managua. // Foto: Archivo | Confidencial

El resultado es que “me trajo un contenedor con 5000 llantas usadas para motos, de las marcas Dunlop, Pirelli, Michelin, Bridgestone y Metzeler, que estamos vendiendo por Facebook, y presencialmente en el taller”, explicó.

A modo de ejemplo, mencionó que una llanta nueva de la marca Michelin para una moto mensajera, (de las más sencillas), cuesta 3000 córdobas, mientras que él vende en 1300 córdobas, las llantas usadas de la misma marca, (con 90% de vida útil).

“El mercado nos ha recibido muy bien; aunque detecto que muchos clientes no conocen de esto”, relata. En todo caso, percibe que “el boca a boca ha sido clave para crecer”. Y eso que el precio de los repuestos que vende ha tenido un incremento de 40% y hasta más, por el alza en el costo del transporte marítimo.

“Antes de a crisis [logística global] un flete desde Europa costaba 8000 euros. Ahora cuesta 11 000, supuestamente por el aumento del precio del combustible, la logística, la falta de contenedores”, detalló sin olvidar que “el precio del aceite para moto sube mes a mes, pero creo que es por la voracidad de las empresas locales”, opinó.

Su esfuerzo le ha permitido mantener operando sus dos locales en Managua. Narra que a veces, el local principal se queda pequeño para atender una veintena o más de clientes por día, que llevan sus motos a reparar, sea que busquen algo tan completo como un overhaul, o tan sencillo como una revisión de fricciones, un cambio de aceite, o un mantenimiento periódico.

Eso significa que, técnicamente, su negocio no ha crecido ‘a pesar de la crisis’, sino gracias a la crisis, que ha obligado a muchos a desechar el sueño de comprar un carro, y sustituirlo por el de adquirir una moto, mientras otros ven en ese tipo de vehículo, una opción para buscar la vida y burlar el desempleo.

Los planes para este mismo año le colocan en Europa nuevamente para finales de septiembre, buscando cómo ampliar el negocio de llantas usadas y, en uno o dos años, dejar de comprar repuestos a un proveedor local, y pasar a importarlos él mismo.

Que los hijos vendan las plantas

Sofía Guerrero, vende muebles y plantas ornamentales desde Catarina hacia toda Nicaragua. // Foto: Archivo | Confidencial

Cuando Sofía Guerrero (58 años) era una niña de seis, se levantaba a la una de la mañana para viajar con su madre desde Catarina a Chinandega, hasta donde iban a vender plantas. Cinco décadas después, doña Sofía envía a sus propias hijas a vender plantas (y muebles, y artesanías) a distancias aún mayores.

La diferencia es que van en el camión que ella pudo comprar con las ganancias del negocio, y los préstamos de la Financiera FDL, que le ofrece crédito de trabajo, y créditos para mejora del hogar.

“El negocio continúa, pero de la mano de mi hija, que se hace cargo de los viajes más largos para que yo no me canse demasiado. Lo que hago es administrarlo desde mi casa: veo cómo van las ventas, y cómo hacemos para que crezca. Solo la acompaño cuando vamos a Managua a hacer gestiones”, explicó.

La suya es una empresa verdaderamente familiar, en la que están involucrados sus hijos, incluyendo el que se acaba de graduar en cuidados críticos, y la esposa de él, que es ginecobstetra. Ambos venden muebles en línea, “y no se friegan tanto como antes, cuando yo iba con el canasto. Ahora, ellos lo hacen por Facebook”, dice comparando las épocas.

Si en el canasto que de niña ella llevaba a Chinandega solamente podía acomodar unas cuantas plantas, su hija también lleva muebles, artesanías, frutas… “de todo un poco para ajustar el gasto en combustible, el mantenimiento del camión, la comida”.

Al regreso traen coco germinado, pescado y camarones, desde Bilwi; cuajada y queso, de Juigalpa; maíz o chilotes de Jalapa; coco seco, del Rama, etc., para venderlos en el Pacífico. “Siempre buscamos cómo aumentar lo que se lleva o se trae”, para que cuadren los números, explica.

La meta a mediano plazo es ahorrar dinero para juntarlo con lo que le den por la venta del camión actual, para comprar otro. “Quiero sustituirlo con uno del año”, dijo, y seguir con el plan de expandir su negocio de alquiler de viviendas, lo que incluye construir otra casa para aumentar la disponibilidad de espacios en renta.

Leña, carbón, lotería, huevos, kerosene… ¿qué va a llevar?

Azalia García, vende carbón, leña, huevos, kerosene y lotería en Masaya. // Foto: Archivo | Confidencial

Vender leña, o carbón, no parece un negocio muy glamoroso, a menos que supieran el tamaño de la operación que Azalia García maneja en Masaya, en el que, fácilmente, puede tener existencias valoradas en 100 000 córdobas.

Hace un año, mientras esperaba el nacimiento de su hija, vendía leña, carbón, huevos (al por mayor, y al menudeo), lotería, y cobraba por cuidar las motos de quienes van al mercado que queda frente a su casa. Hoy, un año después, ella, su nuera y su hija, se turnan para cuidar a la pequeña Gabriela Alejandra, mientras manejan todas sus líneas de negocio.

Aunque en este momento el precio del carbón está alto (por causa del período lluvioso, un centenar de sacos se cotiza en 16 000 córdobas, cuando hasta hace unos meses costaba entre 10 000 a 11 000 córdobas. En comparación, en navidad llega a 20 000), las ventas se mantienen porque “la gente lo necesita para cocinar”, lo que en términos generales, también es válido para la venta de leña y el kerosene.

El siguiente ingreso por orden de importancia, es el de parqueo y cuido de motos, que se mantiene, aunque está un poco afectado por el plan policial de retirar las motos que están indocumentadas, aunque haber dado el salto a vendedor mayorista de Lotto, le permite emplear a su hijo mayor.

Explica que no han renunciado a vender huevos, porque al ser un alimento básico, se consume todo el tiempo. El problema es que no genera mucha ganancia: compra la cajilla en 120 córdobas, y la vende en 140, pero por eso mismo, la gente lo sigue comprando. 

Su ampliación más reciente fue posible gracias a otro préstamo que le autorizó la Financiera FDL, dinero con el que compró un freezer para vender productos de la marca Big Cola.

En estos tiempos en que “el dinero no rinde” y el cliente que antes llevaba 20 bolsas de carbón, ahora lleva solamente 15; o el que compraba 100 bolsas, ahora únicamente compra 80, el negocio se mantiene porque “seguimos luchando, madrugando, tratando bien al cliente, con carisma”, en lo que también es “un trabajo en conjunto con mi hija, mi hijo, mi nuera y mi esposo”, relata. Y, aunque en el último año tuvieron que prescindir de dos empleados para seguir a flote (el que empacaba carbón y el que cuidaba las motos), sigue con las metas de trabajar duro y aprovechar las oportunidades para continuar el negocio.

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