Tiendas, bodegas y otros disparates…

Por Irina Echarry, photos: Caridad

The “bodega” store where Cubans buy their rationed basic products.
La bodega es la tienda donde los cubanos compran los productos racionados

HAVANA TIMES, l7 de oct. -Recorriendo sus calles se conoce una ciudad.  Hablando con su gente, descubriendo las grietas en el asfalto, observando sus comercios.

!Oh, los comercios de Cuba!
Tiendas y bodegas conforman parte de la red comercial del país.  Grandes o pequeños, situados en lugares céntricos o en sitios más apartados.  Lo que verdaderamente marca la diferencia son los productos que se venden y el públlico al que van dirigidos.

Las bodegas, esas en las que la Libreta de Abastecimiento juega un rol protagónico a la hora de hacer la compra, lucen una pobreza inimaginable para cualquier ciudadano de otro país, acostumbrado a mercados (grandes o pequeños, poco importa), que exhiben una oferta variada.

Claro que aquí también existen esos mercados.  La imagen de la Ciudad de la Habana cambió por completo cuando abrieron esos establecimientos.  Locales pintados y muy surtidos,  que se mantienen así  aunque la isla sea azotada por miles de huracanes.

Pero, para comprar en ellos,  la Libreta de Abastecimientos no cumple ninguna función.  Hay que llevar CUCs, la moneda libremente convertible (1CUC equivale a 25 pesos MN.).  La moneda que humilla a nuestro peso, la que no utilizan para pagar el trabajo de la gente que se levanta día a día a dar su aporte a la sociedad.

Pero está bien, qué vamos a hacer si hay dos monedas: una que se recibe por el trabajo y otra (que se adquiere por diferentes vías), que sirve para comprar los productos (necesarios).

Junto a eso ¿no puede haber otra opción para mejorar la vida a los trabajadores?  ¿tiene que reinar la mediocridad y el mal gusto como si en nuestras bodegas no tuviera cabida algo mejor?  ¿no pueden ofertarse algunos de los productos  que abundan en los mercados lindos a un precio más módico y, sobre todo, en moneda nacional?

Las tiendas reflejan una historia parecida.  Basta mirar las vidrieras para saber de qué moneda se trata.  A veces, las que venden para los humildes trabajadores que no reciben remesas familiares desde el exterior, o no tienen negocios que le reporten entradas de la otra moneda, la dura, tienen las vidrieras vacías.

Esas son las que se miran con más gusto, porque, en definitiva somos un país bloqueado (etc.).  Pero el mayor disparate es cuando esas vidrieras o establecimientos improvisados, ofertan artículos en desuso o en mal estado.

Fin de Siglo es una de las tiendas más famosas de la Habana, en ella han concentrado varios equipos inservibles, imagino que con la esperanza de que a alguien se le ocurra comprarlos para hacer un museo de  cosas desechables (no reciclables).

Plástico, goma y aluminio utilizados en un tiempo, pero que ahora, en el 2009 no cumplen ningún objetivo, son expuestos en un piso de la tienda.  ¿para llenar el espacio? ¿para hacer perder tiempo y dinero si a alguien se le ocurre que puede servirle para algo? ¿para faltarnos el respeto?

Quizá, simplemente es una forma de decorar el lugar.  Cuando nos adaptamos al mal gusto, todo luce bien.  Otras tiendecitas venden sombrillas rotas, zapatos que nadie va a comprar, o ropa que nadie va a usar por la mala calidad del diseño y la tela.  Es eso lo que encontramos en moneda nacional.

¿No sería mejor balancear, lograr un equilibrio entre los dos mercados?  Nuestro pueblo merece mucho más que el mal gusto o la miseria.  Habría que dedicarle tiempo y deseos al asunto.  Ah, y un poco de imaginación.



Un comentario sobre “Tiendas, bodegas y otros disparates…

  • coño vale y uno se queja de VENEZUELA pobre gente ahi Dios mio por dios

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El Cake, Granma, Cuba. Por Sandra Gayle (Canadá). Cámera: IPOD 8

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