Trabajadores domésticos resultaron muy golpeados por la covid

Las luchas de las trabajadoras domésticas por sus derechos condujeron a un Convenio de la Organización Internacional del Trabajo que cumple 10 años y produjo algunos avances en leyes y condiciones de labor, aunque la pandemia covid-19 ha castigado a ese sector con el desempleo. Foto: OIT

Por IPS-Noticias

HAVANA TIMES– Una década después de adoptado el Convenio sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos, la pandemia covid-19 ha empeorado en muchos casos las condiciones laborales de los empleados en este sector, indicó un nuevo informe de la OIT conocido este martes 15.

La crisis “ha puesto de relieve la necesidad acuciante de formalizar el trabajo doméstico a fin de que quienes se dedican a ello accedan al trabajo decente”, expresó Guy Ryder, director general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Es necesario “comenzar por ampliar y aplicar la legislación laboral y de seguridad social de todas las personas que ejercen el trabajo doméstico”, dijo Ryder en la sede de la organización en esta ciudad suiza.

En el mundo hay 75,6 millones de personas empleadas en el trabajo doméstico (4,5 por ciento de los asalariados en todo el planeta), y de ellas 57,7 millones, 76,2 por ciento, son mujeres.

Una porción minoritaria están insertos en el sector formal de la economía, pero más de 60 millones se desempeñan en el sector informal.

En América, Europa y Asia central las mujeres son la mayoría de esta clase de trabajadores, pero la situación se invierte en los Estados árabes y en África del Norte, donde 63,4 por ciento son hombres, en tanto en Asia meridional 42,6 por ciento de los empleados domésticos son varones.

Las dos regiones con más trabajadores domésticos son Asia y el Pacífico, con 38,3 millones (gran parte de ellos en China), y América, con 17,6 millones.

Las trabajadoras domésticas ocupan un tercio del empleo femenino en los Estados árabes y 11,3 por ciento en América Latina y el Caribe, mientras que en Europa y Asia central son solo 1,6 por ciento de las mujeres empleadas, según el informe.

Hace 10 años, la adopción del Convenio 189 de la OIT fue aclamada como “un importantísimo avance para las decenas de millones de personas que realizan trabajo doméstico en el mundo”.

Desde entonces, la situación registró cierto avance, pues el número de trabajadoras y trabajadores domésticos completamente excluidos del ámbito de las leyes y reglamentos laborales se redujo en más de 16 puntos porcentuales.

Sin embargo, un buen número de ellos, 36 por ciento, sigue sin cobertura alguna de la legislación laboral, en particular en Asia y el Pacífico y los Estados Árabes, donde esos vacíos son mayores, se acuerdo con la OIT.

Ese panorama resultó agravado por la covid, pues en América Latina y el Caribe llevó a una pérdida de entre 25 y 50 por ciento de los empleos domésticos, e incluso en Perú alcanzó cotas de 70 por ciento.

En países como Canadá y Sudáfrica, y en Europa, las pérdidas de empleos domésticos asociadas a la pandemia estuvieron entre cinco y 20 por ciento.

En comparación con esas tasas altas, durante el mismo periodo la pérdida de empleo entre otros asalariados fue inferior a 15 por ciento en la mayoría de los países.

La covid simplemente hizo más frágiles sus condiciones de trabajo y más evidentes los déficits de protección laboral y de seguridad social preexistentes.

Incluso allí donde las leyes laborales y de seguridad social dan cobertura, la principal causa de exclusión e informalidad sigue siendo la falta de aplicación. Según el informe, solo una de cada cinco personas que realizan trabajo doméstico (18,8 por ciento) goza de cobertura de seguridad social efectiva en relación con el empleo.

El Convenio 189, además de dictar pautas para sostener condiciones de trabajo dignas y decentes en el ámbito doméstico, señala que los Estados deben asegurar que esos empleados disfruten de condiciones no menos favorables que las aplicables a los trabajadores en general con respecto a la seguridad social.

La OIT reconoció el papel de las organizaciones de trabajadoras y trabajadores domésticos, como la Federación Internacional de Trabajadores del Hogar que preside la sudafricana Myrtle Witbooi, así como de entidades empleadoras, en los avances logrados esta década.

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