Temen la contaminación por el incendio de Matanzas, Cuba

“Ya los animales no se quieren comer la hierba”, lamentaba un residente del municipio de San Adrián, Mayabeque

Por 14ymedio

HAVANA TIMES – Luis Mario tiene 22 años y se dedica a cuidar palomas en la barriada de Bacuranao, una zona en La Habana del Este donde desde el pasado domingo ha llovido en varias ocasiones un agua oscura que afecta a plantas y animales. “He tenido que guardar las palomas y no dejarlas volar porque el lunes regresaron con manchas de una sustancia pegajosa en las alas”, comenta a 14ymedio.

“Los animales están muy nerviosos y solo les estamos dando el agua que ya teníamos recogida antes de que comenzara el incendio, porque tenemos miedo de que vayan a enfermarse”, advierte. Los vecinos de esa zona del litoral norte lamentan que no hayan recibido más información oficial de “cómo actuar ante lo que está cayendo del cielo”.

“La doctora de la familia vino preguntando si alguien tenía fiebre por el dengue, pero cuando le cuestionamos si había riesgo para la salud con estas nubes y esta lluvia oscuras, nos dijo que el Citma [Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente] ya había asegurado que no ofrecían peligro, pero mi garganta me dice otra cosa y mis palomas también”.

En la otra dirección, hacia el oeste, los residentes en las cercanías del puerto de Mariel también están preocupados. “Estamos ahora mismo bajo unos nublados muy raros y desde la mañana hay un olor fuerte a combustible en el aire. No he dejado que los niños salgan a jugar al patio porque no sé si esto puede enfermarlos”, comenta vía telefónica a este diario Belinda Ruiz, residente en la zona urbana de Mariel.

“Como esto es un puerto industrial es normal que de vez en cuando haya olores de este tipo, pero nunca los había sentido tan fuerte y la irritación en los ojos es muy molesta”, detalla. “La gente está guardada en su casa y evita salir pero las colas no escampan. Ayer mismo me cayó tremendo aguacero encima mientras estaba esperando para comprar pan. Me puse una blusa de mangas largas pero tuve que salir”.

“Ya los animales no se quieren comer la hierba”, lamentaba, por su parte, un vecino del municipio de San Adrián, Mayabeque, justo en el limite con la provincia de Matanzas, donde arden desde el viernes los gigantescos depósitos de combustible de la Base de Supertanqueros.

En un video que hizo desde su casa en Matanzas, el cineasta Miriel Santana explica que el lunes cayó un aguacero que tiznó la tierra y los pozos. “No tenemos donde darle agua a los animales, los ríos están contaminados de negro”, al igual que la ropa tendida.

El mismo lunes, el periódico Girón publicó una crónica que detalla cómo la lluvia que cae desde el fin de semana “no reverdece los campos” a consecuencia del descomunal incendio.

En esa nota, el diario provincial recoge el testimonio de un campesino del fértil valle del Yumurí, Diosdado Vera, quien declaró que no le da agua a sus animales por miedo a que se intoxiquen y se mueran.

A la ropa ensuciada con la lluvia ácida, lamenta la hija del mismo guajiro en en ese reportaje, “no se le quitan las manchas”.

Apenas al día siguiente del inicio del siniestro, a consecuencia del impacto de un rayo según la versión oficial, la propia ministra de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, Elba Rosa Pérez Montoya, advirtió de la existencia de una nube de contaminación con partículas que contenían sustancias como dióxido de azufre, óxido de nitrógeno y monóxido de carbono, altamente dañinos para el medio ambiente.

Habitantes no solamente de Matanzas, sino de Mayabeque e incluso La Habana, atestiguaron las huellas de la lluvia negra durante el fin de semana y el lunes.

Aunque han recomendado mantener en la calle las mascarillas y poner a resguardo a las “personas vulnerables”, tanto las autoridades como los médicos preguntados por este diario aseguran que no ha habido un aumento de patologías respiratorias.

En cualquier caso, la prensa oficialista reconoce que el riesgo de lluvia ácida persistirá mientras no se extingan del todo las llamas.

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